FICHA TÉCNICA



Título obra Cruce de caminos

Autoría Diódoro Romero Caballero

Notas Comentarios sobre los autores dramáticos de Puebla y sus temas, con motivo de la obra teatral Cruce de caminos de Diódoro Romero Caballero

Referencia Armando de Maria y Campos, “La afición de los poblanos a escribir para la escena. De Gomez Haro, Neve y Sánchez Santos a Romero Caballero. La obra Cruce de caminos”, en Novedades, 31 enero 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La afición de los poblanos a escribir para la escena. De Gomez Haro, Neve y Sánchez Santos a Romero Caballero. La obra Cruce de caminos

Armando de Maria y Campos

La afición de los poblanos a escribir para la escena data de hace muchos años, y no decae un momento. Tengo para mí que ningún otro estado de la República, y aún más lejos, ningún departamento del virreinato español, ha dado a las letras mexicanas tantos autores dramáticos como Puebla de los Ángeles. Se podría asegurar sin mucha hipérbole que en cada poblano alienta un autor dramático, y que son muchos los que escriben teatro en la intimidad, que no llega a representarse, ni menos alcanza la perdurabilidad de la imprenta.

El caso más reciente de autor dramático, y magnífico por cierto, que escribe teatro y lo guarda, es el de don Eduardo San Martín, de quien conozco tres obras excelentes, que los poblanos no debían permitir continuaran inéditas. Otros autores contemporáneos, Salvador Fidel Ibarra y Diódoro Romero Caballero, no se conforman con escribir; periódicamente llevan sus obras a escena, con lo que se someten a la prueba de fuego de verlas representar apartando el juicio público, tan benéfico y necesario para todo autor dramático. Así se explica el caso Romero Caballero, autor por vocación, que mejora su técnica obra a obra, principalmente porque la experiencia de verlas representar le permite corregir yerros de novato, enmendar fallas, hallar, en fin, el secreto de llegar al público. Acabo de leer su más reciente comedia, Cruce de caminos, y es palpable el dominio que ya alcanza en el manejo de los personajes, en la soltura del diálogo y en la trabazón de las escenas, el afortunado autor de Tierra de neblinas y Casa de perfección, sus producciones anteriores.

Romero Caballero continúa la tradición iniciada por Jacinto de la Mora, el primer autor poblano de que se tiene noticia, de hacer teatro local, es decir, teatro de Puebla, no porque se escriba en tierra angelopolitana y por una pluma de oriundez poblana, sino por sus temas, ambientes y personajes. Ningún poblano ignora que la pieza de Mora –estrenada el 3 de enero de 1795– trata de sus amores con la que después fue su esposa, doña Ana de Salazar. No son poblanos propiamente los dramas Gasparo el gondolero, Isolina de Belmont, Don Fradique, Gran maestre de Santiago o El caballero negro de Mariano Dávila, que se representaban hace ahora un siglo. Sí lo son, en cambio, todas las producciones de Marino Sánchez Santos: El 2 de abril o La estampa del diablo, El porvenir del llanto, Dardos y flores, Los mártires del pecado, La perdición de la mujer, La pluma de oro, La perla del Nayarit, La tumba de flores, La bohemia y El periquillo sarniento, arreglo de la novela de Fernández de Lizardi. Todas estas obras, interpretadas en su mayoría por actores poblanos, fueron estrenadas entre 1870 y 1888.

También de asuntos poblanos y con personajes locales son casi todas las obras de Francisco Neve, que es, con Dávila, el autor más fecundo entre los poblanos del siglo anterior, tanto como Eduardo Gómez Haro. De Neve son Soledad, El indio, Virginia, Los insurgentes, y, sobre todo, La llorona, que es seguramente, la pieza de teatro de un mexicano que más se ha representado en América, más allá del Bravo, más abajo del Suchiate, La llorona es tan popular en Centroamérica como Francisca de Foix, Morir vengado, La sombra del rey don Pedro, El Trío Cacho o un Fandango Nacional en el Barrio de la Palma, La querida del rey, Tormentos de una madre, Gloria y amor, Enrique el plebeyo o La nieta de Pedro el Grande, todas producto del ingenio inagotable de Mariano Dávila, gran autor poblano, cientos de veces representado, y al que injusta e inexplicablemente ignoran hasta ahora los historiadores de nuestro teatro, tal vez porque Dávila tiene para ellos un defecto: el "poblanismo" de su teatro.

También muy poblano en sus temas, como Romero Caballero, San Martín o Ibarra, fue Eduardo Gómez Haro, y si en algunas de sus obras recurrió a temas ajenos a Puebla, nunca dejaron de ser bien mexicanos. Basta una simple enumeración de títulos para probar nuestra razón El Cristo de bronce, La redención en la muerte, Los azahares de la boda, Puebla o el 5 de mayo, Celosa, Orfandad, Siluetas poblanas, La campana de Dolores, La corregidora de Querétaro, El sitio de Cuautla, Leona Vicario, El abrazo de Acatempan, y Entre la vida y la muerte. Por cierto que don Eduardo solía afirmar que don Benito Pérez Galdós había aprovechado el argumento de esta última para una de sus obras de teatro...

Romero Caballero lleva a sus obras escenarios y caracteres poblanos. Tierra de neblinas es Teziutlá, en tanto que Casa de perfección es el convento de Santa Mónica, Cruce de caminos es... ¡la Universidad de Puebla! y el hogar de un estudiante universitario. La acción de los actos primero y tercero se desarrolla nada menos que en el vestíbulo de la Universidad; la del segundo en un hogar de la clase media poblana, naturalmente de estudiantes universitarios. La vida universitaria está fielmente interpretada, y no menos aciertos de ambiente y carácter luce el acto segundo, en "la casa estudiante". Romero Caballero, que se hizo abogado en la Universidad y ahora es catedrático en ella, conoce a maravilla el ambiente y ha sabido llevarlo fielmente a su nueva comedia Cruce de caminos, que no es otra cosa que una universidad de cualquier parte del mundo. Amores y estudios, aventuras y sufrimientos, aprobados y suspensos, y, al final, la vida, todos los caminos de la vida. Esto y nada más es la nueva comedia poblana que ha escrito un inteligente autor poblano. Romero Caballero encontró los primeros materiales humanos para su comedia en un "corrido" poblano y anónimo:

La muchacha que no ha sido
la novia de un estudiante,
no sabe lo que es canela
ni ha probado el chocolate...

Y sin más tema que la vida estudiantil, tema viejo y siempre joven, muchas veces llevado al teatro, ha compuesto una bella comedia que enlaza con la rancia tradición de teatro poblano que hicieron Mora, Dávila, Neve, Sánchez Santos, Gómez Haro, y no dejarán que se pierda, estoy seguro, este Diódoro Romero Caballero, Eduardo San Martín y Salvador Fidel Ibarra.