FICHA TÉCNICA



Título obra Yerma

Autoría Federico García Lorca

Dirección Enrique Ruelas

Elenco Josefina Rojas de Echánove, Salvador Jaramillo, Víctor Salvador Vázquez, Lucila Jaramillo, Felisa García, Teresa Mosqueda

Referencia María Luisa Mendoza, “¡Nos amanecemos... en Guanajuato!”, en El Gallo Ilustrado, no 199, supl. de El Día, 17 abril 1966, p. 2.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡Nos Amanecemos... en Guanajuato!

María Luisa Mendoza

En Guanajuato el teatro es el principio y el fin. La oración que comienza ya cuando se está haciendo tarde, y termina al acercarse el amanecer y empezar la hora del día y de la maduración. El teatro se detiene a punto de llegar en esa eterna contradicción mágica de todo lo que proviene del milagro guanajuatense. Porque allá una vez hace ya para la quincena de años, la plaza se llenó de gente y el teatro empezó... Los entremeses cervantinos... y con la campaña que anunciaba ese principio de todo se inició el renacimiento. La República entera volvió los ojos a la ciudad y la llenó de gente que supo de Cervantes y del Chato Olivares y de Enrique Ruelas y de los más elegantiosos mozos del lugar y las damas más recalcitrantes haciendo teatro por amor y fe y acto venturoso. Así la escena cubrióse de caballos y luces y perros y burros y guitarras y salieron a los balcones las fregonas y los vendedores de encajes y los soldados enamorados y los habladores y los eruditos.

Y de San Roque se fue a Mejiamora o trepó a San Xavier y dejó “más para abajito”, como lo había hecho en el Mesón de San Antonio, para proseguir la tarea de hacer teatro sobre el gran teatro de Guanajuato. Y Yerma fue de García Lorca el retrato, con todo y río para las lavanderas, y monte para las brujerías e iglesias para las santeras... Primero con Luz María Villalobos en el papel del desgarramiento inmaternal y el sollozo a flor de piel, con un bordado especial de la heroína que la hace inolvidable en el lujo de su temperamento de actriz. Y luego con Josefina Rojas de Echánove, una nueva Yerma más contenida y penante, más adentrada en el perfil, más pecadora por decirlo así. Porque Luz María era el puro sufrimiento de la esterilidad, y Josefina es la evidente culpa del sexo satisfecho y sin el hijo que lo lava y lo eleva. Así pues, ambas interpretaciones dan una visión diferente lorquiana, tan buena la una como la otra, y tan distanciadas.

La señora Echánove tiene el privilegio de ir creciendo de acto en acto, y si su personalidad trágica es fría en el primero, va soltando el ovillo conforme pasan las escenas hasta apoderarse del público que llega a entender que esta Yerma no traspasa los límites externos y sí los interiores. Una interpretación para adentro y muy convincente, muy cerrada, muy de hembra dolida y feroz.

El Juan del caso sigue siéndolo Salvador Jaramillo. Un muchacho que empezó demasiado joven el ingrato apuñaleado papel del marido humillado, sin salida, apresado, inútil... Hoy ya hecho un hombre, embarnecido por los años, con una voz para día de fiesta, Jaramillo se consagra. Con él la escena sube y se regala, y también demuestra que con una Yerma es más adolorido (como ella) que con la segunda, ante la que materialmente se desborda de odio y castración. Magnífico Jaramillo, gran actor, como bueno es escribiendo teatro y ya intentando la novela.

Hoy, en el papel de Víctor Salvador Vázquez, un rival que está más en la idea de la imposibilidad absoluta de llegar al amor realizado, que en la proyección de ese sentimiento que debe agobiarlo. Y Lucila Jaramillo, la mejor de las lavanderas; y la vieja Felisa García, llena de intenciones, con mucho talento para la comicidad y aquí en el mejor terreno de la desvergüenza que el autor y el director le marcaron. Así también Teresa Mosqueda sobresaliendo.

Enrique Ruelas ha logrado lo que se propuso y más. Le puso el dedo en la llaga a Guanajuato y le dio el teatro. A resultas del teatro vino la renovación, el sicoanálisis de la ciudad... de todo el Estado... y tal vez de la República entera. El jalón lo dio el teatro, ¡que grandeza para el arte tan vilipendiado!... ¿Qué va a hacer más Ruelas?... ¿A dónde va?... de él se espera mucho y bueno, ¡pero ya! sin calma... que nos amanecemos...