FICHA TÉCNICA



Título obra La familia improvisée

Autoría Henry Monnier

Dirección Alain Knapp

Elenco Luis Serra, Monique Lang, Jack Lang, Jean-Claude Ramseyer, François Peiffer

Grupos y compañías Universidad de Nancy

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia María Luisa Mendoza, “Nancy mon amour”, en El Gallo Ilustrado, no 217, supl. de El Día, 21 agosto 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Nancy mon amour

María Luisa Mendoza

La familia improvisée, de Henry Monnier, en México ha sido una completa familia aunque no improvisada. Es decir que, los estudiantes de Nancy, de teatro, de Francia, que vinieron a corresponder gentilezas cuando nosotros tantas les debemos desde que estuvimos en Nancy en dos ocasiones y en la primera nos trajimos el premio primero, todos ellos son, de tan homogéneos, una verdadera unida familia en la que improvisación no rige porque son amorosos hacedores de teatro.

Nos trajeron los nancyneños un vodevil de 1830 con sus penas y mortificaciones. Dicen que era el género preferido de los burgueses... ¿era?... Y en él, Monnier trata de escandalizar a la sociedad, de estremecerla mejor dicho, burlándose de ella en una sátira de sí misma y poniéndola en ridículo señalando lo malo que tiene, lo cursi y lo demodé. Para esto el autor crea al clásico servidor y artista que es creído bufón por la sociedad y el arma que le presenta es aprovechable a su máximo, arma que la “sociedad” de todos los siglos sigue ofreciendo inocentemente para ser apaleada y zaherida.

Para este tema Alain Knapp tomó en sus manos la obra y la volvió una especie de comedia musical en tono menor o una comedia al estilo de Brecht que es a dónde más se acerca. Es decir que los actores, en mitad de sus parlamentos se sueltan cantándolos, y que en mitad de sus caracterizaciones las deshacen volviendo al público a la realidad del teatro.

Esta posibilidad musical convierte el espectáculo en la gracia misma, en el buen gusto, en la alegría y el encanto. Los actores, todos maquillados también brechtianamente en feo, pues, interpretan a la insulsa e ingenua sociedad del siglo diecinueve, la bailan, la cantan, y la ridiculizan.

En el grupo no hay vedetes y no obstante sobresalen sus intérpretes principales, Luis Serra y Monique Lang, Jack Lang, el bufón de marras, Jean-Claude Ramseyer el novio del vodevil, François Peiffer, el cura, etcétera.

La dirección tan ágil, tan alegre, subraya igualmente la ingenuidad de ese vodevil al cual se le ve más bien cara de comedia y tiene todas las moralejas del vodevil más exigente.

Como quiera que se vea, esta primera embajada de los estudiantes de Europa, mucho nos honra y llena de alegría. Ellos fueron nuestros anfitriones en el 64 cuando con Divinas palabras nos coronaron como los mejores. Ahora nosotros les correspondemos con nuestros aplausos sinceros, y saludamos en ellos a la punta de la madeja que nos ira enredando con efecto, los estudiantes polacos, los ingleses, los turcos, etcétera.

Y les damos a los galos jóvenes la bienvenida. A ellos, a su teatro también de laboratorio (es extraño que los estudiantes sean precisamente quienes más tratan de averiguar nuevas formas usando a los clásicos como un conejillo bienamado de Indias).

Muy bella la labor de los de La famille. Muy bien llegados a México, al Jiménez Rueda, desde aquella su plaza abierta y hermosa de Nancy, tan cerca de París, tan llena de río y de verde y de gente buena. Todo el aire de una capital del teatro, en donde los festivales son tan grandes y tan importantes para el mundo entero. Magníficos embajadores, pues, estos muchachos de la Universidad de Nancy, a quienes saludamos, en México, con el amor que ellos a nosotros.