FICHA TÉCNICA



Título obra Cita en la soledad

Autoría Pablo Salinas

Dirección Xavier Rojas

Elenco Rosa María Moreno, Emma Arvizu, María Wagner, Crox Alvarado, Jorge Ponce de León, Carlos Bracho

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los bailes peruanos; A caza del amor; Las moscas”, en El Heraldo de México, 9 noviembre 1965, p. 12.




Título obra Las moscas

Autoría Jean Paul Sartre

Dirección S. Surio

Elenco Minerva Mena Peña, Rolando Castro

Escenografía G. Maldonado

Grupos y compañías Skene 65, A.C.

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los bailes peruanos; A caza del amor; Las moscas”, en El Heraldo de México, 9 noviembre 1965, p. 12.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   9 de noviembre de 1965

Columna Escenarios

1.- Los bailes peruanos 2.- A caza del amor 3. Las moscas

Armando de Maria y Campos

1.- El folklore no tiene que ser necesariamente espectáculo destinado a las tres paredes tradicionales de la escena teatral. Para llevar el folklore al escenario material es preciso elaborarlo, convertirlo en espectáculo. Particularmente los bailes. Estos encuentran su propio escenario en el campo, en las plazas públicas, en las montañas, al aire libre. Si las danzas o los bailes folklóricos se convierten en espectáculo es porque un coreógrafo o un director los pone al alcance de un público que va a conocer la lección previamente elaborada.

De un tiempo a esta parte se han formado grupos de ballets de distintos países que recorren el mundo con la noble ambición de revelar a públicos de diversos países cómo se baila y se canta en el de su origen. Los aceptamos y creemos en ellos un poco dogmáticamente. No es cosa de salir a recorrer el mundo para ver cómo bailan sus alegrías, amores y pendencias los pueblos de tierras remotas. Por México han pasado recientemente grupos diversos que a veces nos satisfacen y muchas veces sólo nos entretienen. No vale la pena investigar el origen de todos los bailables que vemos, basta con la alegría de colores y la relativa novedad de la coreografía que nos presenta. Ejemplo de espectáculo folklórico, espejo de costumbres de cantos y bailables, es el formado por nuestra compatriota Amalia Hernández. Tuvo a su alcance elementos de diversas regiones de nuestro país ricas en elementos folklóricos. Otras no tienen esta fortuna. Particularmente las del sur de América que salvan la monotonía de sus estratos coreográficos con la variedad de un colorido en la indumentaria que muchas veces es convencional.

Nos visita el Conjunto Folklórico del Perú formado por el Instituto de Arte Americano de Puno y por el Departamento de Turismo de Corpuno; ambos del Perú. Forman este conjunto 65 personas y de éstas 22 son músicos que tocan instrumentos rudimentarios de viento y cuerdas. La coreografía es también elemental, triste y monótona, como los temas musicales de que se sirven para darle vida. El vestuario no ofrece gran variedad, pero sí es colorido y en ocasiones resulta una fiesta para los ojos. En todo esto hay un poco de halago al turismo, pero estamos tan acostumbrados a él que ya viene a ser lugar común que no admite análisis el detalle. Se juzga al conjunto, y basta.

El paso del Conjunto Folklórico Peruano por el escenario de Bellas Artes fue un vivo mensaje que disfrutamos con gusto y agradecimos en su alto propósito de difundir las viejas formas coreográficas, de uno de los países más antiguos de América.

2.– A caza del amor. A principios de este año subió al escenario del Instituto Mexicano de Cultura una pieza de teatro del autor mexicano Pablo Salinas puesta por el Grupo Tabasco 68 con el título de Cita en la soledad. Se representó una sola vez y poco público tuvo ocasión de conocer esta pieza que ahora toma su verdadero lugar en un teatro de categoría, como es El Granero, entregado a representaciones comerciales. No sé quiénes la interpretaron aquella única vez. Ahora, con un reparto de actrices y actores experimentados y bajo la dirección de Javier Rojas, se entrega al público de paga y es cuando inicia su verdadera aventura, porque el teatro sin público que lo pague, carece de sentido.

La pieza de Pablo Salinas es digna de las mejores del teatro nacional sin que esto signifique que se haga merecedora al Premio Juan Ruiz de Alarcón que, de acuerdo con las noticias que han llegado al cronista, este año será declarado desierto. Es preferible, para estímulo de los autores, dejar sin premio a piezas mediocres, que premiar lo menos malo. Volviendo a la de Salinas está bien concebida y bien desarrollada, lo que equivale a afirmar que esta bien construida. La anécdota es un acierto de autor, tal vez uno de los más originales de estos últimos años. Conviene ser discretos, y no revelar el juego limpio del autor.

La interpretación está confiada a actores experimentados y cada quien busca su lucimiento personal sin hacerle sombra a los compañeros. Rosa María Moreno es una actriz que sabe usar todos los recursos cómicos para acentuar los perfiles de su personaje, cómico de por sí. Cuando actúa sólo hay ojos para ella. Igual virtud tiene otra veterana actriz de estos últimos años. Ema Arvizu. No sé si esté en lo justo al llamar a Ema Arvizu actriz. Lo es, claro, desde el punto de vista profesional. Pero en realidad, míresele por donde se le mire, es Ema Arvizu simplemente. Como Ema Arvizu, está excelente. A mí me gusta en lo personal su manera de actuar; como crítico le pondría muchas objeciones a su trabajo. Las cosas, es decir las actrices, hay que tomarlas como son. Ema Arvizu está muy bien como Ema Arvizu. Interviene otra incipiente actriz, María Wagner, que hace bastante con dejarse ver al lado de la maestría veterana de Rosa María Moreno y de la personalidad arrolladora de Ema Arvizu. Crox Alvarado, cumple, así como Jorge Ponce de León y Carlos Bracho. La dirección de Javier Rojas es correcta. El público se divierte y esto es significativo.

3.– Las moscas. Otro Grupo Experimental, Skene 65, A.C., procedente de Monterrey, Nuevo León, afronta la prueba de presentarse ante el público comercial y lo hace con una obra ambiciosa: Las moscas, de Jean Paul Sartre, drama en tres actos y cuatro cuadros estrenado en 1943, en París, bajo la dirección de Charles Dullin. En su época causó escándalo, como todas las piezas de teatro de este escritor existencialista. Es otra transposición de una tragedia griega bien conocida, la de Electra, Orestes, Júpiter y Clitemnestra. El teatro griego admite constantes interpretaciones. Esta obra es casi demasiado rica de significados, de símbolos que se entrecruzan, como relámpagos; el drama ocurre entre hombres y dioses pero hallamos en él, el pesimismo y esa angustia de vivir que se encuentra en los libros asombrosos del gran escritor galo. Para el cronista esto es lo de menos. Lo importante es la aparición en nuestra escena de una actriz que si continúa recorriendo el tormentoso camino de Damasco, que es el teatro, puede llegar a ser extraordinaria: Minerva Mena Peña. La joven regiomontana posee un fino y estremecedor temperamento dramático y una voz clara y dulce que sabe matizar de acuerdo con las pasiones tormentosas que expresa. Es aventurado hacer vaticinios, quede este como una sólida esperanza. Al lado de la señorita Mena Peña, luce Rolando Castro y, en general, todo el grupo que dirige la joven directora S. Surio. Para el cronista fue una grata sorpresa esta modesta y estimable representación, y, en particular, la revelación de cuerpo entero de Minerva Mena Peña. La escenografía del señor G. Maldonado es sobria y excelente.