FICHA TÉCNICA



Título obra 2 más 8 en pop

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Pixie Hopkin

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Armando de Maria y Campos, “2 más 8 en pop, en el Teatro Jesús Urueta”, en El Heraldo de México, 17 junio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   17 de junio de 1966

Columna Escenarios

2 más 8 en pop, en el Teatro Jesús Urueta

Armando de Maria y Campos

Se busca afanosamente, casi con histeria, entre rusos y norteamericanos, llegar cuanto antes a la luna. Y nadie se preocupa del sol. Se dice, y es verdad que no hay nada nuevo bajo el sol; porque la historia, cansada de crear, se repite.

Ahora causa pasmo entre algún sector de la juventud "que no sabe lo que quiere, ni en dónde está, ni a dónde ir", un espectáculo que se presentará y probablemente seguirá presentándose en el teatro Jesús Urueta, 2 + 8 en pop, como lo más nuevo, fiel reflejo del sector juvenil ya citado. Pues bien, este espectáculo se conoce desde hace más de un siglo por "conjunto ex­céntrico", por las excentricidades que comete en el escenario con la ayuda y aún con la colaboración de un público que le es adicto. Para que no crea que hablamos a ojo de buen cubero le diremos al lector que excentricidad, según la Academia de la Lengua Española es rareza o extravagancia de carácter, dicho o hecho raro, o anormal o extravagante. Un excéntrico es aquel que está fuera del centro o que tiene un centro diferente. No otra cosa es 2 + 8 en pop. Pero el público aúlla cuando un cuarteto de cuerdas, o un baterista, o un guitarrista o un pianista se sale de su centro. Es un espectáculo lo más sencillo que el lector pueda imaginar. Simple desfile de canciones por los "cinco a priori", que son dos violines, una viola, un cello y un tumbas. No falta la batería, ni la guitarra. Estos cinco cantan arreglos de canciones, y le dicen al público chistes improvisa­dos, aunque sujetos a un guión, que es como una lucecilla que los guía en la oscuridad. Con los "cinco a priori" alterna y actúa una joven cantante de origen inglés, de indudable personalidad, y que al parecer tiene experiencia en centros nocturnos de diversas partes del mundo. Habla e improvisa y canta, con ayuda del micrófono, arreglos de canciones inglesas mezclando el nombre de Shakespeare, el de Coward, con compositores mexicanos que comienzan a brillar. La segunda parte del programa lo cubre en su mayoría Pixie Hopkin.

La joven se llama Pixie Hopkin y tiene ése "algo" que la hace diferente a tantas crooners como por el mundo farandulero andan. A ve­ces canta con una ternura que real­mente conmueve, otras se abandona a la rampa de la excentricidad.

El programa tiene un desarrollo en el que se cuida que el orden esté desordenado; un pequeño caos; en realidad es un concierto por varios excéntricos que el sol de los tiempos conoce de memoria.

Se dan créditos a una escenografía desorbitada, a una iluminación normal y todo está dirigido por el joven Juan José Gurrola; que dirige como le da la gana y permite que sus excéntricos hagan lo propio. Para los "nuevos", casi todo es nuevo; para los que sentimos que el sol aún quema nuestras bardas nos produce una sonrisa de comprensión y una respuesta a la pregunta asentada arriba: en efecto, la juventud de ahora, la nuestra y la de otras partes, no sabe lo que quiere, no sabe dónde está y, naturalmente no sabe dónde ir...