FICHA TÉCNICA



Título obra Las aves

Autoría Aristófanes

Dirección Peter Kleinschmidt

Elenco Héctor Bonilla, Claudio Obregón, Héctor Ortega, Julia Marichal

Escenografía Antonio López Mancera

Música Mariano Ballesté y Guillermo Villegas

Referencia María Luisa Mendoza, “¡A volar aves!”, en El Gallo Ilustrado, no 204, supl. de El Día, 22 mayo 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡A volar aves!

María Luisa Mendoza

Peter Kleinschmidt vino a México de su Alemania Federal. En cambio de México irán a Alemania, República Federal, seis jóvenes teatreros de casa, importantes. Es un intercambio que vale la pena porque el viajar ilustra y eso. Kleinschmidt dirigió para nosotros Las aves, de Aristófanes, igual que lo hizo en su país varias veces y le valió loas sin cuento. Kleinschmidt, fiel a su espejo diario, no varió en nada su primera concepción y la puso aquí como quien dice textual.

A Aristófanes lo conocemos por el padre Ángel María Garibay en el curso que dio en la Universidad hace dos años, y por La paz, que interpretaron los muchachos de la misma, antes de que les diera por La guerra. Entonces sabemos muy bien que Aristófanes escribía para un pueblo ávido de risa y a quien le hablaba con su propia palabra y sin censura. Pero eso, y para empezar, la traducción de Ilise Heckel Novoa es magnífica. Porque la señora Heckel pasó minuciosamente el sentido de la prosa aristofánica a la manera mexicana de expresar las ideas. Por ejemplo, de un hombre en estado vinolento, como diría el padre Garibay, ella lo hizo decir así: “Me puse una guarapeta...!” ...De un grito de presteza Ilse traduce: “¡En sus marcas, listos, fuera...!”, de una broma a una golondrina: “¡No salpique pingüino baboso...!”, etcétera.

A la delicia de la traducción el director le pone gotitas musicales sabrosas que en mucho alivian la posible arduidad del texto, o la largura, convirtiendo una comedia clásica en comedia musical entibiada. Entibiada porque le faltó enjundia al sentido rítmico, haciendo que Mariano Ballesté y Guillermo Villegas se contrajesen a su pensamiento y realizaran unas canciones que piden más fuerza y nervio. También la coreografía pudo haber sido más viva, más atrevida.

El joven director alemán trabaja exactamente como su posición germana le dicta, lo cual da por resultado una ambigüedad y suavidad que a nosotros los mexicanos, a los latinos, nos resulta demasiado transparente y poco efectiva. Es decir que, somos lo mal pensado, lo directo, lo agudo en el chiste aunque le demos vueltas disfrazado de albur o de doble sentido. Además tenemos la experiencia de la verdadera comedia musical de aquí al lado norte para servir a usted, lo cual nos hace sentirnos poco afuera de Las aves así concebidas, cuando vimos deveras el atrevimiento en La paz coincidentemente en rebelión pero entonces sí con todos los agravantes de la ley joven.

Así pues, quedando en que la dirección es bonita pero fallida, atrevidona pero no tanto, hablemos de los actores que se ven hermosísimos dentro de sus disfraces pajariles que les diseñó como dios Toño López Mancera. Está allí un Héctor Bonilla de pajarraco carcamán antológico. Muy bien este actor, ¡bravo! por su interpretación, por el manejo de la voz, por su profesionalismo sobresaliente. Y con él, Claudio Obregón formidable, activo, entero. Y Héctor Ortega ya volando casi, ya simpático, ya obvio, ya gran actor. Con un grupo muy selecto de muchachos jóvenes que empiezan en el teatro o siguen. Que cantan, y bailan, y abre sus alas. Con un coro encantador en el que está Julia Marichal siempre subrayando la acción, guapísima de ave del paraíso. Y un perico lindo, y canario saltarín de patitas duras, y así hasta la locura del glómetra muy simbólico y el profeta y el inspector, y el senzontle, y el gallo, etcétera.

Muy bonita la escenografías moderna y servidora.

Y con loas este primer intercambio internacional que seguirá con la presentación del grupo teatral de Nancy de mis amores, a cuatro horitas de París, en Francia, y que viene muy pronto junto con el teatro de Dallas, que encabeza nada más Paul Baker.