FICHA TÉCNICA



Título obra La noche de los asesinos

Autoría José Triana

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Roberto Dumont, Beatriz Sheridan, Marta Verduzco

Escenografía José Luis Cuevas

Referencia María Luisa Mendoza, “La noche de los magníficos asesinos”, en El Gallo Ilustrado, no. 264, supl. de El Día, 16 julio 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La noche de los magníficos asesinos

María Luisa Mendoza

Con La noche de los asesinos, que escribió el joven escritor cubano José Triana, muchos triunfos se suman a su alta calidad dramática: la del director, la de los actores, la del escenógrafo y la del público que pudo aquilatar tantas excelencias con la buena fe de quien sabe que de antemano va por buen pie.

José Triana sufre el embate de muchas influencias a las cuales les da la bienvenida, no las niega o se avergüenza de ellas puesto que tiene la maravillosa disculpa de la juventud. Se le ven a leguas Beckett, Genet, y Sartre entre otros, pero no importan porque al final el trazo firme, madurote, profesional de Triana salva cualquier obstáculo memorable o recordable, que no sea el suyo propio.

E igual que difícil es manejar muchos personajes en escena, dificultoso y arduo el fijar el digamos triálogo alrededor de un mismo penoso e insoportable tema: la figura de los padres monstruosos, agrandados en el rencor, vueltos grotescos o crudelísimos gracias al puro uso de los lugares comunes que agobian a todos los padres nuestros de cada día. Porque cualquier memoria cercana, de la que únicamente se recuerdan los hechos que nos han traumatizado no una vez sino trillones al través de los años al lado de nuestros progenitores demasiado protectores, demasiado aparentemente benévolos, puede con una lógica absoluta conducir al trastrueque del amor que es ese odio tan en primera instancia doloroso.

Entonces los hijos, esos hijos minimizados y cargados con la impotencia, esos hijos de Triana, se reúnen en una especie de análisis negro de sus problemas filiales a amasar también con odio amoroso sus graves neurosis y sus insalvables esquizofrenias.

Este espanto requiere la actuación de titanes, y de dioses jóvenes que puedan meterse en los perfiles de Lalo, Caca y Beba para correr, golpearse, cantar, destruirse materialmente en escena con batallas y luchas de furia encendida, llorar y provocar en el público ese estupor que Roberto Dumont, Beatriz Sheridan y Marta Verduzco dejaron caer como lluvia oscura la terrible noche de estreno, La noche de los asesinos.

Es una especie de largo viaje del día a la noche entre unos hermanos que ensayan, que se preparan, que se dan valor para asesinar a sus padres. Cada uno en la palestra para saber cuál es el que va a poder con ese hecho formidable y contra natura.

Los tres actores subieron muy alto, cada uno sobresalió muy alto ¿cuál fue el mejor?, sería injusto decirlo si uno lo hubiera descubierto. Porque la Sheridan sobrepasó la pasión para llegar al virtuosismo, porque Dumont llegó a ser un verdadero monstruo dramático, porque la Verduzco estuvo también más allá de la altura que pide el método dolor.

Juan José Gurrola fue el amoroso director lleno de ritmos, de detalles pavorosos, de avances en el arte de sacar la enfermedad a flor de piel en los intérpretes.

Y José Luis Cuevas realizó una muy impresionante escenografía oscura, tan oscura que iba bien con el tema y a veces tan oscura que fallaba en la iluminación de áreas de actuación claves.

Gran noche asesina que usted debe ir corriendo a aplaudir. Y un saludo al nuevo dramaturgo de América Latina, a José Triana a quien se le desea una larga y fructífera vida en esta América inmortal.