FICHA TÉCNICA



Título obra Adoración de los santos reyes

Notas de autoría Ambrosio Puente / adaptación a pasajes de la Biblia

Notas Citas del libreto Adoración de los santos reyes, con motivo de las representaciones alusivas al festejo del día de reyes

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Adoración de los santos reyes en el teatro popular mexicano”, en Novedades, 7 enero 1951.




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Novedades

Columna El Teatro

La Adoración de los santos reyes en el teatro popular mexicano

Armando de Maria y Campos

El nuevo año no ha sido propicio a los espectáculos metropolitanos. Si es verdad que los teatros que cultivan el género revisteril lograron ver regularmente concurridas sus salas durante las funciones de último de año, también lo es que las anteriores y las posteriores a esa fecha tradicional no permitieron cubrir sus siempre elevados presupuestos. El Ideal cerró la misma noche de fin de año, para abrir una semana después, y el Arbeu, intervenido por la Federación Teatral, que así se autopaga y se autodebe, registró entradas nada más que medianas, lo que no ha sido óbice para que la propia Federación continúe por cuenta propia con el espectáculo del ilusionista Chang, responsabilizándose con todos los gastos, y las pérdidas, que origina este negocio.

Empieza con adusto ceño la temporada de pascuas, y con una nota de optimismo, el estreno de una comedia cómica, de un autor mexicano que despunta: Othón Gómez Fernández, interpretada por un improvisado y alegre grupo de aficionados, entre los que abundan los que por primera vez pisan las tablas.

Hasta hace poco la entrada del año ponía en actividad a diversos grupos que no dejaban pasar la fecha de "los santos reyes" sin representar alguna pieza alusiva de las muchas escritas y representadas desde hace muchísimos años con motivo de la adoración de los santos reyes. Para que la tradición no acabe de perderse, voy a evocar una representación de estas piezas, de acuerdo con un raro libreto, titulado Adoración de los santos reyes, pasajes bíblicos en un acto y tres cuadros, según el arreglo de Ambrosio Puente, editado por él mismo en Puebla, a fines del siglo pasado.

"Gaspar, en traje de rey oriental –previene la primera acotación de la obrita–, aparece sentado junto a una mesita de campaña, observando una estrella. Si la representación es [en] una iglesia, el primer cuadro se dispondrá es el primer tramo de la entrada, colocando la estrella de tal manera que pueda caminar. Llegan Baltasar y Melchor, el primero de rey indio y el segundo de rey negro, con su comitiva, haciendo una reverente inclinación al llegar". El rey Baltasar pregunta a qué se debe la visita de sus colegas en reinado, y Baltasar le informa que han llegado guiados por una astro maravilloso, que anuncia un grande acontecimiento. ¿Hambre, guerra, cataclismo o el fin del mundo? Pregunta Gaspar. Nada de eso, Baltasar explica: "Consultando los pergaminos encontramos que ha llegado el tiempo de nacer el rey de Israel, y según la profecía del gran Balan, esa misma estrella guiará a los reyes de la Arabia, de la Etiopía y de la India para adorarle. Así pues, reunidos aquí los tres, no tenemos más que ponernos en marcha con nuestras comitivas para adorarle y presentarle los dones que podamos hacerle".

Cantan los tres Reyes de Arabia, Etiopía y la India:

Gustosos marchemos a paso veloz
siguiendo del astro vivo resplandor,
porque el Dios que en Belem ha nacido
es el Rey desde Adán prometido;
salvará nuestro humano linaje,
sacará al mundo de su estado salvaje.

Para dar lugar al segundo cuadro, "desaparece el astro –dice la acotación– y aparece Herodes sentado en medio de algunos escribas y sacerdotes. Si la representación es en una iglesia, se puede disponer de un lado o en un crucero". Los tres reyes informan a Herodes con circunloquios el nacimiento profético. Pananín, Zaqueo y Judá interrogan a Herodes. "Dejémonos de tonterías –aclara Herodes– lo que hoy interesa saber, es dónde debe nacer el Mesías que esperan". Todos le informan: en Belén. Herodes, "con voz hipócrita" –previene la acotación– declara que él, a su tiempo, también irá a adorar el recién nacido "en un insignificante pueblo de estos contornos". Se van todos, y se cambia el cuadro, o de lugar, según convenga, mientras todos cantan:

Hermosa y fulgente
ya viene la estrella,
ya vienen tras ella
los reyes de Oriente.

Ya vienen de lejos,
de allá el horizonte,
ya bajan del monte,
ya van a llegar.

Tres magos que vienen
de allá presurosos,
veloces, ansiosos,
al Niño a adorar.

Preciosos regalos,
muy ricos presentes,
darán diligentes
al Niño en Belén.

Presentes que eligen
allá, en su tesoro,
de mirra y de oro
de incienso también.

Ha aparecido el establo "arreglado de la mejor manera, encontrándose allí la Sagrada Familia, pastores y pastoras”. Gaspar habla: "¡Cielos, qué miro, un hombre y una mujer de aspecto muy peregrino postrados, y esos pastores están adorando a un niño!". Isaac les dice que es el mesías prometido. Los tres reyes le ofrecen, en verso por supuesto, sus regalos al Niño Dios. Gaspar, "primicias son de magnífico tesoro que allá en mis terruños tengo", Baltasar, "aunque Luzbel se muera de coraje", su humilde incienso, y Melchor, "pobre rey de un pueblo que se alza en la basura, y que es el símbolo en la humana ley, de trabajos, penas y amargura", le pide que acepte la mirra que le trae, "y al morir, asegúrame del ciclo el galardón". El arcángel Gabriel aparece para poner las cosas en su punto y revelar a los reyes la inminente traición de Herodes: "La Sagrada Familia agradece esta prueba de amor y cariño, y en la eterna mansión os ofrece la gloria que viene a buscar este Niño", pero "¡Oh, Reyes, Herodes sanguinario, a este Niño piensa herir; ocultad su nombre y su santuario, siguiendo distinto camino al partir", "mientras el pueblo adora al Niño –previene la última acotación–, se canta lo siguiente":

Encima un pesebre
la Estrella se para,
y aumenta su clara
simbólica luz.

Ya bajan los reyes,
al cielo ya imploran,
ya humildes adoran
al Niño Jesús.

Así se recibía hace años la temporada de pascuas en las iglesias, en las casas particulares, haciendas y ranchos. Las costumbres cambian, naturalmente, y ahora "el muchacho encuentra a la muchacha" en un "beso de soda", apurando los dos con pajas distintas el líquido helado de un mismo vaso.