FICHA TÉCNICA



Título obra Un fénix poco frecuente

Autoría Christopher Fry

Notas de autoría Miguel Alfredo Olivera / traducción

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Martha Ofelia Galindo, Martha Zavaleta, Virginia Gutiérrez

Escenografía David Antón

Referencia María Luisa Mendoza, “Un fénix poco frecuente”, en El Gallo Ilustrado, no 194, supl. de El Día, 13 marzo 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Un fénix poco frecuente

María Luisa Mendoza

Christopher Fry cree que el amor es Un fénix demasiado frecuente. Los seres humanos que vivimos fuera de su poesía dramática suponemos que está levemente equivocado, pero en fin. Él, para probar que es cierto lo que afirma escribió una pieza satírico-poética hermosa en donde vemos el rápido proceso de intercambio amoroso que puede ocurrir en cuanto una mujer finge la gran desolación que sobreviene a la muerte del amado, y espera, en lugar de morir con él, la posibilidad de salvación que habrá de llamar su juventud y su derecho inalienable de vivir.

En Fry el acento en su obra es la ironía, y el tema el amor. Su prosa poética describe tal vez en demasía estas características y el espectador tarda un poco en entender que el autor no se toma precisamente en serio, y que si lo hace siempre se coloca en la posición que puede dar lugar a la risa. Cuando el público ha entrado totalmente en la obra, con todas sus virtudes, empieza a funcionar de lleno.

Pertenece Fry igualmente a los seguidores del renacimiento del drama sagrado en verso y por ende recuerda la gran época del medievo en donde el teatro salía de la iglesia misma como sobre la propia lengua del clero.

Ahora cuenta un delicioso triángulo entre la dama, el amante y el marido fallecido. Y es tal la pasión que el inglés vacía en el tema, que es fácil suponer el desenlace práctico, lógico y de nuevo hiriente e irónico como es darle servicio a un cuerpo que, pudriéndose no sirve ya para nada.

La traducción de Miguel Alfredo Olivera es correcta y clara, conduce por los sentidos de Fry sin alegorías inútiles. La dirección de Óscar Ledesma se sirve de ella para tratar de ponerse a las órdenes del texto, y si bien lo realiza con muy buen gusto y mucha gracia, subraya la vocalización de los intérpretes para ese fin, dando con ello una cierta lentitud que bien podría haber hecho desaparecer con mayor celeridad pero que tampoco molesta ni finca una falla. Este ritmo deseado no es más que cuestión de gustos propios y no tiene tampoco importancia porque no es imperioso que exista.

Antes de seguir adelante con los intérpretes, vale la pena señalar que el camino en las letras dramáticas que sigue y usa Christopher Fry es el mismo que el maestro Salvador Novo acostumbra. De pronto se vuelve a reconocer el origen cultural del exquisito poeta y se le encuentra junto a Fry como muy hermanos, usando las mismas tonalidades satíricas para hablar de su idiosincrasia, nacionalidad, cultura pues, risa fina.

En los tres intérpretes hay una revelación: la de Martha Ofelia Galindo, joven ella, profesional, y con los perfiles dramáticos asombrosos digamos de una Martha Zavaleta. Es de esperarse que prosiga por la dura vereda del teatro como oficio y vocación.

Virginia Gutiérrez es muy conocida, es una figura popular del gran tablado. Haciendo galanura de su juventud y su belleza interior, su desesperado amor por el teatro, aceptó este papel protagónico que tanto la honra, que la devuelve al camino de la categoría y la enfrenta al público recién nacido, nuevo, ingenuo, impetuoso del estudiantado, el de los conocedores, de los verdaderos seguidores del drama bien hecho, como Dios manda.

Virginia está muy bien en el perfil de Dynámene, se detiene en minutos, en instantes en la palabra y la canta y hace que se pierda su significado, pero el público llega a dominar ese tiempo de actuación marcado por Ledesma y la sigue y la atrapa ya de lleno de escena en escena.

David Antón hizo la escenografía con transparencias muy sugestivas.

Este Fénix dominical no es por desgracia muy frecuente.