FICHA TÉCNICA



Título obra La precaución inútil

Autoría Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz, Jorge del Campo, Rafael Llamas, José Baviera, Luis Jimeno

Escenografía Julio Prieto

Notas de Música Raúl Cosío / ilustraciones musicales

Vestuario Bertha Mendoza López

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Armando de Maria y Campos, “La precaución inútil, de Beaumarchais, en el Teatro Orientación”, en El Heraldo de México, 23 enero 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   23 de enero de 1966

Columna Escenarios

La precaución inútil, de Beaumarchais, en el Teatro Orientación

Armando de Maria y Campos

La música de Rossini tuvo la culpa. Durante más de dos siglos permaneció poco menos que ignorada la bella pieza de Beaumarchais, porque los compositores de su tiempo, allá por 1775, la tomaron para hacerla ópera lírica. Como tal pieza con música recorrió el mundo y fue cantada por las mejores gargantas del medio operático. ¿Quién iba a pensar que detrás del argumento ligero del tutor burlado, del galán afortunado, del Fígaro corre ve y dile, había una bella comedia? Sin embargo Beaumarchais había escrito una hermosa pieza de teatro, ágil y frívola, sobre la que pesaba un epitafio musical. El Barbero de Sevilla sepultó a la ingeniosa comedia La Precaución Inútil y, la verdad, nunca supimos que existía una comedia que había inspirado la bella ópera que se cantara en todos los escenarios del mundo.

La acuciosa curiosidad de un director teatral como Rafael López Miarnau descubrió, éste es el verdadero término, la comedia de Pierre Carón de Bearmarchais y se resolvió a presentarla sin la melodía dramática que la hizo popular. Y ha sido un acierto. Porque hemos conocido una deliciosa comedia. Su buen gusto la ha sabido presentar encuadrada en el ambiente de la época y el acierto de buscar colaboradores de la calidad del escenógrafo Julio Prieto, de la vestuarista Bertha Mendoza López y para elementales ilustraciones musicales de Raúl Cosío, le ha permitido crear un espectáculo de la más fina calidad que debe conocer el público mexicano de buen gusto. Perderse este espectáculo, a cambio de tantos zafios e intrascendentes, es un verdadero crimen... teatral. Pocas veces se puede ver un espectáculo de tan fina calidad.

La interpretación es excelente, de máxima calidad. La Rossina, único personaje femenino de la obra, es una antología de matices que con naturalidad, esa difícil facilidad de las cosas bien hechas, logra Emma Teresa Armendáriz. Es una interpretación de consagración. El cronista se complace en señalarla. Al lado de la señora Armendáriz lucen toda su calidad el ágil talento escénico de Jorge del Campo, el dominio de la escena de Rafael Llamas, la maestría de José Baviera y la gracia socarrona que requiere el personaje de Luis Jimeno. En conjunto y en detalle, este es un espectáculo de exquisita calidad.