FICHA TÉCNICA



Título obra Shakespeare 401

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Pixie Hopkin, Juan José Gurrola, Mercedes Ospina, Nacho Méndez, Gene Gerzo, Paula Bach Conrad, Gerda Stein, Jaime González, Rubén Islas, Sigfrido Bécker, José Piñol, Roberto Rivera

Espacios teatrales Casa del Lago

Referencia María Luisa Mendoza, “Shakespeare de frente y de canto”, en El Gallo Ilustrado, no 162, supl. de El Día, 1 agosto 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Shakespeare de frente y de canto

María Luisa Mendoza

El teatro colgado de sus hombros se balancea sobre el Distrito Federal como un saco sin poner –el muerto era más grande. Desde su azotea, ante el dominio del gris paisajero techerío, las mangas de globo y el forro remendado ni siquiera semejan un pendón al aire. Nomás se seca del remojo, el pobre, la pobre prenda sin dueño. Ya no hay ni para dónde volver la cara, ni tela que cortar. Lugar común el teatro mexicano, comercial al grado de que aburre y harta e indigesta y se repite y los actores se mueren de hambre, y viva el encueramiento. Es como si de pronto volviéramos quince años atrás, cuando triunfó el vodevil, en contrapunto con aquella labor caracolera de J. Jesús Aceves que salvó a la escena poniendo aquel Niño y la Niebla de Rodolfo el Grande.

Por eso, la cosa está que arde y el amantísimo de las tablas tiene que andar buscando con lupa algo que hacer, que lo redima y lo deje presumir. Y para eso se hizo Gurrola. Y siguiendo con los dichos ¡quién como él! de nada hace un espectáculo de privilegio, como es el caso de Shakespeare 401 en el cuarto centenario y un año más. Juan José llamó al Convivium Musicom para que como duendes y magos, en el escenario milimétrico de La Casa del Lago, tocaran música de veras del tiempo del Teatro del Globo y de William, excarretero, convertido en genio de Avon, de Inglaterra y también del mundo. Entonces Gurrola conformó un concierto delicioso en el que estuvo el acento del teatro, o el punto y coma; aderezando la belleza y serenidad de una hora perfecta, regeneradora, infinitamente perdonadora de lo que se da hoy por liebre dizque como teatro.

The Three Ravens, de Ravenscroft, abrió la tarde con la voz de cristal de Pixie Hopkin cantando. Pixie, increíble y sensacional, completa, de inglés inglesísimo en el que hay la taza de té, la aristocracia, la picardía y Tom Jones guiñando el ojo disfrazado de Gurrola.

Pixie y Mercedes Ospina cante y cante y declame y declame, y juegue y juegue –como diría Ibargüengoitia. Ellas dos, la una vestida de viejecita de cuento de hadas, divina y floreada y de cuello y puño, la otra de luto. Acompañadas del joven Nacho Méndez tocando en guitarra dos arreglos de la música shakesperiana en ritmos modernos. Y atrás el Convivium formado por Gene Gerzo, cantante finísima totalmente londinense –aunque no–, Paula Bach Conrad, Gerda Stein, Jaime González, Rubén Islas, Sigfrido Bécker, José Piñol y Roberto Rivera.

Pixie Hopkin dijo en la maravilla del idioma original el prólogo de Enrique V, y Mercedes el soneto Eternal Summer. Cantaron Willow Willow, la canción de Desdémona en Otelo, la canción de Feste en Twelfth night, y también It was a lover and his lass, de Como Gustéis. La canción de Ofelia la de Hamlet sonó a campanitas de agua, y hasta la Reina, la de Hamlet, hizo su aparición.

Teatro y Música, homenaje insólito, audible y elegante a don Cisne, con una concurrencia de silencio que gozó sin respirar mucho más esta vez, que toda la suma total de homenajes que le fueron asestados en el curso del año pasado recordando a Shakespeare. Este por fin se pudo dar la vuelta a gusto, en su tumba, y dormir el sueño de los justos, que después de todo, merece.

Hay que hacer notar que, el talento del joven director Gurrola, es ya apenas apresable de vez en cuando en teatro, y todo se debe a una profunda decepción que lo domina. ¿Para qué, dice, hacer teatro, para quién? Ante la indiferencia del gran público, de las autoridades, Juan José se reduce a la minoría. Ahora quiere dirigir, nada más, a Musil en Vicente y la amiga de la personalidad, a Ibsen, a Strindberg y a Shakespeare. Vuela alto porque puede y quiere. Declara que el mejor teatro del mundo es el inglés "y a éste lo hicieron los críticos: Charles Marowitz, Tom Milne, Oven Hale, etc."

Sería bueno, pues, plantearnos honestamente esta pregunta ¿qué hemos hecho en México los críticos por el teatro mexicano? ¿Este ostracismo de los jóvenes es una respuesta?