FICHA TÉCNICA



Notas Breve historia de los teatros incendiados de Monterrey, a propósito de la visita del autor a dicha ciudad para dictar la conferencia La responsabilidad de los grupos de teatro experimental

Referencia Armando de Maria y Campos, “Visitando los teatros que Monterrey vio arder”, en Novedades, 1 diciembre 1950.




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Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Visitando los teatros que Monterrey vio arder

Armando de Maria y Campos

Monterrey, N.L. Nov. 28. Antes de dar los últimos retoques a la conferencia que sobre "La responsabilidad de los grupos de teatro experimental" he venido a dictar a Monterrey a invitación de algunos amigos, he querido visitar los antiguos sitios donde estuvieron instalados los primeros teatros que tuvo esta ciudad, por cierto todos consumidos por sendos incendios. Precisamente a la falta de locales propios para representaciones teatrales, y a la abundancia de cines cómodos y lujosos, se debe en gran parte que Monterrey se viera privado algunos años de gozar el incomparable espectáculo del teatro.

Hasta mediados del siglo anterior no existía ningún teatro en Monterrey. Las funciones teatrales que esporádicamente se organizaban tenían lugar en el patio del Palacio de Gobierno, en el patio del Seminario o en cualquier otro edificio que previamente se acondicionaba. Siendo gobernador de Nuevo León el general Jerónimo Cardona, en el año 1854, la Junta de Mejoras Materiales, contando con el apoyo de éste, se propuso dotar a Monterrey de un teatro. Se compró un terreno por la calle de Escobedo, y se empezó a levantar precisamente en el lugar que ahora ocupa el edificio Cantú Treviño– y se inauguró el 8 de septiembre de 1857, siendo gobernador del estado don Santiago Vidaurri. Fue un teatro de construcción ligera; los muros de carga fueron hechos con material de cantera, pues el resto fue construido de adobes y carrizo, y a cada lado tres puertas; otro portón, en un extremo daba acceso a la galería. Contaba con un vestíbulo amplio, con sitio para expendios de refrescos y dulces. Fue decorado interiormente con gusto y lujo. Tuvo lunetas, balcones, plateas, y galería. Los asientos eran sencillos, de madera, en forma de bancas, con divisiones para asientos individuales. Los telones fueron magníficos, dignos de un teatro de máxima categoría; los pintó el gran escenógrafo neoleonés, Eligio Fernández, que no ha tenido quien lo supere.

El teatro Progreso, porque así se llamó éste, vivió 39 años. Otro 8 de septiembre, de 1896, después de una representación de la ópera El trovador, por la compañía de Sánchez de Lara, se declaró el incendio, en el foro, se cree que debido a unas luces de bengala, resto de las que se habían usado durante la representación. Muchos regiomontanos recuerdan todavía que las llamas se elevaron a más de 30 metros de altura, iluminando toda la ciudad.

El segundo coliseo que tuvo Monterrey, aún tibias las cenizas del teatro Progreso, fue el teatro Juárez, que estuvo donde ahora se levanta el teatro Rex. El edificio fue construido a todo costo, empleándose materiales de excelente calidad, pero desgraciadamente abusándose de la madera, lo que fue fatal. Los señores Juan Chapa Gómez y Miguel Quiroga formaron una sociedad para la construcción del teatro, cuyo costo sobrepasó lo calculado, gastándose cerca de doscientos mil pesos, pues artistas de la ciudad de México y de los Estados Unidos, acudieron a Monterrey para decorarlo con tan buen gusto y lujo, que ninguno otro le ha superado, con tener en la actualidad varios locales para espectáculos, dignos de compararse con los mejores del país. Fue espacioso, con localidades de lunetas, palcos primeros y segundos, galería. El gobernador, general Bernardo Reyes, dictó varios decretos concediendo la exención de impuestos por dos periodos de diez años cada uno, es decir, por veinte años, por tratarse de una obra "para solaz del público y para concurrir a la cultura"; el segundo de estos decretos tiene fecha de agosto 30 de 1898.

Se inauguró el 15 de septiembre de ese año, correspondiendo inaugurarlo a la Compañía de Opera de Soledad Goyzueta, cantándose Traviata. Si el teatro Progreso pudo enorgullecerse de que en su escenario actuara Angela Peralta, el Juárez fue honrado por María Guerrero, Luisa Tetrazzini, Virginia Fábregas, Esperanza Iris, y por cuantas grandes compañías actuaron en la república del 98 al 1906. La noche del 11 de marzo, sin que aún se sepan las causas, se incendió el magnífico teatro Juárez, de breve pero fecundo historial.

Un año después, en septiembre de 1907, se inauguró el teatro Zaragoza, en la calle de ese nombre, en el lugar que ahora ocupan los edificios Brandi y Serna. Fue un teatro alegre y ligero, como el género a que desde un principio se dedicó: las tandas del género chico, en boga en la metrópoli. Fue inaugurado por la compañía de las hermanas Enriqueta, Dora y Julia Sancho, a quienes acompañaban Arturo García Pajujo, Chucho Ojeda, Joaquín y Carlos Pardavé y las hermanas María y Elena Ureña.

Se estrenó Chin Chun Chan agotándose las localidades todas las noches, lo mismo que con el Pobre Balvuena y El método Górritz. Fue su propietario don Patricio Milmo, y eran empresarios cuando se incendió, en marzo de 1908, los hermanos Adolfo y Antonio Rodríguez.

Meses después, el 19 de diciembre de 1908, se estrenó el teatro Progreso en la calle de Zaragoza. Se hizo a todo costo: $ 80,000 de aquellos pesos. Tenía localidades de lunetas, plateas, palcos y galerías. Decorado con lujo y muy confortable. Lo inauguró la compañía de zarzuela de Prudencia Grifell. Por cierto que la noche de su inauguración se sirvió un banquete de 200 personas, siendo obsequiadas cada una por la empresa de don Fernando Ancira, don Modesto Martínez y Hnos. Rodríguez, con monedas de oro, de las llamadas "Hidalgos", de $ 10,00, a las que se grabó la fecha de la inauguración del teatro. ¡Y luego dicen que los de Monterrey son...! En este teatro se celebró el Consejo de Guerra de don Pablo González en 1920. Imposible hacer historia; no hay espacio para nada. Se incendió el 2 de septiembre de 1931; la última compañía que actuó en él fue una de zarzuela, con Mimí Derba como primera figura...

Otro teatro consumido por el fuego –ojalá sea el último– fue el teatro Regis, inaugurado el 20 de agosto de 1937 por la compañía de revistas de Emilio Cabrera. Fue un teatro eminentemente popular, construido totalmente de madera, con capacidad en lunetas y gradas para 1,300 personas; ocupó la esquina noroeste de Madero con Jiménez, en una manzana invadida por casuchas de madera, como en nuestro mercado de la Lagunilla. Un incendio que se inició en una ferretería de esa manzana, a las 2:30 del domingo 30 de agosto de 1943 y que se propagó rápidamente, convirtió en cenizas cuanto había en la manzana, incluyendo el teatro Regis. En este teatro se reveló Emilio Cabrera, excelente actor cómico mexicano malogrado, se hizo famoso el sin par cómico "Don Catarino", y se formaron "Donato" y la gran cancionista, por cierto hija de Monterrey, "La Panchita"...

Hace unos cuantos días María Tereza Montoya llegó de México para inaugurar un nuevo teatro. Me dicen que está construido a prueba de incendios. Ojalá y así sea, Monterrey merece un teatro centenario.