FICHA TÉCNICA



Título obra Celos del aire

Autoría José López Rubio

Dirección Julián Soler

Elenco Manolo Fábregas, Pilar Mata, Arturo Soto, Carlos Cores, Silvia Pinal, Jesús Valero, Carmen Montejo, Ana María Blanch, Isabel Blanch

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Ideal

Productores Manolo Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Celos del aire de José López Rubio y presentación en el teatro Ideal de la compañía de Manolo Fábregas”, en Novedades, 7 noviembre 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Celos del aire de José López Rubio y presentación en el teatro Ideal de la compañía de Manolo Fábregas

Armando de Maria y Campos

Desde los 18 años, José López Rubio abrazó la profesión de periodista, pero la pasión suprema del autor de Celos del aire, la deliciosa comedia que eligió Manolo Fábregas para iniciar su temporada en el Ideal, está en el teatro; pasión contenida, consciente, cautelosa. López Rubio nace como autor teatral ganando el primero de los premios que en 1929 crea el diario madrileño ABC para estimular valores nuevos. La comedia que le premian se llama De la noche a la mañana, al que sigue poco después La casa de naipes, ambas en colaboración con Eduardo Ugarte y estrenadas, respectivamente, en 1929 y 1930. Durante cerca de 20 años no se asomó José López Rubio a los escenarios. A fines de 1949 la compañía del "María Guerrero" madrileño le estrenó Alberto, y casi en seguida la del Español, también de Madrid, le lleva a escena, la noche del 25 de enero del presente año, bajo la dirección de Cayetano Luca de Tena, su penúltima comedia, Celos del aire, porque la última de este autor, titulada Una madeja de seda azul celeste, permanece en espera de ser estrenada.

José López Rubio tardó quince años en escribir Celos del aire. ¿A qué se debe esa lentitud? El la explica así: "Porque nunca he querido tener prisa por nada. Creo que el haber nacido en domingo decidió mi tendencia al descanso. Necesito sentir que algo se ha cocido dentro, y entonces escribo casi como si me lo estuvieran dictando". Cuando estuvo en México, hace unos diez años, ya traía escrito el primer acto. Venía López Rubio de Hollywood, de intentar hacer cine. Una noche, en el departamento de José Crespo nos anunció a un grupo de amigos que le gustaría leernos aquel acto; no lo hizo nunca. Se marchó otra vez a Norteamérica. Después, a España. Durante mucho tiempo lo creí irremediablemente perdido para el teatro. Reaparece ahora –como se dice en jerga teatral– con su mejor producción escénica, que es también una de las más justas, inteligentes, sobrias y emotivas piezas del teatro español contemporáneo.

El mejor elogio que podría hacerse de esta pieza sería el decir que no parece de autor español. Pero sería injusto y, además, no cierto. Celos del aire es una magnífica comedia moderna, debida a un autor de cultura y sensibilidad universales. Se ha dicho que Celos del aire pudo haber sido escrita por Noel Coward, pero quien tal dijo reconoce que "hay en la armonía de su concepción y en la benevolencia de su humorismo, una claridad muy latina y una donosura muy española".

El mismo López Rubio ha salido al paso de tan meritísima insinuación. "Hay quien cree que Celos del aire tiene algún entronque con el teatro inglés. Yo creo que no. Quisiera que me demostrasen cuál de mis personajes no habla o no reacciona como español; cuál de mis temas, si bien pueden tener lugar en cualquier lugar del mundo civilizado, son imposibles en España. Nunca he situado, ni aun fuera de España, ninguna de mis comedias, ni ha aparecido en ellas un solo extranjero. Y el que me conozca puede asegurar, si me ha conocido a fondo, sin las barreras del trato social o de mi propia timidez, que soy un personaje de mis comedias. Charles Chaplin me definió una vez diciendo que yo era como un personaje de comedia de Barrie. La definición me agradó mucho, porque los personajes de Barrie suelen ser encantadores. Pero no he seguido a Barrie, ni a Coward, ni a Priestley, ni al padre de todos, Wilde. Aunque no puedo negar que es un teatro que me gusta porque coincide con mi modo de ser, y no porque me lo haya impuesto a mí mismo".

Ha confesado López Rubio que el arranque de Celos del aire, más que de algo vivido, se debe a un suceso visto vivir. De la observación de las infinitas celdillas que tienen los celos femeninos. De haber estudiado y padecido celos de mujer –ha dicho– nació el tipo de la protagonista... Después... como es natural, la comedia se escapa, se enreda por sí misma, y los celos quedan como origen del planteamiento y del juego consiguiente. No es fácil decirle al lector lo que pasa en Celos del aire, porque el valor singular de esta comedia no reside en su argumento sino en el despliegue continuo y gracioso de ingenio en torno de las infidencias conyugales, tan viejas como el amor, por lo menos. ¿Sabe el lector lo que en jerga escénica se conoce por "parejas cambiadas", tantas veces utilizadas en vodeviles y farsas de enredo?... Dos parejas de esta índole y una más formada por dos viejos que comentan y contemplan la farsa que se desarrolla ante sus ojos (sin saber que hacen de personajes de coro griego), intervienen en el enredo, de impecable construcción escénica, sembrada de aforismos de esencia psicológica y de paradojas de inducción poética que se suceden chispeantes y en un todo de despreocupada ironía, de recatado sentimentalismo. López Rubio ha logrado extraer del viejo y renovado tema de los celos un delicioso jugo humorístico que mantiene al espectador con la sonrisa a flor de labio, pero con el corazón alerta a la conmovedora lección del humano perdón, impregnada de ternura, poesía y verdad.

Desde el primer momento el público entró en situación y, ganado por el fino humor de la obra, subrayó con constantes risas el curso de la representación y aplaudió largamente al final de cada acto.

Siete son los personajes –tres matrimonios y el consabido criado de las piezas de intriga amorosa– y siete deben ser los merecidos elogios para la interpretación de la mejor calidad que obtiene por parte de la compañía del Ideal la hermosa comedia Celos del aire, dirigida eficazmente por Julián Soler, que supo graduar con singular dominio del ritmo los exquisitos matices de una acción tan fina y delicada que plantean los tres matrimonios cuyas inquietudes e intermitencias cordiales se entrelazan peligrosamente y se desatan en medio de una filosófica ternura.

Manolo Fábregas, que vio representar esta comedia en Madrid, compone su personaje con extraordinario acierto, y revela que en él ha cuajado ya un excelente actor. La pareja de ancianos halló justos y admirables intérpretes en Pilar Mata y Arturo Soto, y en Carlos Cores –galán argentino, nuevo en nuestra escena, excelente figura, clara dicción– y Silvia Pinal, en la plenitud de su primaveral belleza, la pareja formada por Bernardo e Isabel encontró admirables intérpretes. Particularmente en Silvia, que entendió y expresó con claridad la complejidad psicológica de su personaje. El veterano Valero dio, a su vez, una lección del mejor decir y del buen callar en su criado sobrio y cómico a la vez.

Carmen Montejo está excelente en su difícil y deliciosa Cristina. Vuelve de Cuba hecha una actriz de cuerpo –bello cuerpo– entero, rica en fuerte personalidad, dueña de un temperamento que traza y ejecuta sus propios conceptos por caminos propios y que impresiona como una emoción sincera que compone y traduce a su personaje en total acuerdo con su íntimo sentir. Su Cristina la consagra como una de las mejores actrices, primeras actrices de habla española. Qué espléndido porvenir el suyo; lo tiene todo: juventud, belleza, talento, vocación y temperamento. Bienvenida a la escena mexicana, al teatro español, Carmen Montejo.

Cabe destacar, finalmente, la escenografía de Julio Prieto, cuyo mérito esencial, esta vez, radica en la amplitud de espacio que supo darle al breve escenario de la "ex bombonera" de las hermanas Blanch.