FICHA TÉCNICA



Notas La autora comenta las nominaciones de la Agrupación de Críticos de Teatro sobre lo mejor del teatro en 1966

Referencia María Luisa Mendoza, “Alexandro no existe”, en El Gallo Ilustrado, no. 239, supl. de El Día, 22 enero 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Alexandro no existe

María Luisa Mendoza

La Agrupación de Críticos de Teatro dio a conocer su veredicto final anual y total sobre la escena mexicana mejor en 1966. Si su poca salomónica decisión de premiar a quienes consideran sobresalientes tiene mutis de aplauso lo dirá el tiempo, el tiempo a continuación del lapso, de la sorpresa causada, el estupor de contemplar una vez más y otra y así hasta el infinito los años la consuetudinaria negación a Alexandro, el director de origen chileno que vino a México con Marceau y aquí inició su carrera de hombre de teatro como director principalmente, adaptador, escenógrafo, actor, maestro de mímica, hacedor de actores, y animador de mil facetas dramáticas que han movido nuestras tablas con inquietudes, polémicas, búsquedas, fórmulas nuevas para los tlahuicas, viejas para los barceloneses, y que tienen en su haber una impresionante lista de triunfos y fracasos resonantes e inolvidables.

Alexandro no puede ser borrado así como así del año 66 como director de teatro. Allí están: Víctimas del deber, El gorila, El diario de un loco, El ensueño, Cruce de vías, Escuela de bufones, Las sillas, La señora en su balcón, y para terminar su incursión en la danza y el arte de las castañuelas bien temperadas con Sonia Amelio y su ballet en Bellas Artes.

Y están con él Carlos Ancira y María Teresa Rivas. Ancira ganador absoluto también hace muchos años del mejor actor durante muchos años, y sistemáticamente negado sin que los que contemplamos de fuera el otorgamiento de premios por los colegas críticos teatrales podamos entender bien a bien qué ocurre en el honorabilísimo y que debería no cerrar sus ojos al apoyo de los valores que dan lustre a la escena mexicana.

No se está tampoco en contra de todas las preseas ni mucho menos. Yo también hablo de la rosa, de Emilio Carballido no tiene discusión como la muy mejor obra teatral de autor de casa en el año pasado, ni Angelina Peláez revelación femenina. Pero hay muchos renglones en los que las lagunas ahogan toda esperanza. Por ejemplo en la escenografía, no se critica la que realizó David Antón para La tía Mame, que era dechado de funcionalismo pero, ¿se puede dejar a un lado la de Alejandro Luna para La trágica historia del doctor Fausto?, ¿o la del mismo Alexandro para Escuela de bufones?... ¿Y en la mejor actuación se puede olvidar a María Teresa Rivas en El ensueño? ¿A Marta Navarro en Don Gil de las calzas verdes?...

¿Y en cuanto al prestigiado premio Xavier Villaurrutia, por qué escoger la endeble puesta en escena de Tripas de oro y no mirar el espléndido equipo de los muchachos provincianos que aquí ofrecieron en el teatro Jiménez Rueda ¿Quién le teme a Virginia Woolf? ¿O El señor Puntilla y su sirviente Matti, que trajo al éxito el grupo Las Hormigas, también en el Jiménez Rueda?

En fin, también es imposible conceder laureles a todos, pero sí posible no ignorarlos anualmente...