FICHA TÉCNICA



Título obra Nueve para Hamlet

Dirección S. Surio

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nueve para Hamlet, en el Teatro Xola”, en El Heraldo de México, 23 junio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   23 de junio de 1966

Columna Escenarios

Nueve para Hamlet, en el Teatro Xola

Armando de Maria y Campos

No, lector, el cronista no se va a referir a los antecedentes de Hamlet, producción insospechada y repentina que el poeta produce en un momento determinado de su vida y que la coloca fuera de todas las posibilidades humanas de su bibliografía; no hay ya nada sobre Shakespeare que decir. Hay quien afirma que Hamlet está loco, que no está loco, que sufre el complejo de Edipo agudo, loco que sufre una pasión carnal por Ofelia, que sintió por Horario una pasión inconfesable, que la reina es el retrato de María Estuardo; cualquier fantasía sobre Hamlet es delirante. Lo cierto es que sobre la tragedia de Ham­let se tejen y destejen hipótesis a cual más absurdas. Ahora se nos presenta desdoblando su personalidad psíquica hasta la formación de dos personalidades físicas. La tragedia de Hamlet es de todos los tiempos. Los ingleses ya la representaron en traje de etiqueta. El teatro es siempre un experimento y con mayor razón al tratarse de una obra en la que se han intentado y recorrido todos los caminos.

Ahora el cronista soporta, éste es el término justo, una nueva adaptación sobre esta leyenda que Shakespeare tomó de un viejo re­lato de la tradición de Dinamarca. La adaptación consiste en desdoblar a Hamlet en él mismo y en su conciencia. Uno dice una parte y la conciencia dice la otra. Estamos en la época en que se intenta todo y es preciso aceptar un Hamlet rojo y un Hamlet negro, todos ellos vestidos como si se tratara de un ensayo general, a la reina vestida con pantalones y a la romántica Ofelia igual. Hay cierta confusión en este desdoblar una personalidad psíquica hasta la formación de dos personalidades físicas ¿Cómo puede ser prueba de la impureza de Ofelia, por ejemplo, las canciones soeces que canta en su locura, si es sabido de todos que las personas más rectas cuando se les hunde el cerebro suelen referirse muchas más veces que las licenciosas a esas tentaciones de la carne contra las que toda su vida han sabido defenderse? Pero el adaptador, S. Surio no ha tenido escrúpulo para hacer lo mismo que Shakespeare hizo en su tiempo, adaptar, rehacer, y a la postre dar una obra que los siglos han considerado como genial, puesto que aguanta toda clase de adaptaciones. Y es que hay pasiones que son eternas.

La interpretación está de acuerdo con la época. Para los tradi­cionalistas respetuosos les parece absurdo que la reina aparezca en pantalones, lo mismo que la romántica Ofelia. Todo da la impresión de un ensayo general en el que para nada se ha tomado en cuenta la calidad y el buen gusto del público. Esto es lo de menos. Lo importante es que los jóvenes actores no saben hablar. Dicen sus parlamentos sin puntuación, sin entonación, sin claridad, olvidando que el teatro, es, sobre todo verbo. El autor escribe para que oigan lo que escribe. Si esto no ocurre, la labor del autor queda frustrada. Todo es­to hay que decirlo con la esperanza de que se corrija. Además, algunos actores actúan en ritmo de ballet, y no creemos que ésta haya si­do la idea del genial adaptador de los legendarios relatos de Dinamarca. El cronista se limita a relatar lo que ve y a dejar que el teatro siga su marcha.