FICHA TÉCNICA



Notas La autora comenta la mesa redonda organizada por la Asociación de Escritores de México, en el Club de Periodistas para hacer un balance sobre la escena mexicana en 1967

Referencia María Luisa Mendoza, “Dando vueltas al teatro en una mesa redonda”, en El Gallo Ilustrado, no. 286, supl. de El Día, 17 diciembre 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Dando vueltas al teatro en una mesa redonda

María Luisa Mendoza

La semana pasada hubo, en el Club de Periodistas, organizada por la Asociación de Escritores de México, una interesantísima mesa redonda, casi en familia. Se trató de llegar a una conclusión final de cómo había sido y en qué había quedado el año de 1967 en referencia al teatro de casa.

Estuvieron presentes Sergio Magaña, Carlos Solórzano, Elena Garro, Wilberto Cantón y María Luisa Mendoza. Un invitado de honor fue el presidente de la AEM y maestro, Salvador Novo. La discusión duró exactamente una hora que fue promisora y no obstante un tanto desalentadora, porque se supo sí, que el teatro mexicano había aumentado en cantidad pero no en calidad.

Cantón por ejemplo dio un resumen breve y sabroso de cómo la cartelera está plagada, llenita de obras escritas por autores mexicanos, como nunca antes en una cartelera generalmente formada por comedias de autores extranjeros. Sergio Magaña tocó el tema ya particular de lo mediato y lo inmediato del éxito al escribir una obra, y el maestro Novo le hizo saber la mediatez hablando de lo mucho que aún ejerce influencia Los signos del zodiaco, en las nuevas generaciones de autores, año tras año. A pesar de que Carlos Solórzano era, el mediador, el maestro Novo fungió también como tal, con un tacto increíble y un conocimiento de causa apabullante. Por cierto que él mismo calificó a la mesa como happening más ruidoso y teatral que el alcanzado por Carmen Galindo (se refirió a una conferencia sobre la novela en el 67 que en el mismo lugar Carmen "la sabia" ofreció).

Solórzano volvía al tema a los integrantes del grupo, los cuales cada uno de ellos tendíamos a irnos por otro lado y otro camino a cual más lejano. Por ejemplo, la deliciosamente inteligente Elena Garro dijo, con su voz bajita, suavecita, que se oponía terminantemente que el teatro fuera llevado a los mercados, que era esto como si al teatro fueran llevados los jitomates. La escritora fue aplaudidísima y ella misma expuso ante el público el que una de sus obras haya sido escenificada "demagógicamente" frente a sirvientas y señoras que están más apuradas por adquirir un kilo de cebollas que por ver la historia de nadie en un escenario. Quien esto escribe declaró con voz tonante que, la crítica teatral no sirve para nada en México, que hemos estado arando el desierto, sembrando en el mar, gritando en la torre de Babel. Así mismo confesó un problema personal en referencia al teatro y a su labor como crítica del mismo hace quince años: la astenia final que envuelve al profesional y lo significativo que es el que nadie quiera acompañarla al teatro. Problema personal y humano (el teatro es humano) que denotó la ausencia del público de las salas. Apoyó la moción o confesión el público con risas y el licenciado Arellano Belloc hablando de la poca concurrencia a los teatros, a pesar de que en Bellas Artes se dan funciones para los niños hace más de diez años, a las cuales concurren doscientos mil, y de los que en la actualidad los frutos no se miran por ninguna parte.

Fueron pues, en ese happening, vistos y observados un sin fin de problemas, fallas, penas y logros de la escena mexicana. Y muy a pesar de la menor calidad, el público asistente y los integrantes de la mesa quedaron con una especie de esperanza en el corazón, tanto los dramaturgos como el director y la periodista. Y es que como siempre, todo problema expuesto en palabras, aquejado y analizado ante los demás, en palabras, encuentra un remedio y una claridad mayor que si se guarda para la plática privada y la queja individual. El público ayuda así a ver mejor cualquier aspecto escénico, y ocurrió que esa noche todos creímos que el teatro si existe en México, aunque como diría el recién fallecido don Armando de María y Campos: “El teatro siempre está en crisis”.