FICHA TÉCNICA



Título obra El señor Puntilla y su sirviente Matti

Autoría Bertolt, Brecht

Dirección Guillermo Escareño

Elenco Salvador Sánchez, Roberto Sosa, Aurora Hernández, Angelina Pérez, Jesús Ayala

Escenografía Edith Juárez

Iluminación Campuzano

Vestuario Becerril

Referencia María Luisa Mendoza, “Brecht y las hormigas”, en El Gallo Ilustrado, no 224, supl. de El Día, 9 octubre 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Brecht y Las hormigas

María Luisa Mendoza

Brecht. Todos vamos y venimos de Brecht. Brecht Bertolt –Bert, como le decían los suyos. Un genio al que todo se lo recordaba, y por todos los caminos llegaba al socialismo, al derecho del pueblo y del ciudadano. Brecht por tercera vez en México –Mexiquito como le dicen los que no son suyos– después de Terrores y miserias del III Reich y Madre Valor, la primera que dirigiera Héctor Mendoza demasiado glamurosamente aunque deliciosamente también, y la segunda desvirtuada por el S.S., si no en el personaje terrible de la Montoya sí en la misma puesta en escena. Hoy: El señor Puntilla y su sirviente Matti. Que es la historia de aquel capitalista en la sobriedad y casi comunista en la embriaguez, tema que ya había recreado Chaplin para su cine mudo y que Brecht repite ya en el camino total del mensaje, de las palabras finales que dicen “todo hombre tendrá el amo que se merece... cuando él sea su propio amo”. Es verdad.

Yo soy mi amo. Tú eres tu amo... y demás etcéteras jaujeras (en Michoacán hay una parada de tren que se llama Jauja, como el Hotel Soledad del cuento de Elena Poniatowska y creo que Parada Prosperidad, de la novela de Elena Garro)... Eso es Brecht y eso es el criado Matti, un criado digamos clásico, de la comedia del arte, pícaro pero no cínico o aprovechado sino lúcido y consciente del terreno de inferioridad que pisaba en su papel de sirviente, demasiado maduro ya en la injusticia y luchón por antonomasia por sus iguales.

La obra larga, casi trascendente aunque llena de ironías y naturalidad dramática, es dificilísima de llevar a la escena por sus numerosos personajes y su agilidad necesarísima. Un nuevo director se presenta en el medio teatral nuestro, un muchacho que va a darnos mucho trabajo más, redescubridor de la sangre nueva, de la vitalidad, de la inteligencia escénica sólo rescatada, pésele a los viejos, por los jóvenes.

Se llama Guillermo Escareño. Usó el foro en toda su extensión, dejó fuera el telón e hizo a sus actores cambiar utilería ellos mismos, crear las mutaciones ante los ojos del público y con ello la base brechtiana de romper con la ilusión que pueda hacer crecer el actor en el público, volviéndolo a la realidad del teatro que se está realizando ante él.

Escareño se llevó el premio del mejor director en el Primer Festival de Verano y lo merece a chorros, es un verdadero talento innato el suyo, brillante, nuevo, vigoroso. Y con él se llevó la presea del mejor actor, toda una realidad parada en dos pies en las tablas: Salvador Sánchez. Joven y fuerte, con una voz de lujo, una magnífica dicción, una proyección espontánea absoluta y un temperamento que ya veremos lo que va a ofrecernos en este medio teatral tan necesitado de figuras sin estereotipaciones ni vedetismos (esos actores que ya empiezan a ser miopes y astígmatas –mejor aztecmatas– o estígmatas). A su lado un chico lleno de ternura, odio, venganza, gracia... carita de conejo, llamado Roberto Sosa al que le hace mucha falta clases de dicción y de expresión y con eso ser el actor que merece ya que aquí fue el criado Matti nada menos. Y dos chicas: Aurora Hernández y Angelina Pérez, que tienen menciones honoríficas y dicciones dignas de inmediata corrección (esas eses convertidas en ces horribles de ceceo bizoño). Y muchos buenos actores más como Jesús Ayala dueño de una vis cómica de presunción y efectividad sin igual.

Muy bien la escenografía casi matemática y de puras sugerencias, de Edith Juárez, la iluminación de Campuzano, el vestuario de Becerril (¿de dónde sacó los zapatos de Eva, de plataforma, del año del caldo?); y la música cortesía de la embajada de Finlandia. Muy hermosa la loa al pescado nacional finlandés. Muy bonito todo, aplaudible, generosamente bebible. Trabajo de Hormigas...