FICHA TÉCNICA



Título obra Malditos

Autoría Wilberto Cantón

Dirección Rafael Banquells

Elenco Dina de Marco, Carlos Navarro, Angelines Fernández, Roberto Guzmán, Mayté Carol, Magda Giner, Gloria García

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia María Luisa Mendoza, “Malditos ingenuos”, en El Gallo Ilustrado, no. 262, supl. de El Día, 2 julio 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Malditos ingenuos

María Luisa Mendoza

Ponerse a resolver a estas alturas quién es Wilberto Cantón resulta obvio porque Wilberto Cantón es un dramaturgo unido al teatro mexicano desde su inicio de juventud todavía en florecimiento, porque Wilberto Cantón es un periodista que ha laborado en la tarea hace muchos años, porque su trabajo como crítico teatral también tiene ya una larga cadena de sucesiones y aciertos.

A Wilberto Cantón le prohibieron las autoridades pichicatas su comedia Malditos en regímenes pasados que estaban entercados en preservar la moral de las masas como si las masas fueran al teatro y como si con la denuncia se exacerbara el vicio en lugar de detenerse. Malditos no pudo llevarse a escena en el Distrito Federal y sí en cambio en la provincia tierra adentro en donde por lo visto había más criterio.

No es el caso tampoco de ponerse ahora a decir que las autoridades han cambiado porque la prohibición reciente a la contundente y sensacional obra de Harold Pinter La vuelta al hogar acaba de recibir una nueva flamante prohibición de escenificarse por ser, según los lectores aconsejadores, "grosera". En fin, Malditos, no obstante este criterio tan difícil de echar abajo al través de los siglos ha sido eximida de su castigo y conocida por el grueso público en las tablas del Virginia Fábregas.

Evidentemente la pieza atraerá el interés del público asiduo a esa sala, acostumbrado a una facilidad de mensaje digerido. Cantón probará las mieses del éxito económico pero no añadirá a su trayectoria de dramaturgo, conocedor absoluto de las obras teatrales más bellas e importantes del mundo, un laurel más.

Porque Malditos está concebida con una ingenuidad joven que conmueve y revela, ella sí, la bondad de su autor y su lejanía de las fallas de esta juventud de hoy tan distinta de la de hace diez años o menos. La juventud contemporánea peca de otra manera y con otros medios, por ejemplo, la mariguana ha sido desplazada por el LSD y el amor físico es ya muchísimo más plausible y lógico que antes porque la educación sexual ha rendido ya sus frutos de prevención gracias al planeamiento familiar por medio de la química en píldoras, etcétera.

Malditos tiene algunas escenas no motivadas como es la duermevela de los jóvenes junto a un departamento en el que más tarde toman el desayuno juntos, o el robo dificultoso y lleno de suspenso de veinte pesos de la bolsa de una sufrientísima madre dolorosa, bolsa que más tarde queda al alcance de los raterillos sin otro testigo acusador. También las escenas de stripteasse son inocentes juegos de irresponsables chamacos rebeldones de la década de los cincuentas. Los tipos teatrales de Malditos están, por consiguiente, muy exagerados, la progenitora cómplice y ciega, la prostituta buena en el fondo, el maestro lleno de máximas que a cualquier edad son aburridísimas de oír sobre todo con tanta insistencia (un personaje pleno de buenas intenciones y descubrimientos más allá sublimados a la fecha, en la que el sicoanálisis y la verborrea freudiana es ya pan comido de los muchachos). Cantón quiso rejuvenecer su obra con alusiones al presente sin conseguirlo, y la fijación del ambiente por medio de nombres de periódicos y revistas no logra sino el achabacanamiento del estilo. Los muchachos rebeldes, unos son buenísimos, otros torcidícimos y así... al final resultan víctimas de la incomprensión de los padres y del medio ambiente, de la ignorancia y la miseria, etcétera.

Dina de Marco es una linda mariposa blanca que convence con su presencia y su talento, Carlos Navarro en su gris personaje no tiene a la mano ninguna posibilidad de sobresalir y se limita a cumplirlo. Angelines Fernández también ceñida a su papel de tonta pretenciosa. Se ve mucho por su talento Roberto Guzmán, Mayté Carol, Magda Giner, por su juventud, y Gloria García por su mesura.

La dirección de Rafael Banquells se siente desmesurada y apenas ceñida al tema, con el ritmo debido pero ninguna brillantez. David Antón realizó la escenografía que debió ser tan deprimente como lo fue.