FICHA TÉCNICA



Título obra [Danzas africanas]

Dirección Apsita Sissoko

Grupos y compañías Ballet Africano Nacional de la República de Guinea

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “[El Ballet Africano Nacional de la República de Guinea]”, en El Heraldo de México, 20 mayo 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   20 de mayo de 1966

Columna Escenarios

[El Ballet Africano Nacional de la República de Guinea]

Armando de Maria y Campos

En América no son extraños los bailes y danzas de origen negroide. Pocos son los que ignoran que durante mucho tiempo el comercio con la carne negra como elemento de trabajo fue lícito y permitido, particularmente en algunas regiones del sur de los Estados Unidos, en casi todas las islas del Caribe, particularmente en Cuba, y en algunas regiones de México, de lado del mar Atlántico, y en las regiones llamadas Costa Grande y Costa Chica. Los negros trajeron sus danzas y el misterio de ellas y cuando fueron perseguidos por celebrar sus ritos del tam tam místico se ocultaron y no dejaron de practicarlos nunca.

Al aparecer el folklore como elemento aglutinante de las costumbres de los pueblos, se usó de las danzas como elemento primordial y cada pueblo trató de mostrar al mundo el misterio de sus danzas. Particularmente las de origen africano reviven leyendas heroicas, exaltan al destino y a sus divinidades, glorifican las hazañas guerreras, todo envuelto en la magia de los dos grandes misterios de la vida; el amor y la muerte. El pueblo negro baila con un frenesí sensual y sexual que lo lleva al éxtasis y al agotamiento físico. Siempre el macho defiende a su hembra; este es un sentimiento animal que no ha podido agotar la civilización. Los negros bailan, se convierten en llamas y se queman a sí mismos. En los bailes inspirados en las tradiciones religiosas hacen uso de una fantasía increíble y original para los pueblos europeos. El Ballet Africano Nacional de la República de Guinea no escapa, naturalmente, a este proceso. Hace años vi en Londres un Ballet Africano. En nada se parece a este, y sin embargo, por paradoja, son idénticos. Si algún mensaje tiene que enviar al mundo el pueblo negro, éste está contenido en sus danzas primitivas que ahora, en ocasiones, han sido teatralizadas de manera que constituyan un espectáculo comercial. Hay que sentirlas fuera de este folklorismo entregando el espíritu a la emoción primitiva. Sería interminable el repertorio folklórico de las danzas de los hombres de color. Son tan antiguas como el mundo. Así las hemos sentido en el espectáculo que se ha presentado en el Palacio de las Bellas Artes bajo la dirección de Apsita Sissoko, quien para teatralizarlas no ha vacilado en modificar su coreografía original. Estas danzas se bailan al ritmo de instrumentos primitivos que también viene modificando el folklore. El cronista quisiera adentrarse en el corazón virgen de las regiones africanas para gozar de estas danzas. Ya que no puede hacerlo se conforma con verlas a través de las versiones de la señora Sissoko y admirar la singular belleza de la mujer africana, distinta a todas las tradicionales, siempre ardiendo, quemándose, en su propia danza.