FICHA TÉCNICA



Título obra Los cuernitos

Autoría Louis Verneuil y Georges Berr

Notas de autoría Eleazar Canale / traducción y adaptación

Dirección Julián Duprez

Elenco Óscar Ortiz de Pinedo, Miguel Córcega, Leopoldo Ortín, Javier López Chabelo, Mary Esquivel, Gina Romand, Lupe Andrade

Espacios teatrales Teatro Veintinueve de diciembre

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los cuernitos, de Verneuil-Berr, en el Teatro Veintinueve de diciembre”, en El Heraldo de México, 20 junio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   20 de junio de 1966

Columna Escenarios

Los cuernitos, de Verneuil-Berr, en el Teatro Veintinueve de diciembre

Armando de Maria y Campos

Algún colega ha afirmado que en México sólo Nadia Haro Oliva ha logrado dar viveza y brillantez a algunas comedias de Verneuil. Esto equivale a decir, o tal vez a dar a entender, que antes de Nadia nadie en México había interpretado con acierto este difícil género francés de exportación que culminó con las obras de Georges Feydeau, y que después continuaron casi hasta nuestros días un verdadero ejército de autores franceses, húngaros y alemanes. La verdad es que entre los quince y los veinte de este siglo cruzó por nuestros escenarios una estupenda actriz de este género que se llamó Amparo de la Garza. Una línea de silencio en esta crónica en su memoria.

De algún tiempo a esta parte los productores o empresarios de teatro que buscan de preferencia el éxito de taquilla convierten en vodeviles la primera comedia que cae en sus manos. Y hubo años en que un traductor mexicano, don Eleazar Canale, tuviera varios vodeviles en cartelera a un mismo tiempo.

En el teatro Veintinueve de Diciembre precisamente don Eleazar puso en manos de directores hábiles en estas transformaciones, un vodevil de Verneuil y Berr; poco conocida comedia a que se le ha querido dar un franco aire, casi ventarrón, de vodevil, poniéndole por título Los cuernitos, que se queda en un simple enredo de adulterios no consumados, de amantes, de novios y de todo aquello que pueda provocar la risa de un público conformista. Nosotros no decimos otra cosa que algún público tiene el teatro que merece, aunque dudamos que el que logre atraer esta comedia sea en cantidad.

La interpretación descansa en el actor caricato Óscar Ortiz de Pinedo, que parece un poco aburrido ya de hacerle al fantoche en escena, y se revela más respetuoso del personaje. Para incluir en el grupo masculino a otra figura se aprovechó la excelente calidad de actor de Miguel Córcega en un personaje que a pesar de sus esfuerzos no alcanza relieve. El cómico Leopoldo Ortín no se atreve a salir del marco y con esto revela que en él hay también un actor serio muy capaz; en cambio Chabelo, salido de la televisión o de los infiernos teatrales si los hay, realiza un personaje absurdo a todas luces, aún las de los ángeles.

Para el vodevil es indispensable la mujer atractiva, sensual, inspiradora del pecado prohibido y dueña de extraordinaria agilidad escénica. De todo esto carece Mary Esquivel, que en ningún momento la vemos como actriz de vodevil. También interviene la hermosa Gina Romand, en un personajillo que ni le quita ni le da nada más de lo que en ella es característico.

Pasa como un meteoro la hermosa Lupe Andrade y el telón cae para dejar detrás de él una mediocre comedia medianamente dirigida por Julián Duprez.