FICHA TÉCNICA



Título obra Los dos gemelos venecianos

Autoría Carlo Goldoni

Dirección Luigi Squarzina

Elenco Alberto Lionello, Camilo Milli, Silvia Monelli, Marzia Ubaldi

Escenografía Gianfranco Padovani

Grupos y compañías Teatro Stabile di Genova

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia María Luisa Mendoza, “Comedia dell’arte a la carta”, en El Gallo Ilustrado, no. 266, supl. de El Día, 30 julio 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Comedia dell'arte a la carta

María Luisa Mendoza

El Teatro Stabile di Genova se presentó en el Palacio de las Bellas Artes y sacó de sus casillas de seriedad al montón de momias que por lo general se aposentan en las puestas en escena de grupos extranjeros que nos visitan de vez en vez. No se trataba aquí de suspirar con dramatismo al ver a un actor desgarrarse las vestiduras, sino de reírse a mandíbula batiente bien aireados y destrascendentizados al mero y único y genial estilo de la Comedia dell'arte, al estilo de la carcajada franca del siglo XVIII, cuando el teatro era para el pueblo pueblo, pueblo sin televisión, y teatro para la nobleza como una raya en el agua. Teatro increíble éste, clásico, teatro de brusquedades, de exageraciones, de buena cepa tablística. En él hay, realizados, cristalizados, todos los personajes de los grabados de nuestros libros de estudio. Arlequín, Pierrot, Colombina, el tutor, el hostero, el criado, la virgen, el cura, el villano, etcétera. Prototipos pues de la historia del arte.

Este teatro maravilloso puso Los dos gemelos venecianos que es, ya se sabe, una especie de comedia de las equivocaciones causadas por el parecido extraordinario de unos hermanos que no se conocían y que se encuentran en Verona accidentalmente en busca de sus respectivas prometidas.

Los dos gemelos venecianos, (incorrectísimo título por tragar, original de Goldoni, el cual debería ser Los gemelos venecianos, porque si no se queda en simple pleonasmo, a pesar de Carlo) (en México sería "Los cuates venecianos") es una farsa con permiso para improvisaciones y con canciones incluidas en el momento exacto del deleite. Esta improvisación genial que Goldoni (1707-1793) tuvo a bien frecuentar en su obra sobre todo la de su primera época, permite la frescura y el desparpajo en los actores, la satanización grandilocuente y la licencia de interrogar al público, comentar con él en apartes regocijantes y hacerlo partícipe de un retrato de las costumbres de su tiempo subrayado por la comicidad y la burla a la que era este genio veneciano tan afecto.

Don Carlo Goldoni, el de la perfecta La locandiera, estaría complacidísimo de esta gemelada [sic] que ha recorrido el mundo entre aplausos para ella y para sus clásicos maravillosos intérpretes miembros del Teatro Stabili di Genova y dirigidos por Luigi Squarzina, que entre sus cualidades de brillante director tiene la premiada de autor dramático, y en quien se ve el humor desatado e irrespetuoso de aquel que domina todos los géneros y a nada le tiene miedo.

Y está allí Alberto Lionello, en el papel doble de los cuates, el zonzo y el cortesano, el bueno y el abusador, los cuales materializa fantásticamente llegando en una escena al virtuosismo de pasar por dos metros cuadrados y ser Zanetto volver a salir por el principio y ser Tonino, el primero con sombrero y el segundo con paraguas. Al final de su proeza pide al público el aplauso muy bien ganado. Actor lleno de movilidad, de encanto, de carácter y de gracia inalcanzable, un Vittorio Gasman de bolsillo, sin enojar a los dos grandes que hemos conocido en Bellas Artes.

Allí Camilo Milli, el Tartufo de costumbre, el enamoriscado anciano, el insustituible gordo de los siglos escénicos pasados. Y las bellas Silvia Monelli y Marzia Ubaldi, las novias en cuestión. Todos con el canto y el baile de sus compañeros partiquinos y acróbatas, grandes actores en mínimos papeles.

Con la escenografía hermosa y además funcional al grado que cada área tiene mil significados, resuelta con cortinas corredizas, pasillos fijos y postes que son todo, en el delirio del gran escenógrafo profesional que es Gianfranco Padovani quien se merece una ovación por esta obra maestra de la técnica escenográfica.