FICHA TÉCNICA



Título obra Ajuste matrimonial

Autoría Tennessee Williams

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Sergio de Bustamante, Emilia Carranza, Julia Marichal, Andrea Palma, Alberto Galán, Julieta Velasco, Carlos Navarro

Escenografía David Antón

Referencia María Luisa Mendoza, “Desajuste emocional en su apogeo”, en El Gallo Ilustrado, no 160, supl. de El Día, 18 julio 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Desajuste emocional en su apogeo

María Luisa Mendoza

La insoportabilidad de Tennessee Williams llega a su máximo cuando, además de la tenaz insistencia de los problemas sexuales que lo agobian, el director escénico subraya más aún estos mismos y los evidencia haciéndolos eminentes al grado del malestar y el agobio. Es el caso de Ajuste matrimonial, la comedia que sonriente el preocupado Tennessee –que su río se lo lleve– escribió para dar lecciones en tres horas de cómo se debe salvar la unión conyugal cargando la cruz y cuanto haya.

Aquí hay dos parejas, la una casada por interés y la otra por compulsión convaleciente. Ambas sufren horrores porque o ya les sobra el tiempo o todavía ni lo inician: caminan desparejados en esa dura senda –como dicen que es el matrimonio.

Nada más que lo que fue alguna vez gracia en el cine, en teatro se vuelve histerismo agresivo, porque en escena es muy difícil mantener a salvo una actuación con influencia del mal de San Vito. Muchas veces se ha visto naufragar una obra que plantea problemas de alcoholismo, veta fácil para un actor, pero que produce un cansancio inútilmente sufrido por el espectador. Y no se hace notar la necesidad en Sergio de Bustamante de vaciarse en el temblorín que caracteriza a su personaje, no es sólo esto, sino el rebordado, la inconsecuente manera de vivir el perfil, de una mujer tonta e hipersensible, de Emilia Carranza.

Con ella se experimenta en el primer momento una pronta e irreflexiva admiración al verla trabajar con tal ahínco la Isabel inexperta que trazara siguiendo esa senda de vesdadero odio que Williams experimenta por la mujer en general –solapada a veces, impudorosa y total otras. Pero conforme transcurre el tiempo escénico, la señorita Carranza se va haciendo digna de un tratamiento siquiátrico mayor que el que mereciera su recién adquirido marido. No es la alegría de ver sus fallas que ya se sabe van a conquistar luego al maridito, ni el contraste que Jane Fonda implicaba con su belleza turbia e irresistible, es única y exclusivamente una falta del director para medir, administrar con tacto y talento el meollo emocional de esa chica asustada y que vive el rechazo sin la lucidez que da una vida madura.

Carlos Navarro, que peca por lo general de excesiva severidad es ahora el mejor en el foro, el más consciente, el que retiene el ritmo debido por la comedia en sí, y el que sobresale. Y no sólo por la diferenciación que su papel le impone, sino por la seriedad que tanto se le agradece y de la que es totalmente responsable.

A Dimitrio Sarras se le ha guardado siempre una admiración muy grande, desde aquel su debut en México, presentando a Stella Inda. Asimismo se es consciente de su tendencia –tal vez– arrancada de Elia Kazan, su maestro- por lo prosopopéyico. Esta vitalidad suya, y sus profundos conocimientos de las reacciones humanas, funcionan en ocasiones varias cuando las lleva al teatro, pero se tornan demasiadas a veces, como ocurrió con La rosa tatuada, para nombrar alguna de sus direcciones fallidas por ampulosidad. Hoy, con Ajuste matrimonial, incurre de nuevo en el pecado de la gula, suponiendo que fuera un platillo todavía digno de servirse aquel cocinado por Tennessee.

David Antón realizó la escenografía haciendo gala de sus conocimientos, buen gusto y propiedad. Cierran el reparto Julia Marichal, Andrea Palma, Alberto Galán y Julieta Velasco, a quienes, por desgracia, ya no se les puede juzgar dado que el tercer acto no fue visto por esta cronista, la que hizo uso de su libertad para no morirse dentro de un teatro capitalino de súbita fatiga y desvelo, dado que la comedia empezó a las diez de la noche.

Se lamenta sí, y en mucho, este fracaso de una labor que merecería el aplauso por tener a tan respetables miembros trabajando en ella, pero el error empezó desde la selección de la obra, muy vista en las pantallas capitalinas y difícil de superar por sus recursos cinematográficos y la revelación total que fue la hija da Henry Fonda, muy a pesar del asunto.