FICHA TÉCNICA



Título obra Silencio, cámara, acción

Autoría Roberto Gómez Bolaños

Elenco Alejandro Suárez, Roberto Gómez Bolaños, Félix González, Norma Lazareno

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Armando de Maria y Campos, “Silencio, cámara, acción, de Roberto Gómez Bolaños, en el Teatro Sullivan”, en El Heraldo de México, 8 mayo 1966, p. 5.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   8 de mayo de 1966

Columna Escenarios

Silencio, cámara, acción, de Roberto Gómez Bolaños, en el Teatro Sullivan

Armando de Maria y Campos

Hubo un tiempo que el público sencillo de México se divertía con un extraño espectáculo cuya denominación corresponde exclusivamente a México: circo, maroma y teatro. Se celebraba este espectáculo, durante mediados del siglo pasado, en los amplios campos de vecindad de los barrios bajos de México o en las plazuelas de sus aledaños. En el cabía todo, lo mismo el circo, que la maroma, que el teatro. Los cronistas severos nunca bajaban a conocer estos espectáculos de indudable interés y de indiscutible sabor mexicano.

Algo por el estilo sucede durante la acción de la pieza del joven autor Roberto Gómez Bolaños, titulada Silencio, cámara... acción, en la que con un desenfado propio de escribir para un público ingenuo y nada exigente, trata de hacer la caricatura de cómo se realizan las películas mexicanas. No serán todas, digo yo, porque las hay muy interesantes, ni siempre se usarán los mismos procedimientos.

Un argumentista que sueña con una película tan incomprensible que por esta condición los críticos de la "mafia" no se atreven a decir que es mala, porque eso equivaldría a confesar que no la entendieron. Y eso, ¡nunca en un crítico de cine para minorías! El director es un don nadie con dinero al que lo único que le interesa es obtener un premio, aunque la película no llegue a divulgarse. No falta el galán fatuo, ni la muchacha alocada que quiere que la conviertan en primera figura, sin escrúpulos de ninguna especie. Un secretario del director mantiene viva la acción más por su comicidad propia que por las situaciones en que interviene. En realidad se trata de una comedia inmadura, increíble en un joven con ambiciones, que es lo único que se le debe exigir a un autor novel.

La actuación es francamente desorbitada, en tono de farsa siempre y circense en la mayoría de los tres actos, el último de los cuales se viene abajo estrepitosamente.

Si el autor no se propuso otra cosa que hacer reír, lo logra contando con la colaboración de Alejandro Suárez, que alcanza momentos muy afortunados, de Chespirito, en el que hay madera de un buen actor cómico; Félix González, como productor cumple, porque su personaje no da para más y el actor que interpreta al galán típico del cine barato, cuyo nombre escapa a mi memoria, compone su tipo con acierto. Cruza por la escena una hermosa muchacha, Norma Lazareno, como la joven ambiciosa que desea ser actriz a toda costa y acaba casándose con el productor. No sé si llegará a ser actriz, pero nadie pone en duda su juventud y su desenvoltura para actuar.