FICHA TÉCNICA



Título obra Testigo hostil

Autoría M. Jack Roffey

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / traducción

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Martha Navarro, Miguel Suárez, José Gálvez, Rosa Furman, Héctor Andremar

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Referencia María Luisa Mendoza, “Elegante testigo hostil”, en El Gallo Ilustrado, no 214, supl. de El Día, 31 julio 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Elegante testigo hostil

María Luisa Mendoza

La novela policiaca ha constituido un género muy respetable en el desenvolvimiento de la literatura del mundo. A él han llegado lectores también respetabilísimos como Hemingway y Shaw, por citar dos. Y trascendió tanto en su estilo que pasó, como un acento lógico y necesario, al teatro.

Han habido comedias ya consideradas clásicas, como Con M. de muerte, Testigo de cargo, etcétera, y muchas más que en Nueva York y Londres, sedes de los policías y los ladrones, triunfan dentro del estricto sentido del llamado teatro comercial. Nada más que, dirigir una obra escénica policiaca, exige tanta maestría como la que pide a gritos griegos la tragedia ateniense. Manolo Fábregas es uno de los especialistas. No traiciona nunca la obra, la da en goteros, constriñe las actuaciones de sus actores para que no adelanten los hechos, aun si se trata del mismo mayordomo asesino para siempre jamás culpable.

En el Manolo Fábregas la obra Testigo hostil de M. Jack Roffey, traducida por M. Sánchez Navarro. Allí dos primeros actos de planteamiento estupendos, rematados por un final altamente suspensivo y apasionante. Tiene la grandeza del escape este Testigo, viéndolo no puede dejar de seguirse su trama y por lo tanto no es posible pensar en otra cosa afuera del foro. Tiene también la inteligencia de haber sido escrita la pieza para la gente inteligente, es decir que no está remachando continuamente en las pistas, nada más las da, así rapidito y el que quiere las capta y el que se les escapó, pues ni modo.

Y tiene también, para finalizar, el extracto de los momentos más fascinantes de un juicio público que aquí en México nunca vemos con los jueces de peluca y el reo contestando, ante el mundo entero, su culpa o su inocencia. Esa polémica de los pros y los contras del fiscal y el defensor, para coronar, en ocasiones como ésta, con un desenlace inesperado porque siempre proviene del más inocente. Cuando los culpables son desde el principio culpables, se siente una frustración que deviene en aburrimiento. Lo clásico, también en el género, es que sea el malvado el más insospechado. Esta premisa la tiene Testigo hostil, y las apuestas en los espectadores corren como polvorilla interesándolos hasta el grito.

Es muy buena la obra, la escenografía sin crédito pero que merece ser de Julio Prieto, es de primera, elegante, señorial, apropiada. Y las actuaciones no tienen pecabilidad ni culpa. Empezando por el propio Fábregas helado, como hoy debe de ser, en el papel del acusado, distinguido y apuestísimo, pasando por la revelación del Don Gil de las calzas verdes que es Martha Navarro, tan bien hablada, tan bien portada y dulce y astuta, hasta Miguel Suárez en la maestría de la distracción y el personaje bordado fielmente. Allí también José Gálvez exagerado pero contrastante y efectivo en su temperamentalidad con la línea sólida de su contrincante Manolo Fábregas. Allí de pronto inesperada Rosa Furman, entrando al teatro comercial en esos papeles de mujer madura y atractiva, fría pensante, muy bien. Héctor Andremar, tan ya actor y buen tipo, tan bienvenido siempre.

La dirección de Manolo... merece los calificativos de siempre, porque no hay otros... ágil, serena, calmada, profunda, inteligente, de muy buen gusto, servicial al grado de la grandeza diplomática.

No se pierda este Testigo hostil. Y no cuente el final.