FICHA TÉCNICA



Título obra Con la frente en el polvo

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Rafael Banquells

Elenco Luis G. Basurto, José Baviera, Magda Montoya

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Ofelia

Referencia María Luisa Mendoza, “Basurto y la conciencia”, en El Gallo Ilustrado, no. 283, supl. de El Día, 26 noviembre 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Basurto y la conciencia

María Luisa Mendoza

El teatro en su infinita serie de caras, prisma espejado, ha expuesto en mil tonos distintos el terrible problema de la conciencia en un momento dado, que puede ser instantáneo o largamente luchado en toda una vida. Diálogo es el arma para exponer la talla interior de un hombre. De Becquet, de un Thomas Moro, de un Falstaff, una Madre Coraje, y hoy de un obispo basurtiano bien estructurado por su autor.

A Luis G. Basurto le preocupa profundamente, como hombre contemporáneo inteligente, el problema del alma y de la fe. En múltiples ocasiones ha planteado el proceso de angustia que es buscar a Dios, pero nunca había logrado un personaje tan entero como este sacerdote mexicano a punto de convertirse en cardenal. La cercanía del nombramiento lo empuja a una atroz y despiadada toma de conciencia, a una comprobación veraz, de su verdad ante sí mismo.

Entonces Basurto escribe la obra Con la frente en el polvo diálogo entre un párroco humilde y un príncipe de la Iglesia, diálogo que en momentos largos se convierte en monólogo que el mismo autor dice ya en su papel de humilde y soberbio católico. Y vemos con asombro que Basurto está excelente en el escenario, que es dignísimo completo hombre de teatro, que al escribir está pensando ya en todas las posibilidades de un escenario, de actor, de un director.

Y así como su personaje es soberbio –y por ello mismo es más respetable su humildad al colocar su frente en el polvo, como la humilla todo sacerdote que es consagrado para Dios– también hay soberbia en haber escogido como un antagonista, por decirlo así, a un José Baviera, ese actorazo premiadísimo que a su lado caracteriza el silencio y la bondad del sacerdote que se entregó a su vocación sin mayor deseo mundano que el de servir a Dios y al hombre, en la mayor miseria. Solamente estos dos actores podrían haber conseguido, en el Ofelia la apretada atención de la concurrencia, porque conforman una pareja contrastante llena de humanidad, y bien sabemos que en teatro y en cine uno de los elementos que está ausente con frecuencia es ese de la humanidad.

No sólo Basurto se atrevió a pelear en buena lid con Baviera sino que un personaje peligrosísimo en el teatro realista: la figura de una madre materializada en la escena por la angustia del protagonista y que en cine es muy fácil, y en teatro eriza de peliagudos peligros, pues cuenta sólo con la magia de la luz, de un pobre spot, y de la música. Así y todo, Basurto consiguió lo que quería porque dibujó la memoria de una trayéndola al escenario y le entregó el terrible problema a Magda Montoya, que en la expresividad de su técnica de bailarina, consigue darle un matiz seguro a cada sentimiento de esa mujer quebrada por el arrepentimiento. Es un peligro, ya se dijo, un personaje onírico o imaginativo en escena, un peligro que puede caer en la cursilería. La señora Montoya personifica a esa mujer con mucho sentimiento y vuelve, el escollo, un triunfo.

De las obras basurtianas esta es tal vez la que posee mayores ambiciones y es también la más profunda de Luis. Plantea y resuelve a su personaje llenándolo de problemas humanos, de actitudes reales ante el desenvolvimiento de su Iglesia, de opiniones valientes, y en la lucha por no perder a Dios está la más grande piedra de toque de Con la frente en el polvo. Dirigida por Rafael Banquells y escenografiada por David Antón.