FICHA TÉCNICA



Título obra Camerino de segundas

Autoría Rafael Solana

Dirección Miguel Manzano

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Referencia Armando de Maria y Campos, “Camerino de segundas, de Rafael Solana, en el Negrete”, en El Heraldo de México, 24 abril 1966, p .6.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   24 de abril de 1966

Columna Escenarios

Camerino de segundas, de Rafael Solana, en el Negrete

Armando de Maria y Campos

Rafael Solana ha encontrado y practica con harta frecuencia un "arte nuevo de hacer comedias". Este es el dominio de la difícil facilidad con que las escribe. Y tanto ha dominado su estilo que a las claras se ve que ha eliminado la dificultad. Las escribe de primera intención, con espontánea naturalidad y más atento a que gusten de inmediato a que tengan un valor perdurable. Nada hay que envejezca más pronto que una obra hecha para dar gusto a un público como es el que los empresarios llaman comercial. Con ese sistema, por sólido que sea un talento de escritor, no se crean obras durables, menos perdurables. La fe que, tengo en el talento de Rafael Solana, a quien sigo desde sus remotos primeros pasos de escritor, me autoriza a pensar que pronto abandonará el camino fácil de la calle de en medio, para buscar los "senderos ocultos" que revelaron como gran poeta a Enrique González Martínez.

La pieza Camerino de segundas asombra por la fluidez con que está escrita. No se advierte enmienda alguna que embride la primera intención. En realidad Camerino de segundas es un ramillete de anécdotas que hace mucho tiempo ruedan por los interiores, o bien intimidades de los teatros: lo que no ve el público.

No reconozco este camerino de segundas de Rafael Solana. Dulce cárcel de mi juventud fueron los de los teatros de aquella época: el Principal, Colon. Arbeu o Lírico. Ignoro desde hace mucho tiempo cómo sean los del Blanquita, pongo por ejemplo. Pero las anécdotas se repiten. La antigua tiple que deviene en vendedora de ropa para las flamantes segundas, que no oyeron jamás pronunciar su nombre. La juventud, la belleza y la popularidad del instante, pasan, se desvanecen. Y la historia, cansada de crear, se repite.

El matrimonio de una joven que ha sabido conservarse pura cruzando senderos peligrosos, es caso frecuente. También la aparición de "un caballo blanco" –hombre que pone el dinero para una empresa– que quiere elevar al estrellato a una chica por la simple razón de que le agrada. En el caso de la pieza de Solana aparece la pincelada inoportuna, son padre e hija que se ignoran.

Finalmente, la disolución de una farándula por fin de temporada pone en la pieza de Solana un amable toque de sentimentalismo. Muchas veces oí a las segundas, entonar Las golondrinas. Saben que es difícil volver a reunirse, porque los caminos del teatro son múltiples. De cada acto Solana pudo haber hecho una buena pieza, con los tres logró una comedia efímera. El teatro en México merece que Solana le dedique lo mejor de su talento, salpicado con ese ingenio fértil que le es característico.

La pieza parece haber sido escrita para una notable, antigua tiple mexicana que gozó de todo lo que el teatro otorga a quien posee gracia, juventud y belleza: Lupe Rivas Cacho, que interpretó su propio papel cuando el sol ha huido de su barda. Lo presenta y representa al mismo tiempo. Una dulce saudade invade el recuerdo del cronista que la vio debutar antes de que ella entrara en la adolescencia.

El conjunto de chicas guapas es variado y es un regocijo para la vista. Estamos frente a un jardín florido con flores en bikini. ¿Así viven ahora en sus camerinos las segundas tiples? Me parece más bien que se abusa del recurso de mostrar a la flor, sin darle oportunidad a que exhale el aroma de su talento.

La dirección, a cargo del veterano actor Miguel Manzano no se pierde de vista. Una convencional escenografía de David Antón pretende ambientar este camerino de segundas que no sabemos si será verdad o limpia imaginación.