FICHA TÉCNICA



Notas La autora reseña el libro Medio siglo de teatro mexicano, de Antonio Magaña Esquivel

Referencia María Luisa Mendoza, “Medio siglo en carretela con Magaña Esquivel”, en El Gallo Ilustrado, no 138, supl. de El Día, 14 febrero 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Medio siglo en carretela con Magaña Esquivel

María Luisa Mendoza

De pronto ya es primavera y estallaron las luces amarillas tan de prisa que siguen floreciendo al anochecer y brillan en la madrugada como si estuvieran naciendo, luz tras luz, minuto a minuto cada vez más. De pronto ya es el calor y el tiempo se entibia como un querer preparar al hombre a gozarlo hasta en la sombra y a sudarlo; y el hombre quiere pensar en cómo se acaloró alguna vez y no lo puede lograr porque el calor y el frío, como el amor y el dolor, son siempre diferentes. Sus señas descriptivas, se atienen inevitables a la circunstancia y a veces el calor es el más alto de una vida: en un pedazo perdido veracruzano y a veces el dolor más absoluto es el que se sufre cuando alguien, lejano, perdió a un perro que ni siquiera se conoció.

Todo esto poco tiene qué ver con Medio siglo de teatro mexicano que escribiera empolvándose y desempolvándose Antonio Magaña Esquivel, ese erudito teatrófilo que inauguró la generación de los yucatecos que vinieron al Distrito Federal y a los que no se les nota lo maya (otros iguales a él en esa especialidad de internacionales son los hermanos García Ponce, también muy aficionados al teatro de vanguardia, yucatecos los dos a más no poder, para rabia de sus detractores).

Magaña Esquivel empieza por meter la mano al fuego del "género chico", esa preciosidad tan al modo pitiminí de los fines de siglo y comienzo del que soportamos. Va sacando con mucho cuidado y aunque sea enseñanza un tanto repetitiva, los propósitos nacionalistas y los impulsos populares, el colorido y el sabor local de sainetes líricos y zarzuelas mexicanas, como El manicomio de cuerdos (1890) y La vivienda de la Purísima, de Eduardo Macedo y Arbeu, para usar sus mismas palabras.

Con él se pasea el lector en carretela, va la hacienda y ve En la hacienda, (de Federico Carlos Kegel con música de Roberto Contreras, que se estrenó en Guadalajara en 1907 y ese mismo año llegó al escenario del popular Teatro María Guerrero, de la ciudad de México) al amo malvado y al sufrido peón, al clásico muchacho bien que viola a la indita y por el estilo, esas cosas con las que la Revolución iba a acabar muy pronto aflorando de la tierra como un inmenso maguey hiriente y preñado.

Y vemos también a los famosos siete autores que surgen después de la temporada que ofrece Camila Quiroga, la actriz argentina que vino por 1922 invitada de José Vasconcelos, y que enseñó, entre otras conquistas, a hablar en escena sin pronunciar la ce y la zeta, paso valiente que hicieron numeroso y definitivo Virginia Fábregas, Mercedes Navarro, Paz Villegas, María Tereza Montoya, Ricardo Mutio, Fernando Soler –“los de mayor arraigo en el público, los más eminentes”.

El Teatro de Ahora hace su aparición en 1932, fundado por Mauricio Magdaleno y Juan Bustillo Oro, con su tendencia realista y política: Emiliano Zapata, Pánuco 132, de Magdaleno, y Tiburón, Los que Vuelven, de Oro. Luego el estudioso Magaña escribe largamente sobre el Teatro de Ulises “una secta inesperada, una especie de sociedad secreta, con el mismo espíritu de las órdenes monásticas, sostenida por un pacto de conformidad y cultura, surge aislada y representa el papel de precursora de este aún inconcluso drama de la renovación teatral...” Sigue con Escolares del Teatro, transición, de Julio Bracho (1931). Teatro de Orientación (1932). Trabajadores del Teatro (1933), Compañía Dramática Andrea Palma (1936). Teatro de la Universidad (1936). Teatro Orientación (1938).

Magaña toca ampliamente el teatro infantil, el guiñol, el que produce el Palacio de Bellas Artes, las temporadas de la Unión Nacional de Autores y de La Universidad hasta la fecha. Lo único que se le escapa, o no quiso tomar en cuenta, es el teatro que ha realizado el Seguro Social desde el sexenio pasado. Tal vez el acucioso Magaña Esquivel esté preparando otro libro al respecto con tan valiosa y ahora imprescindible información para el teatrófilo. Por lo pronto, este paseo por medio siglo, vale la pena emprenderlo, es mucho más interesante que un viaje a la luna en diez minutos.