FICHA TÉCNICA



Título obra Te juro Juana que tengo ganas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Xavier Rojas

Elenco Emma Arvizu, Braulio Zertuche, Ricardo Fuentes, Lola Tinoco, Lupita Quiroz, Enrique Muñoz, Mariela Flores

Escenografía Octavio Campo

Referencia María Luisa Mendoza, “Te juro Juana que tengo ganas”, en El Gallo Ilustrado, no. 281, supl. de El Día, 12 noviembre 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Te juro Juana que tengo ganas

María Luisa Mendoza

Si hay alguien apropiado, propio y que maneje como propia la farsa, es Emilio Carballido. Este muchacho flaco y talentoso tan faciente y tan próspero, tan lleno siempre de escritos que publica en novelas, obras de teatro o artículos, vuelve por las suyas, en Te juro Juana que tengo ganas.

El teatro de Carballido es la provincia, y esto no significa una revelación sino simplemente una circunstancia obsesiva y fructífera, porque siempre se derrama en anécdota y diálogo que nos es afín a los mexicanos, todos o hijos de tierra adentro o con una educación capitalina basada toda en las leyes estrictas del interior de la República, municipal, ya sabemos espesa, íntima y devota, etcétera.

Esta garra española-porfiriana tradicional y que mantiene unida a la familia-patriarcado ante los demás, y matriarcado en el seno del hogar, solamente es soportable de mirar en el tono delicioso y satírico de la farsa, que da comezón, graciosa inquietad, que devela caricaturizando y ataca por lo sano lo más insano.

Basado el título en un verso de letrilla traviesa que casi antiguamente ya, se cantaba en parrandas estudiantiles, conserva ese sabor de lo pasado pecaminoso con ingenuidad. Así y todo Carballido insiste en el barroquismo de las situaciones que va enredando con gran sapiencia. Es esta farsa la historia de Juana; Juana clásica señorita ridícula y encantadora, pasadita de años heroína de esas estampas art nouveau en donde vemos a una sirena emerger de entre lirios y listones caóticamente soñadora. Con ella el viejo también estruendosamente ridículo padre, vate por naturaleza, maestrísimo y esperanzado merecedor de un "busto ecuestre" tan feo como el de Hidalgo que dice Juana hay en la plaza de su pueblo. 1919. Para esto, Emilio plantea el sexo pecaminoso en cada cuarto de la casa, pero tan en el chiste, tan desprovisto de vuelo, que pinta como se puede en momento dado aposentar en el suelo lo que mueve las montañas en el arte. En fin.

Tres actos que el público aplaude con placer en esos llenos que atraen la sorpresa y que empiezan a ser consecuentes con el apellido Carballido. Tres actos para una actriz que vuelve por sus muy fueros: Emma Arvizu. De la Arvizu todos nos acordamos de ella en un papel –actriz de una pieza, la llamaron–: la Margot adorada de Gigoló (era la vedet adorable y coscolina que dirigiera Víctor Moya con fruición hace... ¿qué?... ¿dos años?) Allí Emma dejó una huella en su matiz para las frases que muchos juzgaron no iba a poder superar. Hoy hace una nueva creación que poco tiene qué ver con aquella cortesana de vodevil. Reprimida por Xavier Rojas logra ser absolutamente la Juana de México y se conquista de un jalón a toda la concurrencia.

Con ella una revelación: Braulio Zertuche, un jovencito que vive al estudiante becado Estafador Vera (nombre que Emilio encontró en una lista de mineros del año del caldo). Zertuche, simpatiquísimo puede con el paquete que es hablar al revés todas las palabras imitando a los angustiados tartamudos por temor. Este ahínco va a dar más sorpresas y es, lo dije, una revelación, ni hablar. Como es un placer la exageración de Ricardo Fuentes, la prosopopeya que aquí le queda al dedillo al maestro Diógenes Feria. Lola Tinoco, nuestra sufrida madre mexicana, es la criada, la nana de antes, la del fogón y la sentada en la sala, la atrevida fiel, queridísima sirvienta del pasado. Está Lola excelente. Preciosa y también exagerada cual debe de ser, Lupita Quiroz, una Lolita de pueblo. Pudibundo, muy muy bien en su lagartijo dijéramos, en su roto interesado Enrique Muñoz. Y para terminar, Mariela Flores en el perfil de la maestrita con pasado, y además guapísima.

Xavier Rojas tuvo a su cargo la dirección que metió en un tenor saltarín y que corresponde, a mi parecer, al requerido por la farsa, lo cual es de felicitarlo a todas luces. Y colaboró con él ese magnífico artista celayense que es el escenógrafo Octavio Campo.

Bravo a la Juana, muchos aplausos. Véala. Véala. Véala. Teatro mexicano para servir a usted.