FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre un entremés para posadas que refiere Enrique de Olavarría y Ferrari en su Reseña histórica del teatro en México

Referencia Armando de Maria y Campos, “Un entremés para las "posadas" se representó en 1790. Las "posadas" se celebran en México desde el año 1559”, en Novedades, 22 diciembre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Un entremés para las "posadas" se representó en 1790. Las "posadas" se celebran en México desde el año 1559

Armando de Maria y Campos

El erudito Luis González Obregón afirmó que las "posadas" navideñas se empezaron a celebrar en México a principios del siglo anterior, basándose en unos documentos que halló y que se refieren a "posadas" celebradas en 1808 y 1818. Tal cosa declara en su jugoso libro Vetusteces, pero Enrique Olavarría y Ferrari cuenta en su Reseña histórica del teatro en México, que tuvo en su poder "un entremés para `las posadas'", representado en 1790. González Obregón liga la costumbre de celebrar "posadas" durante la Navidad con la de representar "coloquios" alusivos por esas mismas fechas. El teatro camina de bracero, como en todas las grandes tradiciones de la humanidad, con la costumbre de celebrar "posadas" del 16 al 24 de diciembre. José Avilés Ramírez, en reciente artículo sobre "Posadas y nacimientos", asegura que "nuestras `posadas', acompañadas o no de `coloquios', datan –a mi juicio, dice–, del solsticio de 1559".

Lo cierto es que el de Olavarría, el más antiguo documento de alguna representación teatral de pieza escrita expresamente para la de "posadas", llamándolas así y no con el nombre con que estas mexicanísimas fiestas caseras son mencionadas en muchos documentos y crónicas, el de "jornadas". En el original que poseyó Olavarría y Ferrari, y que probablemente conservan sus herederos, que celosamente mantienen la biblioteca del gran historiador de nuestro teatro en el mismo sitio, y como la dejó, en que se hallaba al partir el deudo querido, figuran los siguientes personajes: Pascual, indio; una moza; un monigote; Juan de la Cruz, indio; Candelaria, india, y Encarnación, india. No conozco el original íntegro, sólo fragmentos que publicó Olavarría, pero éstos son suficientes para darnos una idea del argumento de esta pieza. Todos los personajes hablan en jerigonza ininteligible, y aunque se hace alusión a que alguno lo hace en "lengua castilla", la verdad es que todos producen un hablar enrevesado, que suena a lenguas mexicanas, compuesto de palabras castellanas curiosamente deformadas.

El indio Pascual se presenta al público: "He sido Gobiernador, agora alcalde parado". Y da detalles: "No soy indio carbonero; lo soy algo españolado". Explica su origen: "Por so lado de mi agüela soy noble, no hay que dodarlo. “Por so lado de mi pagre no tengo de que contarlo, porque lo era un buen persona, pues luego luego lo ahurcaron". Hijo de madre mexicana noble y de español aventurero, y como hijo de tales, "soy un poco estodiantado. Lo entiendo estodiar las loas sin decir desatinados". Y para probarlo, canta un villancico en honor de los santos peregrinos.

En seguida viene una discusión entre Pascual y una moza de la casa, que hace precisa la intervención de Monigote, para calmar los ánimos. Concluida ésta, los indios mezclan la devoción con el apetito, y el pulque, indispensable en todo jolgorio en que intervinieran éstos. La india Encarnación pide a la Virgen Santa la lleve al cielo, prometiéndole dejar en este mundo la bebida que producen los magueyes:

Te soplico con anhelo
que a todos, todos, toditos,
nos juntéis allá en el cielo,
quedando el pulque en su calma,
no lo persiga el topile,
mas que lo pierde el huepile
como no lo pierda mi alma;
no se lo lleve la palma
el diablo, con so caverna;
te lo pido, José tierno,
por vida to mojercita,
no lo muere con la pita
y me lo lleve al infierno.

El indio Pascual interviene, y dirigiéndose a la Virgen y a San José, pide por él y por su mujer Candelaria:

También pedimos los dos,
yo Piscual y mi mojer,
que no nos dejéis beber
por ser on bebida atrós
el polque, porque, Señor,
tarantado muero yo,
y me lo dice un mochacho
que si la doy en borracho
el diablo me lo llevó,
Cate ostied aquí acabada
la fonción de la Jornada...

El "entremés" concluye cantando todos un villancico, después de haber recitado todos juntos, en coro, los versos con que invitaban al público a sumarse al regocijo de esa noche.

Y así digan todos
con suma alegría
que aquí siempre asistan
Josef y María
Festejen y aplaudan
en aqueste día
la Posada hermosa
de Josef y María.

Los personajes inician un breve desfile por el escenario y hacen mutis cantando:

Ángeles y arcángeles,
venid y cantad
hoy en la Posada
que hay en mi corral.

Muchos años después el erudito don Luis González Obregón vendría a decir que si bien "la costumbre de hacer en estas nueve noches las fiestas caseras llamadas `posadas' es esencialmente nacional", "aquí no se celebraron `posadas' sino hasta principios del pasado siglo" de acuerdo con una noticia que halló en el Diario de México del sábado 17 de diciembre del año del Señor de 1808, en la que por orden del virrey, Excmo. señor don Pedro Garibay y a solicitud del Ilmo. señor arzobispo se deben evitar "los coloquios, y las jornadas o funciones que en estos días se tienen por las noches en casas particulares, con cuyo pretexto hay desórdenes, bayles y otras diversiones incompatibles con la veneración que exigen los santos misterios del presente tiempo".

Pero... el entremés Las posadas, que Olavarría y Ferrari tuvo en su poder y que es objeto del presente comentario, contradice a González Obregón, fijando la costumbre mexicana de celebrar "posadas" durante las ocho noches que preceden a la Navidad, y en ésta inclusive, desde el 16 hasta el 24 de los meses de diciembrede cada año, por lo menos 28 años antes de la fecha en que está situada en el sabrosísimo libro Vetusteces de autor de México viejo.