FICHA TÉCNICA



Título obra Las aves

Autoría Aristófanes

Dirección Peter Kleinschmidt

Elenco Héctor Ortega, Claudio Obregón, David Espinosa, Ángel Pineda

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Aristófanes en el Teatro Jiménez Rueda del INBA, I”, en El Heraldo de México, 11 mayo 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   11 de mayo de 1966

Columna Escenarios

Aristófanes en el Teatro Jiménez Rueda del INBA, I

Armando de Maria y Campos

El INBA, tiene un programa ambicioso para divulgar el buen teatro, el teatro en general. No se puede ignorar el teatro clásico por excelencia y, lo consecuente es presentarlo con la seriedad y la severidad que supone un teatro que ha sobrevivido siglos. Ahora ha representado a Aristófanes, como si se tratara de un autor moderno. Aristófanes merece el mayor respeto y la más sólida divulgación, porque es el antecedente de todos los teatros que le siguieron.

El INBA eligió, para presentar a un público heterogéneo, una de las obras fundamentales de Aristófanes titulada, en su tiempo Los pájaros y, después, a través de traducciones eruditas, Las aves.Para el caso es lo mismo. Aristófanes, poeta de inspiración extraordinaria, concibió una idea que no ha sido sobrepasada por nadie: formar una ciudad exclusivamente para los pájaros. Los procedimientos de que se valió no viene al caso referirlos. Lo cierto es que su maravilloso intento de crear una ciudad en el aire, en el espacio, para que en ella vivieran todas las aves, aparte de genial y original, fracasó como todos lo grandes ideales. Llegaron a impedirlo toda esa legión de individuos que hacen imposible la vida de las ciudades de los hombres, y más de los pájaros, porque los hombres de la Tierra, lo impidieron con sus mezquindades.

Todo esto hay que decirlo a las nuevas generaciones que no tienen el don de adivinar las cosas. Para eso está el INBA. Representarla de pronto, sin explicar sus antecedentes, es un error, porque se ofrece a los espectadores un espectáculo sin historia, cuando tiene tanta. Hay que pensar que va dirigida a estudiantes que, por distintas causas, carecen de una sólida cultura.

¿Por qué no revelar que esta pieza fue representada en año 414 antes de J.C.?, ¿Por qué no decirles a los estudiantes el procedimiento técnico que siguió Aristófanes? ¿Por qué utilizar una traducción –digámoslo con sinceridad–, ausente de poesía? Hay tantas eruditas dirigidas a estudiantes que podrían ser utilizadas mejor que la que escuchamos, plana, sin brotes de una poesía indispensable para un tema genial que no ha sido utilizado por nadie, por lo ambicioso y lo poético. Ninguno de los autores antiguos o modernos tuvo idea tan cargada de originalidad y de fantasía. Todo esto hay que decirlo con lealtad, porque no se trata de una empresa particular, sino de un organismo oficial, que suponemos no se propone hacer alarde de ignorancia y que está obligado a explicar muchas cosas que los jóvenes escolares ignoran. Incluso si va dirigido a todos los públicos, aunque se supone que en particular a los de estudiantes.

Es tan serio el tema de Aristófanes que me propongo tratarlo en una segunda crónica ateniéndome exclusivamente a la versión elemental que vimos. Aristófanes merece el mayor respeto de los críticos, porque las representaciones pasan y, las crónicas, posiblemente quedan. Dejamos en el aire el tema para retomarlo en fecha próxima.