FICHA TÉCNICA



Título obra Vestida y alborotada

Autoría Rafael Solana

Dirección Víctor Moya

Elenco Mario del Mar, Gloria Silva, Carmen Molina, Enrique Aguilar, Alfonso Torre

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Vestida y alborotada, de Rafael Solana, en el Teatro Fábregas”, en El Heraldo de México, 2 mayo 1966, pp. 4-5.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   2 de mayo de 1966

Columna Escenarios

Vestida y alborotada, de Rafael Solana, en el Teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

Sigo creyendo que lo que más perjudica a la obra de creación es la facilidad. Una nueva muestra de esta facilidad es esta comedieta de Rafael Solana cuya acción se reparte en tres actos. Solana escribe de teatro con la facilidad con que se dan los buenos días a una persona. Con este saludo cordial y amistoso no se va a ninguna parte. ¿Qué fue primero, la pieza que vimos en el Jorge Negrete o la que acabamos de ver en el antiguo teatro Virginia Fábregas?. Las dos arrancan de un buen tema, luego el autor se dispersa y escribe con su facilidad característica. Cuanto dijimos de la primera, podríamos decir de ésta. No vale repetirse. Lo cierto es que así no se logrará nunca un teatro serio y permanente. Estoy convencido de que Solana no lo pretende así. El teatro es, de todos los juegos, el más peligroso, pero hay quien sabe jugar como Solana y gana siempre, si se atiene al éxito inmediato de un público que ni pide ni quiere más.

En Vestida y alborotada se respetan las tres unidades de tiempo aristotélicas: tiempo lugar y espacio. Todo ocurre en la sacristía de una iglesia el tiempo justo para que ocurran los incidentes que en ella se dan a conocer al público. Podría representarse sin necesidad de intermedios o entreactos, que son descanso para el público. El tema que desarrolló Solana es gracioso, divertido, entretenido, no obstante que las situaciones se repiten en cada acto. Creemos que no hay más que decir. El teatro de Solana es así, y basta, como se decía en una opereta antigua, La Viuda Alegre. Ahora si dice ¡punto! y con eso se da por concluida toda discusión. Solana no engaña a nadie. Gusta su teatro y a nosotros no nos toca predecir si gustará mañana o pasado. Probablemente sí.

En Vestida y alborotada interviene una nutrida colección de "tipos" por los que habla el autor. Los novios, los padres de éstos y un cura liberal, que es en quien se apoya la acción.

A papel sabido, dicen que no hay cómico malo. Todos los actores se saben su papel y lo dicen con intención, de acuerdo con la dirección de Víctor Moya. Advertimos un adelanto sólido en Mario del Mar y encontramos encantadora a Gloria Silva como la novia cargada de escrúpulos espirituales. Carmen Molina se desenvuelve con la seguridad de quien domina el oficio de representar, igual que Enrique Aguilar y Alfonso Torres, El resto de los actores son más o menos veteranos de la escena. El público pasa dos horas y media divertido e intrigado. Al final el autor se negó a salir a escena, reclamado por los actores. Si aparece en escena el público le hubiera aplaudido por el rato de esparcimiento que le hizo pasar. Así, paso a paso, cayéndose y levantándose, el teatro en México, como en todas partes, sigue su marcha...