FICHA TÉCNICA



Título obra Fascinadoras 66

Autoría Felipe Santander

Dirección Felipe Santander

Elenco Débora Velázquez, Gloria Muniche

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las Fascinadoras 66, en el Teatro del Bosque”, en El Heraldo de México, 17 mayo 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   17 de mayo de 1966

Columna Escenarios

Las Fascinadoras 66, en el Teatro del Bosque

Armando de Maria y Campos

Felipe Santander, actor, autor, músico y director ha compuesto una revista a la que tituló Fascinadoras 66 y definió como comedia musical en tres actos, divididos éstos en 17 cuadros, con la explicación de que se trata de una Convención Internacional de Reinas de Belleza. A decir verdad el poliédrico Felipe Santander no logró lo que se proponía.

No cabe duda que los nuevos medios de expresión de los espectáculos en general han cambiado con la época. Elemento principal al parecer de esta trasformación es el micrófono. El micrófono engaña a todos porque permite de acuerdo con el volumen que se le da hacer creer al público que una persona canta y por otra parte, si en el escenario no hay una conveniente distribución de micrófonos, las voces se pierden, se apagan como flamitas al paso del viento.

Para escribir una revista lo elemental es tener un plan determinado y Santander no lo tiene, porque abusa de las cortinas para preparar los cuadros siguientes. Cree el cronista que le sobra mucho y que el espectáculo en que Santander lo es todo ganaría bastante con unos cortes despiadados. No existe alegría espontánea y en ocasiones se cae en el aburrimiento, porque una revista teatral debe tener unos cuadros definidos. Santander no tiene inspiración musical. Su música no se pega al oído y no permite al espectador que salga recordando un número siquiera. Tampoco es original.

El primer acto es una exposición infortunada de lo que vendrá después. No carece de algunos aciertos, pero estos naufragan ante la mediocridad del resto y no bastan algunos tipos bien perfilados para que le den cierta amenidad. Para el espectador relativamente exigente esto no basta. Se recurre, de acuerdo con la época, al uso de la trusa. Consideremos que una mujer hermosa no es, por serlo, de talento. La escultura femenina nada tiene que ver con la sensibilidad artística; el vestuario masculino carece de relieve y no da ocasión a que los jóvenes, que actúan en forma delirante, muestren sus capacidades como futuros actores. Las jóvenes que interpretan los papeles de Mis Cuba y de Mis Argentina destacan del conjunto por diversos motivos. Son Débora Velázquez y Gloria Muniche. El resto se pierde en el anonimato de su belleza estática. El buen escenógrafo que es, por oficio y por inspiración, David Antón logra algunos aciertos.