FICHA TÉCNICA



Título obra Cuando oscurezca

Autoría Frederick Knott

Dirección Rafael Banquells

Elenco Angélica María, Wolf Ruvinsky, Luis Manuel Pelayo, Sergio Bustamante

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Insurgentes

Referencia María Luisa Mendoza, “Miedo a oscuras”, en El Gallo Ilustrado, no 216, supl. de El Día, 14 agosto 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Miedo a oscuras

María Luisa Mendoza

Función de teatro en lunes y la sala llena. Dato que para muchos no dice nada y es, no obstante, de un gran significado. No basta que ocurra el hecho en el Insurgentes, que es la cúspide de lo caliente gracias a aquellas magníficas temporadas de Manolo Fábregas, no basta que la estrella Angélica María sea la principal protagonista, y en cambio sí importa el día, la noche de perros lluviosa y helada. Por lo general nadie va a los teatros el lunes, la gente está cansada, harta y gastada. Y no obstante... Cuando oscurezca, de Frederick Knott, ha hecho el milagro, el milagro de todo el cupo como si fuera teatrito de Broadway y la población flotante llenara las butacas con su espectáculo favorito.

Y es que también la obra es muy buena, tres actos mantenedores de la total atención y con una insospechada red de comunicación con crímenes absurdos ocurridos hace algunas semanas en Norteamérica, desde el caso de las enfermeritas hasta la locura del tirador de la torre. Una historia sensacional por cantidad de detalles y sugerencias con las que está hecho, por la ambivalencia tan fina de los personajes que siempre aparentan ser otra cosa y nunca llegan a la realidad, como el gánster que parece bondadoso y el marido que parece el marqués de Sade... y ambos se quedan en gánster y marido simplemente.

Ahora bien, el trabajo dramático de Angélica María es magnífico aunque no sorprendente. Lo primero por su gentil buena educación en las tablas, su autenticidad, su bordado interior del personaje, su continua caracterización de una ciega absolutamente ciega y con mil ojos interiores. Lo segundo porque la preciosa Angélica María nos deslumbra desde su infancia, desde su crudelísimo personaje aquel de la niña asesina de Mala semilla. Ella tiene tablas desde siempre, y es ahora la damita joven ideal, por la plácida belleza clásica de su carita renacentista y la solidez de sus interpretaciones. Porque tiene una excelente voz matizada y rica, educada en la palabra y en el canto, y porque está hecha para papeles muy trascendentales igual que para éste que exige haber sido hecha para los anteriores.

En cuanto a la dirección, si bien es cierto que en las primicias de la obra, en las escenas iniciales los hombres hablan como si hablaran otra lengua –Ruvinsky, Pelayo y Bustamante–, el ritmo consigue correr con la eficaz medida nerviosa que el género policiaco exige, y se va madurando conforme pasan escenas hasta ser de veras muy respetable y digno de elogios. Aquí Banquells se lleva la palma dando en buenas dosis el suspenso requerido.

Wolf Ruvinsky en su característico papel de bandido lo hace bien, y es ya inútil marcar el defecto en el también característico de su mala dicción. Sergio Bustamante vuelve a despertar admiración por su amor al drama, es él aún aquel Calígula inolvidable, es también el vicioso malhechor, el viejo y el joven sinvergüenzas y el sádico criminal obvio y feroz. Sus caracterizaciones enseñan la mucha clase de un actor verdadero que lo hace ser quien es, y perdonársele una y otra vez esa alegría de vivir que lo vuelve vacilador en escena y hasta cierto punto irresponsable. Uno que lo sigue desde siempre tiene que estarse calmando al verlo desbarrar en exageraciones porque siempre se deben a algo interno de su propia creación de personaje, y así es, al final, en el resumen, se mira cuánto hizo, cuánto vivió el perfil que le tocó en turno.

La escenografía de David Antón es muy representativa de esos sótanos del Village en Nueva York y sirve totalmente como un gran huevo para terribles experiencias humanas, como la de esa infortunada, astuta, helada, dulce y espléndida niña ciega, personaje ideal para el cine e insuperable para el teatro.

Cuando oscurezca de Knott, encadena al espectador tres actos en el éxtasis del miedo.