FICHA TÉCNICA



Título obra Cualquier miércoles

Autoría Muriel Resnik

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Fernando Soler, Silvia Pinal, Marilú Elízaga

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Notas Inauguración del Teatro Manolo Fábregas

Referencia María Luisa Mendoza, “Manolo Fábregas da el remojo”, en El Gallo Ilustrado, no 140, supl. de El Día, 28 febrero 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Manolo Fábregas da el remojo

María Luisa Mendoza

Levantar un teatro, hacerlo, abrirlo, montar en él una obra. Larga cauda de actos en los que el amor va casado con la fe. Resumen, de pronto en cuatro paredes, de lo que un hombre se propone y logra. Manolo Fábregas, al inaugurar un teatro con su nombre, cumple una razón de ser, si antes toda su vida no hubiera sido ese proseguir metas para la dignidad del arte dramático.

El Teatro Manolo Fábregas está ahora y siempre en una frontera. Entre la colonia Santa María la Rivera y la San Rafael. Entre la dignidad y comercial. Porque allí Fábregas, su dueño, seguirá interpretando, dirigiendo, actuando él mismo, obras que son vistas por una mayoría de pronto enfrentada a la grandeza del teatro en el que apenas tiene que pensar y mucho de qué gozar.

Fábregas no ha dado a México más allá de un teatro comercial de primera línea. Más no es posible pedirle que lo supere.

Desde aquellas temporadas antológicas con Divorciémonos, El baile, etcétera en donde era Manolo alma y vida y también primerísimo actor de bien fincados talentos e inteligencias. Porque ¿cómo olvidar su profesor Higgins en Mi bella dama?... la comedia musical que lo consagró aquí y en Norteamérica y que será en la historia de nuestro teatro uno de los motivos de orgullo y perfección: presentada en Bellas Artes con la escenografía de Julio Prieto que hizo inclinarse a los técnicos decoradores de My fair lady en Broadway, con un conjunto de bailarines de inmejorable virtuosismo y sobre todo con ese Manolo Fábregas tan elegante y único en el arte de interpretar gentilmente perfiles humanos.

Ahora, en su teatro, aquel trascurrir siempre honesto, siempre impecable, siempre en pie de lucha se vuelve a su favor y un público fiel, agradecido, renovado y entendiendo ya el mejor teatro de domingo, por llamarle así, lo sigue y lo aplaude. Detrás de Manolo doña Virginia lo bendice.

Cualquier miércoles es una comedia de dos actos en la que se barajan situaciones con bastante gracia y picardía, lugares comunes trocados, vestuario, risa, parejas. Como por ejemplo Silvia Pinal en pantalones y descalza, y luego Manolo Fábregas apareciendo con igual indumentaria. Contrapuntos y acentos que –en ese tenor– van alegrando el asunto y enredando la trama para que todo vuelva a quedar en su lugar.

Escrita la obra por Muriel Resnik y pensada desde la mesa de su casa en Manhattan para los públicos numerosos y exigentes del mismo Broadway o de la calle teatrera de Londres, ambas ciudades rendidas a la moralizante anécdota de un matrimonio endeble a pesar de los años, destruido y vuelto a nacer con más fuerza gracias al florecimiento del amor a su lado. Matrimonio formado por la deliciosa, exacta y fina Marilú Elízaga que aquí hace esa dama suya que le va tan bien porque es ella misma. Baste decir que siempre que Marilú entra a escena ésta sube sostenida por sonrisa de los espectadores.

Y ni qué decir de Silvia Pinal que aquí ligerita, saltarina, infantil, primaria, bobalicona no es la Viridiana que sufre, ni ninguno de los papeles que en teatro la han hecho gran actriz... es aquí la amantita inocente a pesar de todo, riquilla y todo, enamorada y todo. Y su mantenedor nada menos que don Fernando Soler, lleno de bonhomía y simpática presencia, en lucha con su voz que es para salas más pequeñas. Cerrando el reparto magnífico Manolo Fábregas, el novio que llega y salva todo con su buena ley joven e inmaculada.

Dirección de Fábregas. Escenografía preciosa y funcional de Julio Prieto.

La recomendación para que vaya usted a que Fábregas le dé el remojo. Está de estreno. Vaya usted y respalde con su presencia una obra humana que merece por muchos y propios méritos el homenaje de cada mexicano.