FICHA TÉCNICA



Título obra El diablo y el buen Dios

Autoría Jean Paul Sartre

Dirección Jebert Darien

Elenco Jebert Darien, Graciela Orozco

Espacios teatrales Teatro Antonio Caso

Referencia Armando de Maria y Campos, “El diablo y el buen Dios”, en El Heraldo de México, 8 junio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   8 de junio de 1966

Columna Escenarios

El diablo y el buen Dios

Armando de Maria y Campos

Al teatro en México le pasa lo que al enfermo, que no encuentra postura cómoda. Esto se ve claro en los diversos espectáculos de la metrópoli, diversos entre sí, algunos con éxito y otros viéndose obligados a trabajar ante escasos espectadores. Se le echa la culpa a una censura que no existe oficialmente, a los precios tope, al pago de ensayos extras, a los contratos con un mínimo de quince días. Lo cierto es que, como el enfermo, el teatro metropolitano no encuentra postura cómoda.

Ahora se recurre a teatros en sitios lejanos entre sí, bien construidos, y a los que no sabe cómo habitar. Y se recurre a extremos desorientadores.

Se acaba de estrenar un nuevo teatro en la Unidad de Tlatelolco. Su nombre oficial es el de Teatro del Club Antonio Caso, y para evadir el precio tope y el control del Departamento Central se asignan cuotas de cooperación, con lo cual cunde el desconcierto.

Para inaugurar este teatro el veterano actor Jebert Darien eligió una de las piezas más discutidas de Jean Paul Sartre, la titulada El diablo y el buen Dios, con la que este discutido filósofo producto de la Segunda Guerra Mundial culminó su obra de teatro, sin verla representar en coliseo de importancia. Para darle ambiente a esta representación, Darien y sus colaboradores inventaron una serie de galimatías, que no son necesarias. Nunca estuvo cerca del famoso premio Nobel; simplemente Sartre retiró su problemática candidatura, y así por el estilo.

Para presentarla escogió Darien un sistema simple en cuanto al vestuario. Vistió a todos los personajes de negro y los hizo actuar en forma geométrica. Nada tiene que ver si el buen Dios es el diablo o el diablo es el buen Dios, teoría que sustenta Sartre en esta obra, con el sistema de actuar de luto y en forma matemática. El buen público acepta todo esto, porque padecemos una crisis de cultura teatral. En términos generales el espectador acepta como bueno lo que le dicen que es bueno. Abundan los ejemplos recientes, que no precisa citar.

En la representación de la obra de Sartre intervienen veinticinco personajes, Darien inclusive, todos vestidos de negro y actuando en forma desorbitada sin matiz posible. ¿Cómo el cronista puede destacar de un conjunto amorfo la calidad o el talento de quienes está el futuro del teatro en México?. Sin embargo, se revela como actriz de posibilidades la señorita Graciela Orozco.

El cronista es testigo del teatro de su tiempo, debe dejar constancia de lo que ve, y cree que hay que poner un poco de orden en el ordenado desorden en que se desarrolla el teatro en México. Por ahora no sabemos qué rumbos tomará, pero conviene que el cronista de su tiempo dé la señal de alerta.