FICHA TÉCNICA



Notas Balance de algunas obras presentadas en 1966

Referencia María Luisa Mendoza, “Yo también hablo del 66 (¡Sniff!)”, en El Gallo Ilustrado, no 235, supl. de El Día, 25 diciembre 1966, p. 2.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Yo también hablo del 66 (¡Sniff!)

María Luisa Mendoza

El teatro de México en el 66 que se nos fue no estuvo lo que se llama bien ni tampoco lo que se llama mal. Fue lo que las hijas reciben en maternal comentario “ni feo ni bonito: pasaderito”. Claro que con excepciones luminosas, joyas de oreja, de nariz, de tobillo.

Una de las cosas difíciles para quien esto escribe, más tediosas y todo lo demás, es hacer resúmenes de actividades anuales. Recordar es vivir dicen los clásicos, a mí me parece aburridísimo andar por allí recuerde y recuerde y dicte y dicte definiciones sin igual para la posteridad. Por eso no leo memorias ni biografías (a excepción de las y de los escritores par lui meme mexicanos de hoy, como la formidable que acaba de publicar Carlos Monsiváis), por eso no voy al teatro a ver una obra dos veces, por eso los artículos de remembranzas escénicas me hacen dormir el sueño de los justos. Pero en fin. Empecemos. La gatomaquia de Lope de Vega (collar de perlas y rubíes), preciosa dirección de José Luis Ibáñez. La tragedia de las tragedias o Vida y muerte de Pulgarcito el Grande, de Henry Fielding (tiara de Tiffanis para la Miss Mundo del Op, Pop, etc.) saltarina y juguetona manera de decir lo de ayer bien dicho y bailado por la magia de Juan José Gurrola. El Fausto de Marlowe (cohete a la luna donde Margarita astronauta besa a su amante sabio y diabólico vestido de plata) magníficamente dirigida por Ludwik Margules. Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina (desagravio de rosas de porcelana en un jardín español que surgió del mapa de la República Mexicana), que hizo gozar a los nuevos y que dirigió Héctor Mendoza. ¡Libertad... libertad! (especie de mitin político a colores con ritmos modernos y medallas de oro a la libertad de expresión), que puso Rafael López Miarnau en la loabilidad.

Alexandro repitiendo muchas cosas hermosas que había hecho antes en muchos teatros y con muchos actores y admirando a los locos que lo admiran con su vigorosa dirección de ¡Silencio locos trabajando! que por cierto inaugura la sección de los recuerdos ya del año finadito en referencia a los autores mexicanos, puesto que la obra es de Héctor Ortega, primeriza pero efectiva, de fuerte sabor humorístico pero tierna. Camerino de segundas que escribió Rafael Solana de un jalón en honor de Lupe Rivas Cacho (histórica figura de la farándula oropelesca y revolucionaria). Cuestión dé narices, de Maruxa Vilalta, obra de búsqueda y de ensayo, de rebeldía y de diseño modernista como los pendientes de las modelos de París. Yo también hablo de la rosa, que es la cadena de filigrana que harían en Oaxaca, la estilización de joyas prehispánicas para un México de hoy, el lenguaje y la sátira el doloroso feliz humor de la ira de Emilio Carballido en su madurez.

Y las rarezas del joyero, los concursos teatrales organizados asombrosamente por el INBA y por Héctor Azar, la malograda temporada dinámica y moderna del Teatro Urueta a cargo de Manolo Barbachano y Pixie Hopkin, divina, y Lucero Isaac maravillosa, y Nacho Méndez... Y en La Casa del Lago aquel El teléfono inolvidable de Menotti y Emilio y Emilia de Ernst Toch, y El corrido de Pablo Damián de Azar y tantas cosas importantes como las rosas que allí pasan con Juan Vicente Melo. Y el Mucho ruido de Arau y Monsiváis y José Luis Cuevas en un cabaret con canciones y gritos y arriesgue y escenografía también de Vicente Rojo. Y la sección de extranjeros con el Teatro Griego Piraikon, Medea, Electra y el INBA coronada de rosas. Y el estatismo mortal del Teatro Noh que vino del Japón a Bellas Artes. Y la visita del Teatro Universitario de Nancy al Jiménez Rueda, en francés. Y el Teatro de Marionetas de Estocolmo. Y el Teatro de Alemania. Y Las aves que dirigió el alemán Kleinschmidt.

Y La Casa de la Paz... y continuaremos mañana. ¡Feliz Año, niños míos...!