FICHA TÉCNICA



Notas Antecedentes y cita del acuerdo del Ayuntamiento Constitucional de México para la subvención oficial al teatro en 1902

Referencia Armando de Maria y Campos, “La protección del Estado. Opinión de Justo Sierra en 1900. El ayuntamiento de 1902 reglamenta las subvenciones al teatro en la ciudad de México”, en Novedades, 18 enero 1951.




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Columna El Teatro

La protección del Estado. Opinión de Justo Sierra en 1900. El ayuntamiento de 1902 reglamenta las subvenciones al teatro en la ciudad de México

Armando de Maria y Campos

El 28 de febrero de 1900, para celebrar a la actriz española María Guerrero, el ministro de Educación Justo Sierra, pronunció elocuente discurso durante el que declaró que "en la educación nacional el teatro es un agente de primera importancia... porque para mantener nuestra personalidad nacional, necesitamos principalmente mantener nuestro idioma pegado al tronco por donde la sabia sube". Se celebraba el nombramiento de María Guerrero de Díaz de Mendoza como directora honoraria de la Escuela de Declamación del Conservatorio Nacional de Música, en un acto extraordinario que se desarrolló en el teatro del Conservatorio, con asistencia del general don Porfirio Díaz, presidente de la república, acompañado de su esposa e hija, y del gobierno en pleno. Hablaron el ministro Sierra y leyeron poemas alusivos Balbino Dávalos, Luis G. Urbina, José Juan Taboada y Amado Nervo. María Guerrero, que lució ricas joyas, recibió el homenaje ocupando "un antiguo sillón que se había colocado a la derecha del escenario, cuyo rico mueble, tallado magníficamente en roble, perteneció a Hernán Cortés y está tapizado con felpa roja, ostentando en el respaldo, bordado en oro, el escudo de armas del conquistador", reseñó un cronista de la época.

Aquel acto solemne y magnífico dio el tono para la protección que el teatro recibiría del Estado y gobierno, "¿Os gusta la empresa"?, había preguntado el ministro Sierra a la eminente actriz española al invitarla a colaborar con el gobierno del presidente Díaz en la educación nacional por medio del teatro. Dando por afirmativa la respuesta, el ministro orador expuso la idea oficial y... la voluntad presidencial de protección al teatro: "Así lo ha creído el jefe del Estado, que con una solicitud siempre joven y siempre nueva, prepara y presiente todas las manifestaciones de la vitalidad mexicana en lo porvenir". ¡Para qué querían más los gobernadores de los estados, el ayuntamiento de la ciudad de México!

A poco, el Ayuntamiento Constitucional de México, presidido por don Guillermo de Landa y Escandón, tomó la decisión de conceder subvenciones al teatro, pero, como es lógico, no al buen tun tun. Consultaría, oiría opiniones y consejos, y cuando la idea estuviera madura, llevaría el asunto a sus acuerdos del 8 y 15 de agosto de 1902. Y resolvió lo que sigue:

"El Ayuntamiento, deseoso de impartir, aun cuando sea en pequeña escala, cierta protección al sostenimiento del arte dramático en México, concederá un subsidio a alguna empresa teatral mexicana que se dedique en la capital a ese género de espectáculos.

"Para tener opción a ese subsidio, la empresa solicitante deberá comprobar, dentro del término de un mes, contado desde la fecha en que se apruebe este acuerdo, y una vez aprobado por el gobierno:

I) Poseer contrato de arrendamiento de algún teatro por cierto tiempo, que no sea menor de seis, y el cual teatro sea adaptable a los espectáculos teatrales.

II) Tener contratada una compañía cuyo personal artístico sea lo más completo que se requiere y en su mayoría de mexicanos.

III) Poseer archivo, decorado, guardarropa y demás elementos indispensables para que los espectáculos alcancen la mayor corrección y propiedad posibles.

IV) Que esté dispuesta a sujetarse a las siguientes condiciones:

A. Poner en escena obras de autores nacionales, por lo menos una vez al mes, y las cuales estén ya sancionas por el aplauso del público, y todas aquellas que en lo sucesivo produjeren dichos autores y que merezcan llevarse a escena a juicio de la empresa.

B. Cobrar precios de entrada que no pasen de los acostumbrados, es decir: un peso por luneta, y conforme a este precio, lo que corresponda a los demás departamentos del teatro.

C. Aumentar esos precios, a lo más un cincuenta por ciento, cuando se estrene o represente alguna obra que exija gastos extraordinarios. Para este aumento se requerirá permiso especial de la Comisión de Diversiones.

D. Destinar un palco en cada función, para los alumnos de la Escuela de Declamación del Conservatorio de Música.

E. Conceder para cada función, cierto número de boletos, que no será menor de treinta, de localidades altas, para los alumnos del Hospital y otros asilos de beneficencia.

F. Dar un espectáculo, sin gasto alguno para el Ayuntamiento ni para el público, en cada una de las dos fiestas patrióticas del año (5 de mayo y 16 de septiembre).

Una vez recibidas las solicitudes de que se trata, se suplicará al señor director del Conservatorio, que los señores profesores de la Escuela de Declamación ser sirvan emitir su autorizado dictamen, respecto a lo determinado en las fracciones II y III de la segunda proposición.

La concesión del subsidio de que se trata, cesará cuando el Ayuntamiento lo determine, a propuesta de la Comisión de Hacienda o de Diversiones, y sin más requisito que el aviso que se dará a la empresa, con dos meses de anticipación, etcétera.

En acuerdo de 12 de diciembre (de 1902) el Ayuntamiento resolvió: se señala un subsidio de un mil pesos mensuales a alguna empresa teatral mexicana que se dedique en la capital exclusivamente a este género de espectáculos, y que reúna las condiciones a que se refiere el acuerdo citado".

En próximas crónicas referiré cómo y por qué la primera subvención reglamentada que concedió el ayuntamiento de la ciudad para proteger el arte dramático en México, fue obtenida por la empresa dramática del teatro Hidalgo de la que era titular don Francisco Cardona, esposo y empresario de Virginia Fábregas, en noviembre de 1902.