FICHA TÉCNICA



Notas El autor contesta un artículo de María Mendoza en donde se menciona que el Departamento de Espectáculos ejerce censura sobre las producciones teatrales en la ciudad de México

Referencia Armando de Maria y Campos, “La censura y los supervisores en el Departamento de Espectáculos en el Distrito Federal”, en El Heraldo de México, 18 febrero 1966, p. 5.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   18 de febrero de 1966

Columna Escenarios

La censura y los supervisores en el Departamento de Espectáculos en el Distrito Federal

Armando de Maria y Campos

Tuve el honor de ser invitado por el actual regente del Distrito, Federal,licenciado don Ernesto P. Uruchurtu, durante su primer periodo de gobernador de la ciudad de México, para que colaborara al lado del licenciado don Octavio Peredo, como consejero técnico de teatro y cine, función que he venido desempeñando, a satisfacción suya según imagino, porque sexenalmente me ha refrendado tan honrosa comisión.

Meses antes de que yo desempeñara este cargo desapareció, por causas que ignoro, un llamado Consejo Técnico de Espectáculos. El mundillo teatral, siempre levantisco y amante de dimes y diretes, y los dirigentes de la Federación Teatral o de la Asociación Nacional de Actores atribuyeron mi nombramiento, sin más razón que mi larga experiencia como cronista de espectáculos, al propósito de que se ejerciera a través mía una censura para las obras de teatro cuya representación se solicita por inevitables canales burocráticos.

Hace, pues, más de quince años que se alude a una censura teatral por parte del Departamento de Espectáculos, y siempre se roza mi nombre sin mencionarlo de manera terminante. Esto y el respeto que debo a los funcionarios con los que colaboro me ha obligado a un silencio que en ocasiones es cómplice de la murmuración. Hasta ahora, que en un diario de la mañana se me alude con todas las letras de mi nombre me creo obligado a declarar que el Departamento de Espectáculos a cargo de don Octavio Peredo jamás ha ejercido censura. En ocasiones se han celebrado entrevistas con empresarios para que antes de presentar solicitud de representación moderen el mal gusto de las obras o eviten caer en faltas al respeto a la sociedad. Yo jamás he asistido a estas entrevistas. Mi comisión es la de colaborar y jamás he recibido del honorable señor regente o del jefe de la Oficina de Espectáculos insinuación alguna sobre determinada obra que se me entrega para su estudio. Niego, pues, terminantemente, que en México exista la censura teatral.

Últimamente han aparecido, seguramente por necesidad del servicio interno de los teatros, empleados con el cargo de supervisores, y algunas veces se excederán en su comisión o caerán en el error de la falta de discreción oficial. ¡Allá ellos! Por lo que a mí se refiere, y a propósito del artículo de la periodista María Mendoza que me alude, es dejar precisado que mi función en la Oficina de Espectáculos es honorable. Y que en cuanto a la mediocridad o escaso mérito de las obras que ahora se representan no está a mi alcance evitarlo. No rechazo la crisis actual: no la he rechazado nunca. Uno de los varios libros que he escrito sobre la materia teatral se titula con toda claridad: El teatro siempre está en crisis.