FICHA TÉCNICA



Título obra Puñalada por la espalda

Autoría Clifford Odets

Dirección Ignacio Retes

Elenco Ignacio López Tarso, Carmen Montejo, Aarón Hernán, Eduardo Macgregor, Maura Monti, Isela Vega

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Productores Manolo Fábregas

Referencia María Luisa Mendoza, “Puñalada por la espalda”, en El Gallo Ilustrado, no 234, supl. de El Día, 18 diciembre 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Puñalada por la espalda

María Luisa Mendoza

Decir Clifford Odets es ya decir dramaturgia porque Odets es de los pilarotes del teatro contemporáneo norteamericano. Odets es aquel hombre libre y valiente que dice, muy bien dicho, lo que piensa de los hombres de su país analizándolos hasta en su más pequeña expresión y volviendo dogma universal sus actitudes sicológicas en hechos mínimos que retratan a ese hombre y a sus hermanos. El hombre de Norteamérica, enfermo, solitario, ingenuo como virtud y salvación, torpe y maquinizado en el ideal de los patronos que todos conocemos y cuyo retrato monumental está en La máquina de sumar de Elmer Rice. Odets pues es garantía, diálogo fluido, situación dramática, sentido del humor, inteligente planteamiento y brillante solución Odets es aquel de Puños de oro. Es el telescopio en las calles de Nueva York, la caridad en el barrio de Bronx, y la sátira, el escalpelo afilado en la triste porquería que es el trust, la maffia, el nudo gordiano de Hollywood, como es el caso en Puñalada por la espalda.

Manolo Fábregas escogió esta excelente comedia para una temporada de un mes, y escogió a dos grandes de nuestras tablas, siempre bienvenidos, siempre extraordinarios: a Ignacio López Tarso y a la gran Carmen Montejo. Y escogió, y esto lo honra mucho, a dos jóvenes que da gusto verlos en escena: Aarón Hernán y Eduardo Macgregor. Y también Manolo nos dio la oportunidad de mirar la belleza de dos debutantes: Maura Monti e Isela Vega, nada más que el contraste de ambas inexpertas y absolutamente incapaces de pronunciar con corrección sus diálogos, ya no digamos darles intensidad o emoción, es doloroso. La inclusión de esta pareja hermosa es una gentileza del empresario aunque cause desazón entre los exigentes su clásica contrastante impericia con la perfección de sus palmitos.

Puñalada en la espalda gusta, interesa y se sigue con la debida atención, máxime que tiene ese ritmo que Ignacio Retes sabe imprimir, esa dignidad del buen teatro. Desafortunadamente la obra habrá terminado de estar en escena cuando esta columna aparezca, no obstante es necesario relatarla en sus virtudes y defectos por haber constituido una buena aventura de Fábregas y contribuido así a calentar ese su teatro que ya va teniendo el público que se merece.

Fábregas anunció en su camerino de productor, la muy próxima escenificación de Luv, una pieza que ha causado sensación en veintinueve países y ha sido escenificada en diecinueve idiomas. Luv parece que es algo así como la versión para el gran público de aquella joya para pequeños grupos: Esperando a Godot. Y parece también que es la sublimación del absurdo en su apogeo más deslumbrador. Parece también que todo ocurre en el decoro de un puente europeo, muy sugerido y muy teatral, el cual realizará como de costumbre Julio Prieto, así como en Puñalada hizo la funcional y propia casa de ese desgarrado actor cinematográfico protagonizado por Ignacio López Tarso.

Volviendo a Ignacio y a Carmen, da gusto verlos en pleno dominio de facultades, duro y lejano, enfermo de grave neurosis y triste López Tarso, y suave, inteligente, increíblemente elegante la Montejo.

Así pues Ignacio Retes ha dado un trabajo profesional y digno, en honor de Clifford Odets.