FICHA TÉCNICA



Título obra Los jóvenes asoleados

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Miguel Córcega

Elenco Sofía Álvarez, Polo Ortín, Alejandra Mayer, Carlos Riquelme, Miguel Córcega, Bárbara Gil, Xavier López Chabelo

Escenografía Antonio González Caballero

Coreografía Armando Pascual

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia María Luisa Mendoza, “Ni un clavo en clave de sol”, en El Gallo Ilustrado, no. 243, supl. de El Día, 19 febrero 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Ni un clavo en clave de sol

María Luisa Mendoza

Todos estábamos tan contentos... tan elegantes y tan cordiales... todos queríamos ver la nueva obra de González Caballero que es un muchacho guanajuatoso celayiento y, además de eso, un gran dramaturgo y si no ahí está Señoritas a disgusto y estuvo Una pura y dos con sal que no era tan buena pero era... Estábamos en la felicidad porque además se iba a inaugurar Caballero el hermoso contemporáneo vital y nervimelódico [sic] género de la comedia musical, muy mexicana decía.

Todos estábamos de gala en el nuevo teatro Reforma que no es el más bonito de México pero que ahí se va, aquel teatro de donde se pusieron muchas obras hace años, como Moctezuma II con López Tarso –de las famosas– y otra que creo que se llamaba Después de la función, de Horacio Basáñez y en donde quien esto escribe ya sin felicidad, hizo su primer trabajo de escenógrafa.

Pero la felicidad nos desapareció porque Los jóvenes asoleados, fantasía musical en 2 actos es el aburrimiento a oscuras, la absoluta carencia de gracia, estructura, ritmo y talento. Son dos eternos actos con el error primordial de estar versificados y mal... y si a don Rodolfo Usigli en aquella malhablada Corona de fuego se le rechazaron sus versos ripiosos ¡hágame usted favor si no se van a tachar de espeluznantes los de González Caballero que aunque quiso que fueran graciosos o irónicos o satíricos nada más no le salieron!... porque es muy fácil hacer versitos de la nada, lo importante es que funcionen dramáticamente, y en esta Fantasía a Caballero le fallaron a pleno sol. No hubo sol ni sal ni nada. Revolvió en una anécdota de playa un buen montón de personajes mitológicos que aburren de sólo nombrarlos si no los nombran los griegos, y puso sus jóvenes actores a vestirse de a gogós, de inditos, de millonarios, de empleados de Televicentro, de cuanto hay. Y entre todos se salvó un personaje: el de Sofía Álvarez que era el más convincente y chistoso por exagerado y porque ella en lo personal le dio la categoría de personaje de veras.

La estrella de la noche fue la señora Álvarez, los demás se borraron y a veces uno que otro se hacía ver, como Polo Ortín de primera comunión de tan joven, o Alejandra Mayer con muchas tablas. Los demás ni chicha ni limonada. Carlos Riquelme olvidadizo y pesado, Miguel Córcega lleno de calzones blancos sin dar nada de su categoría de actor ni tampoco su esposa Bárbara Gil que es una gran actriz cuando tiene obra –recordemos Muchacha de campo. Por allí Chabelo sin creer que es galán ni hacerlo creer. Y tres niñas bonitas, y varios bailes sin chistes a cargo del coreógrafo Armando Pascual, y una escenografía muy modesta que estorbaba y no funcionaba del propio Caballero que es muy buen pintor pero que aquí no nos gustó nada como escenógrafo, y una grabación musical o de voces que no entraba a tiempo. Y etc.

También falló mucho la dirección, eso que ni qué lo cual nos extraña mucho en vista de Salpícame de amor, aquella joyita musical de Héctor Mendoza que Córcega dirigió tan espléndidamente en tiempo pasado. Con los asoleados nada más no dio una, se le perdió la gente en escena, no pudo o no quiso recortar infinitas canciones, colgadísimas escenas, diálogos de largura sin igual, lo que dio como resultado un inacabable espectáculo escolar. El experimento de Caballero al tratar de introducir música mexicana –lo nuestro telúrico profundo y constitucional– a la comedia musical adorablemente libre y viva, fue un fracaso rotundo. Sería interesante tratar de seguir con el género hecho en casa –como aquellas Rentas congeladas de Sergio Magaña que se vinieron abajo en escena también– y ver cuándo vamos a darle al clavo con la clave de sol. Por ahora no. Lo siento.