FICHA TÉCNICA



Título obra Se compra sabio

Autoría Ira Wallach

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Guillermo Zetina, Rosa Furman, Emilia Carranza, Andrea Palma, Héctor Bonilla, Héctor Andremar

Escenografía Julio Prieto

Referencia María Luisa Mendoza, “Se compra deleite”, en El Gallo Ilustrado, no. 247, supl. de El Día, 19 marzo 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Se compra deleite

María Luisa Mendoza

Esta muchacha Maruxa Vilalta es una buena. Lo hemos dicho, lo he dicho, tantas veces que ya hasta parece la mera verdad. Porque escribe, y muy bien; dirige, y bien, y a la mejor y hasta actúa por ahí en sus ratos de ocio. Y cuando escribe Maruxa lo hace en el terreno de la investigación y el arte, no se concreta muy mona a escribir paparruchadas más viejas que el aire de Juárez, sino que entra al laboratorio ingrato del teatro de vanguardia, ese que tanto enoja a los viejecitos, viejecitos que por otra parte llenan de elogios a Maruxa porque no pueden dejar de inclinarse frente a esta muchacha dramaturga de esta su casa. Y cuando dirige tiene la atingencia de saber escoger obras que, buenas y correctas, son además divertidas e inteligentes.

Como esta comedia Se compra sabio (The absence of a cello) de Ira Wallach. Es la historia de hoy tan común, de cómo una gran empresa norteamericana envía a París a un propio a contratar a un sabio que debe llamar una serie de chistosos experimentos burocráticos que conforman el prototipo del empleado de empresa norteamericana aquí y en China. O sea: la obviedad burguesa, la estulticia y el respeto a los gerentes, subgerentes, directores y demás amos del dólar.

El sabio es una especie de Einstein muy bien protagonizado por Guillermo Zetina. Pero como este sabio toca el chelo pues esto impide su participación en las grandes ganancias empresarias, pues al final de cuentas, ¿qué es sino un chelo el símbolo de la pérdida de tiempo que es money, money?

Zetina hace como siempre una creación y la logra perfectamente matizada. Lo acompaña Rosa Furman como su mujer. Rosa tiene tanta personalidad que al iniciarse la comedia temimos que se hubiera propasado en el temperamento sobre la directora y sobre sus compañeros. Pero al correr de los actos Rosa se queda en su papel de esposa fuera de serie con una propiedad que merece grandes elogios.

Discretísima Emilia Carranza y muy propia la joven María Wagner quien revela aquí sus dotes que por herencia es poseedora de buena actriz. Con ellas Andrea Palma retorna con ese encanto suyo tan delicioso. Andrea es un deleite en escena, es el gesto, la gracia, el buen humor, la insegura encantadora seguridad que la hace tan personal, tan buena trastabillante actriz. Andrea siempre deslumbra. Tiene en su rostro todo un largo repertorio de dulces adorables gestos. Andrea, que es el despiste de la acción, es el toque mágico de los repartos en los que figura. Yo entiendo muy bien que no llenaría los requisitos, por ejemplo, de los viejecitos exigentes, pero confieso mi inmensa debilidad por esta actriz incomparable, por esta dama honorabilísima que en la vida real es el sentido más alto de la humanidad.

Y por fin los dos personajes masculinos jóvenes: Héctor Bonilla y Héctor Andremar. El primero haciendo positivamente una creación de su personaje. Dándonos ya los frutos jugosos de su carrera (ahora volvemos a comprobar que Bonilla, con un buen director –gracias Maruxa–, es el actor joven que esperábamos) y el segundo en la mesura, la discreción y el ejercicio del papel difícil de la obra. Excelente Andremar.

La escenografía de Julio Prieto bella y propia. La dirección de Maruxa un éxito más en su carrera.