FICHA TÉCNICA



Título obra La madre Federico

Autoría Joaquín Calvo Sotelo

Dirección Rafael Banquells

Elenco Óscar Ortiz de Pinedo, María Conesa, A. Arriola, Magda Guzmán, Angelines Fernández, Gaby Fernández, Magda Ginerl, Teresa Mondragón, Rafael Anders, E. Díaz Indiano

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Insurgentes

Referencia María Luisa Mendoza, “La madre Federico Ortiz de Pinedo”, en El Gallo Ilustrado, no. 246, supl. de El Día, 12 marzo 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La madre Federico Ortiz de Pinedo

María Luisa Mendoza

No cabe duda que el ambiente monjil todavía le sigue atrayendo al mundo en general porque le permite asomarse por un rato (un rato demasiado largo en este caso) a los conventos con su plácido transcurrir fuera del tiempo entre rompope de la madre Engracia y dulces galletitas para vender en las tómbolas de caridad. Los conventos son en España lo que los conventillos en Argentina, florecen por todos lados como símbolo de un estado de cosas que ya no tiene remedio. Salvo Sotelo, claro, que tenía que escribir una comedia dentro de un convento, y la logró por la facilidad de su pluma y la suavidad del tema que no falla en cuanto se trata de madre superiora y desnudos alrededor. Violetitas en la corona blanca. Un convento en el hambre, con muchas monjas que votan, y dentro del mismo ámbito religioso bastante boquiflojo por otro lado (es que no es la obra de Bernanos, Port Royal) y generosamente simpático viviendo hacía unos veintisiete años, un hombre, un hombre que durante la Revolución Española defendió a las monjas en contra de los "rojos" porque él es hijo de sordomudos y las religiosas cuidan sordomudos. Es hombre bueno y noble, vive con ellas; ya se dijo, y se le llama madre Federico. Esta atingencia por demás cómica sirve para que Calvo Sotelo borde toda una chispeante situación, graciosísima. Ahora en el papel Óscar Ortiz de Pinedo.

Y decíamos que la gente estaba encantada en el Insurgentes con La madre Federico, riendo a mandíbula batiente cada puntada punteada en puntuación lenta que se le ocurría a Ortiz, de sus morcillas clásicas y su estilo alargado, colgado que hizo mucho más lentos de lo debido los dos primeros actos. A este saboreo muy efectivo para la risa, por otro lado, de Pinedo, contribuyó la voz y la manera de hablar ya muy dificultosa por la vocalización hacia el trémolo, de María Conesa. Y para acabarla de tender, otro calmado hablador lento fue A. Arriola en el tembeleque sacerdote conventual.

Rafael Banquells le dio, no se le puede negar, mucha gracia a la dirección, llenándola materialmente de gajes chistosísimos, bordándola de acción chisporroteante, pero dejando ir el tiempo a mayores. Si Banquells recorta un poco su dirección, su ritmo, La madre Federico va a ser un taquillazo.

Es una comedia ligera, clasicona, campechana, sin nada para conmover o hacer pensar (si no es la nostalgia que todo un público inocentón sentirá de una vida religiosa que quiso llevar en alguna perdida infancia de la época de la Conesa).

Y sí hace meditar en cambio en el teatro español tan todavía caduco y anticuado, tan todavía bien construido y obvio, tan alejado del tiempo actual, de la preocupación actual. No se trata aquí tampoco de que todo el teatro deba ser político, de denuncia, satírico, o por lo menos vivo, actual, moderno. Pero sí desde luego da qué pensar que aún Sotelo sea tan atrayente para que el gran público vea la lánguida existencia de tránsito por el mundo de un grupo de seres que no saben nada de nada (y baste citar a las dos hermanas jóvenes que suspiran por la radio que alguna vez oyeron a los quince años antes de entrar a su retiro perpetuo).

Así vemos a Magda Guzmán desperdiciada en su papel de benevolente, misericordiosa en ingenua inteligente madre superiora (siempre tan sonriente a los contratiempos, tan segura, tan clásica en su "todo lo sé" de las mujeres con mando religioso). A Ortiz de Pinedo exageradísimo pero nuevamente dando pie con bola en la intención de divertir por divertir. A Angelines Fernández en un perfil que se le va haciendo ya de costumbre, intransigente y feroz siempre. Y a un elenco simpático: Gaby Fernández, Magda Ginerl, Teresa Mondragón, Rafael Anders, E. Díaz Indiano, etcétera. Escenografía de David Antón, muy buena.