FICHA TÉCNICA



Título obra Emilio y Emilia

Autoría Ernst Toch

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Elizabeth Larios, Charles Lucas

Escenografía Pedro Friedeberg

Notas de Música Andrés Araiz y Luis Rivero / pianistas

Espacios teatrales Casa del Lago

Referencia María Luisa Mendoza, “Óperas muy primas”, en El Gallo Ilustrado, no 193, supl. de El Día, 6 marzo 1966, p. 4.




Título obra El teléfono

Autoría Gian Carlo Menotti

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Elizabeth Larios, Charles Lucas

Escenografía Pedro Friedeberg

Notas de Música Andrés Araiz y Luis Rivero / pianistas

Espacios teatrales Casa del Lago

Referencia María Luisa Mendoza, “Óperas muy primas”, en El Gallo Ilustrado, no 193, supl. de El Día, 6 marzo 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Óperas muy primas

María Luisa Mendoza

Claro que Juan José Gurrola es el único de los orfebres mexicanos que trabaja con piedras preciosas de lejanas minas y las engarza en su textura natural a las montaduras de platino que saca de su propio mineral. Así, abierto, lleno de puertas pródigas pares, recibe la influencia de todo el mundo del teatro y lo da para propio deleite de creador haciendo siempre rayas en el agua o corazones rayados en el vidrio con diamante.

Ahora, bajando por el tiro se detuvo en Ernst Toch y en Gian Carlo Menotti, para sacarles de la entraña dos óperas respectivamente. Emilio y Emilia y El teléfono.

Gurrola, en la gala de su exquisito buen gusto llamó a Pedro Friedeberg para que hiciera la escenografía, y en medio de curvas, líneas, estrellas grabados de Lincoln presentó tres revelaciones. En primer lugar a Elizabeth Larios, una cantante formidable, guapísima, y que derrocha gracia, sentido del humor y personalidad escénica. Carga con la responsabilidad en el par de óperas, la comparte con el segundo de los reveladitos: Charles Lucas, un hombre de edad que tiene la frescura de todos los gags del cine mudo, la ironía de los Beatles y la crueldad congénita de su sexo en cuanto está frente a una mujer llena de exigencias, lágrimas y sonrisas. Y por fin el jovencísimo Mauricio Herrera, un marinero con toda la barba, un descendiente directo de Chaplin, los Marx y Lewis. Este último canta además, como Dios, y posee una ternura de día de fiesta, una vis cómica espléndida. Y así...

Emilio y Emilia. La historia de una ópera fallida en la que el hombre se niega a cooperar con la cantante y ésta tiene pretexto para mil escenas caprichosas encantadoras. Toma parte aquí el pianista, el público, y se mira continuamente la elegante mano del director que sabe de la nada sacar la chispa de la alegría, vestir una escena, bordarla, tallarla pues sin quitarle su originalidad.

Y si bien es cierto que puede considerarse el asunto como musical únicamente, posee tal cantidad de labor escénica, que volvemos al principio del teatro contemporáneo que es espectáculo y equipo. Así pues sería muy interesante que todos los críticos de teatro fueran a ver esta preciosidad que en La Casa del Lago Gurrola ofrece una vez más.

No hay duda que El teléfono es la más lograda de las escenificaciones, aquí el texto en inglés pero de primaria, que entiende cualquiera, sobre todo las situaciones tan lógicas y tan comprensibles por los gestos de los actores llegan al público y lo mantienen alborozado todo el tiempo. Porque cualquiera ha conocido alguna vez a esas mujeres que se la pasan colgadas del cordón umbilical telefónico y olvidan que la vida es cara a cara, y pierden la oportunidad de conseguir algo importante de frente por estar en el aparato estupefactas oyendo chisme tras chisme.

Aquí Menotti, en la pura risa, finca una ópera completa que pasa por todas las gamas del género, desde el dialogal al dramático coronándose con el dúo de amor primoroso que, claro, pasa de teléfono a teléfono.

Elizabeth Larios es ante todo una cantante impecable de rica oscura voz, pero es también la consumada actriz que es capaz de estar a veinte centímetros del público totalmente abstraída en su trabajo, segura, feliz, con una alegría contagiosa de su vocación. Ella sería, si quisiera, la gran dama cómica que el teatro mexicano no tiene, si se dedicara a las lides ingratas de la escena.

Y si Charles Lucas se consagra en plan de viejo amante rejego, Mauricio Herrera es, el galán ideal atestado de recursos de gesto y mano.

Una nota muy especial a Andrés Araiz y a Luis Rivero, los dos pianistas que contribuyen en mucho al éxito y a la perfección que alcanza Gurrola, cuyo trabajo musical no es ópera prima, pero sí muy primas estas sus dos óperas.