FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Silencio! ¡Locos trabajando!

Autoría Héctor Ortega

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Alfonso Arau, Virma González, Héctor Suárez, Susana Alexander

Escenografía Eduardo Humberto del Río García Rius

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Referencia María Luisa Mendoza, “¡Silencio! ¡Locos trabajando!”, en El Gallo Ilustrado, no 233, supl. de El Día, 11 diciembre 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡Silencio! ¡Locos trabajando!

María Luisa Mendoza

Héctor Ortega escribió una obra loca de juventud en la que se realiza de lleno aquel experimento de la infancia, simbólico, en el que todos hablábamos con la u, con la i, y qui Ilixindri yi hibíi intintidi, es decir: que ya Alexandro había intentado en otras puestas en escena. Nada más que ahora el joven Ortega se lanza de plano a tergiversar palabras y a usar con éxito sin igual albures del modo más mexicano y agresivo. De todo esto resulta ¡Silencio! ¡Locos trabajando!, dos actos que ganaron el premio en el Festival de Verano del INBA y que ahora se presenta en un teatro del corazón de la gran ciudad tenochca en forma profesional y con muchas cosas que aplaudir y de las cuales alegrarse.

Es teatro de diversión, teatro popular, y teatro de laboratorio. Es teatro de búsqueda, teatro mexicano que cautiva al público con la serie de estampas muy contemporáneas y no obstante tan cercanas a esos sketchs que a la clase media le gustan tanto.

Y para este pandemónium de risa se echó mano en la puesta de escena de todos los medios teatrales por excelencia: el canto, el baile, la pantomima, la caricatura, el gag, la farsa, la comedia, el drama, etcétera. Con toques muy sabrosos de cine –presente ya en todo el teatro de vanguardia–, sus recursos musicales, y acentos vivos de la televisión, concursos, programas, comerciales, telenovelas, etcétera.

Tiene la obra momentos de franco delirio joven y atrevido, y de crítica sana y deliciosa como ese desfile del veinte de noviembre que es un monumento a la ironía de buena ley y en el que cuatro actores llenan la escena con contingentes que todos hemos visto asoleados en las fiestas patrias.

Está allí de vuelta Alfonso Arau, ese actor que tantos lauros le dio a México en París, que tan inquieto es, tan despierto, tan deseoso de estar enterado, de todos los movimientos escénicos del mundo, y por ende tan osado, tan renovador, tan personal en escena. Arau regresa para darle a su país lo que él cree necesario: un trabajo de actor conciente, irónico, iracundo, gentil y sobre todo muy mexicano. Ahora logra todo porque lo siente y lo ha analizado: hablarle a la masa, deseo máximo de todo actor, por medio de un lenguaje que podría ser exclusivo, que podría ser tomado también por inexperto, inmaduro y automático por venir de un autor tan novel como Ortega, y que el público, la prueba está en el Fábregas, lo recibe con una gran comprensión y una estruendosa carcajada.

Arau se reunió con Virma González, cuya presencia es siempre un deleite, muchacha absolutamente graciosa y veraz, ágil, volátil, tierna y magnífica actriz bien regresada y extrañada desde su Pelirroja inolvidable.

Y tuvo a Héctor Suárez, que se ha especializado ya en la comicidad de agua fuerte que le marcó Alexandro desde hace tiempo, y que regusta al público que lo sigue por los canales electrónicos y por los teatros en donde se presenta. Muy bien está Suárez, cada vez más dueño de sí, más experimentado, más chistoso en el mejor terreno.

Y por fin la sorpresa que es ya Susana Alexander, tan creciendo como actriz, tan atrayente en una simpatía que no le conocíamos, tan profesional siguiendo a todos en cada loca locura de estos locos trabajadores.

Alexandro ha hecho de su trabajo un placer serio y venturoso, y se está saliendo con la suya de ser uno de los directores más conscientes del éxito y de la originalidad. Ahora ayudado por Rius que debuta de escenógrafo con fermas [sic] en donde vemos a sus monitos jugar al arte pop y op y todo lo que usted quiera de nuestro tiempo nuevo.