FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Oliver!

Autoría Lionel Bart

Notas de autoría Basado en la novela de Charles Dickens Oliver Twist

Dirección Lionel Bart

Elenco Peter Barlett, Barry Humphries, Marti Webb, Leslie Stone, Artful Dodgers

Escenografía Sean Kenny

Notas La autora comenta la obra escenificada en Londres y define la labor del escenógrafo en general

Referencia María Luisa Mendoza, “La comedia musical ¡Oliver!, en Londres”, en El Gallo Ilustrado, no. 284, supl. de El Día, 3 diciembre 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La comedia musical ¡Oliver!, en Londres

María Luisa Mendoza

Vamos al teatro en Londres. Sí, vamos al teatro y vamos a todas las taquillas de los teatros y en todos nos dicen que los boletos están agotados un mes. La gente va a la hora exacta, con elegancia sin igual y una parsimonia inglesa si son nativos o copiada de los ingleses si son turistas. Londres hierve en la escena de cada teatro atestado. Nosotros, hippies mexicanos vemos entrar con envidia a los demás y pensamos en nuestros teatros, a los que hay que empujar materialmente a la gente para que mire el muy buen teatro, ni hablar, que se hace en nuestro país. Y meditamos que en México solamente las obras facilitas tienen un público asiduo y burgués, y que aquellas grandes, hechas con el amor de la palabra y el pensamiento, apenas duran en escena lo suficiente para que los que vamos al teatro también por amor, las veamos.

¡Oliver!, comedia musical que lleva ¿once? años en cartel con once niños que han hecho el delicioso melodramático papel protagónico de Oliver Twist, de Dickens, que se filmó hace años y que, adaptada por Lionel Bart, es el éxito londinense. Y lo merece.

La comedia musical, tan norteamericana, tan de la raíz del music hall, de Inglaterra tiene allí una solidez asombrosa por el nervio y el ritmo que se le sabe imprimir a todo género teatral. Desde nuestra galería vimos ¡Oliver! y gozamos la vida, la escenografía rápida y tan hermosa, tan fiel a la tenebrosa penumbra de los bajos fondos que vive miserablemente ese niño hermoso que es Oliver. Hoy Peter Barlett, igualito al niño Claudio Isaac, cantando, bailando, musitando, elegantísimo en cuanto encuentra al abuelo rico, adorable en su recorrido del matrimonio cruel al deleitoso sinvergüenza Barry Humphries, una especie de maestro de ladrones de La ópera de 3 centavos. Actorazo en Humphries, en su personaje estilo Shylock, todo él bordando con ropajes apropiados la astucia elegante y desgarrada del rey del pillaje, inocentón, querendón de niños a los que degrada con el robo enseñado y calienta a su vez con un afecto paternal de hombre solitario y bueno. Humphries consigue una interpretación tan viva que logra el milagro rarísimo de la comedia musical, que es meter al público en el tema sin distraerlo, sacarlo del mismo con las canciones, los números bailables. Barry Humphries es así uno de los más grandes actores ingleses aunque haya nacido en Australia. Por cierto que Humphries vive junto, next door a Christopher Fry... Esto es dato de vida, pero, ¿cuál otro es más interesante?

Marti Webb es la Nancy en cuestión y demuestra su joven gran categoría de vedet completísima. Oliver ahora lleva en el reparto al niño Leslie Stone en el papel del amiguito Artful Dodgers, y es el noveno niño que toma parte en la obra. Unos veinticinco chicos más son el coro de desarrapados simpatiquísimos que giran y alegran las tablas decoradas por Sean Kenny en la grandeza de una escenografía que deja a uno admirado de las mutaciones rapidísimas y la maquinaria que la hace moverse con una celeridad increíble. Hay todos los recursos del teatro moderno: bajan del telar piernas a montones, suben, entran carros en "Jack Nife", salen, gira un escenario al centro con rampas, escaleras, puentes. Y todo esto lleno de una utilería exacta y perfecta iluminada a todo volumen, a media luz, en cualquier color del día, con spots selectivos, toques de luz, cenital, etcétera. Y presente, como comedia musical que es, el spot que sigue al cantante en ciertas arias y desaparece, no distrae, no se mira, pues, que es lo que la escenografía en sí debe aspirar: a estar presente sin estar... Ya una vez dije que la escenografía es el valet del teatro, que sirve el agua y abre la puerta, sirve como sirviente sin llamar la atención jamás. ¡Oliver! en Londres es delirio escenográfico, una lección de una obra de pobreza puede ser obra de lujo.