FICHA TÉCNICA



Título obra Yo también hablo de la rosa

Autoría Emilio Carballido

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Socorro Avelar, Angelina Peláez, José Alonso, Felio Eliel, Mario Casillas, Sergio Jiménez, Juan Ángel Martínez, Socorro Merlín, Héctor Martínez, Jesús López Florencio, Sonia Montero, Ernesto Cruz, Liza Willert, Luz María Hidalgo, Enrique Campos, Carlos Gaona, José Mata

Notas de elenco Miguel Ángel Palmeros, Antonio Quiroz, Isabel Hernández Rafael Vázquez / coro de danza

Escenografía Guillermo Barclay

Coreografía Guillermina Bravo

Música Rafael Elizondo

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Armando de Maria y Campos, “Yo hablo de las rosas, de Emilio Carballido, en el Jiménez Rueda”, en El Heraldo de México, 1 junio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   1 de junio de 1966

Columna Escenarios

Yo hablo de las rosas, de Emilio Carballido, en el Jiménez Rueda

Armando de Maria y Campos

Yo también deseo hablar de la rosa. Hablar de la rosa. Hablar de la rosa es un tema que viene en la literatura mexicana, de muy lejos. La primera que habló de la rosa y la llamó "Amago de la humana arquitectura" fue nuestra Sor Juana Inés de la Cruz. Otro gran poeta de su tiempo, de nuestro tiempo, Xavier Villaurrutia dijo: "Pero mi rosa no es la rosa fría".¿Quién no tiene una rosa a flor de labios? Por eso todos deseamos hablar de la rosa.

La rosa es un complejo. Complejo es término de estos tiempos, pero le sienta bien a la rosa, porque ella misma es un complejo de pétalos, producto de la naturaleza, sin la cual no podría existir. Carballido habla de la rosa para llevarnos a los bajos fondos de la vida diaria mexicana. La vida de los humildes de los proletarios, de los desheredados, de los filósofos, de los siquiatras, forman una enorme rosa y se constituyen en complejo. Por un hábil sistema de cuadros con escenografías convencionales, bailes, y una canción-corrido, Carballido nos muestra lo complejo de la explosión demográfica de la ciudad de México, cuyos gobernantes no son capaces de organizar, precisamente por lo complejo de la vida de tantas gentes que viven del milagro de la miseria, que se aman, que se cruzan entre sí y que forman una rosa, de la que nunca se sabrá si falta uno o más pétalos. Carballido maneja el diálogo con una fluidez extraordinaria, hace con él lo que le da la gana y hace decir a sus personajes las cosas más tremendas como si fueran naturales. Recuerdo aquí a otro gran poeta mexicano que escribió alguna vez: "Aquí no pasan cosas más importantes que las rosas". Es Carlos Pellicer. En la rosa cabe todo un mundo de ingenuidad, de ignorancia y, sobre todo, de amor. Carballido es certero en su diálogo. Sabe dar en el blanco preciso con cada frase y si se vale de una escenografía convencional y de una coreografía expresiva es natural que aborde y resuelva con éxito el tremendo complejo de la rosa. Carballido es un escritor popular y de una finura exquisita en su juego mental. Puede hablar y lo hace muy bien de la rosa.

Para el gusto del cronista están fuera de lugar algunos cuadros y las escenas se reiteran sin necesidad. Todo esto entra en el complejo de la rosa.

En la pieza de Carballido intervienen jóvenes actores en cuyo talento está el porvenir del teatro mexicano. Es justo mencionar los nombres, porque todos son parte del complejo de la rosa. Destaca en primer término la autoridad de Socorro Avelar, y en seguida por el orden en que aparecen enunciados en el programa Angelina Peláez, José Alonso, Felio Eliel, Mario Casillas, Sergio Jiménez, Juan Ángel Martínez, Socorro Merlín, Héctor Martínez, Jesús López Florencio, Sonia Montero, Ernesto Cruz, Liza Willert, Luz María Hidalgo, Enrique Campos, Carlos Gaona y José Mata y como elemento del coro de danza Miguel Ángel Palmeros, Antonio Quiroz, Isabel Hernández y Rafael Vázquez.

Dirigió la obra Dagoberto Guillaumin, la música es de Rafael Elizondo, la coreografía de Guillermina Bravo y la escenografía de Guillermo Barclay.

Yo también como queda asentado, hablo de la rosa.