FICHA TÉCNICA



Título obra Adiós, Goodbye, Sayonara...

Autoría Miguel Mihura

Dirección Luis de Llano

Elenco Kippy Casado, León Michel, Eva Calvo, Guillermo Orea

Escenografía David Antón

Referencia María Luisa Mendoza, “¡Milagro! De España llegó una obra teatral que no es de Paso”, en El Gallo Ilustrado, no 135, supl. de El Día, 24 enero 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡Milagro!, de España llegó una obra teatral que no es de Paso...

María Luisa Mendoza

Hacia mucho que uno de Mihura no salía al ruedo, como en los toros de esta temporada que dicen que han estado muy malitos, los pobres, porque no se dejan matar bien. Uno de Mihura Miguel, al teatro de México. Porque aquí, nada más de España ponen Paso y Paso. Y Mihura es muy respetable desde una obrita suya que se escenificó precisamente en un teatro que se llamaba Arena, para seguir muy taurófilos, y que tuvo mucho éxito en su tiempo frente a Cristóbal Colón como correspondía. Mihura pues hoy, importado, contando cosas menos graciosas de lo que se esperaba acerca de Las entretenidas. En Madrid probablemente con ese título se habrá conocido la comedia, aquí más pudibundos que los del oso, la presentan como Adiós, Goodby, Sayonara... Tres despedidas y tres pantalones de distinto color en las piernas de la protagonista que dice en tres idiomas hasta la despedida.

Actualmente el teatro ha tomado un nuevo matiz que antes de que llegara la televisión no tenía, un ritmo especial, un cierto carácter en el desplazamiento de los actores, en la manera de hablar, en el estilo de dirigir. Es teatro de televisión humildemente en teatro, a diferencia de cuando la TV se engalana con el teatro deveras, que es rara vez. Entonces el elenco, el director y todo cuanto rodea a la temporada como la actual de Adiós, etcétera, tiene el aval de la popularidad electrónica y es atendida por un público que se cambia de su asiento hogareño a la butaca teatral, lo cual lo llena de emoción como una aventura nueva parecida a la de Gagarin o algo por el estilo. Pueden ver de cerca a sus ídolos, a Kippy Casado vestida del modo más intolerable para el buen gusto y con una dicción terrible aunada a una incultura gramatical básica (como aumentar una ese a los verbos en pasado –comprastes, cargastes, entre otras linduras que producen a dos o tres verdaderas urticarias). Mirar a su anunciador consentido: León Michel debutando: buen mozo, espontáneo, fácil de dominar las tablas, pero con un incipiente peligrosísimo vicio escénico: la vista baja continuamente lo cual lo hace parecer ciego, el pobre..., tal vez extrañe el luceron de los reflectores, pero eso, lo que él hace, en teatro serio es inaceptable ¿por qué no se lo diría su director?). Tocar así –seguimos con el público teleteatrovidente– a Eva Calvo, que es archisimpática y con una gracia innegable, la cual forma con Guillermo Orea una pareja formidable y la mejor de la noche, la mejor de la ganadería de Mihura.

Para Guillermo Orea, no obstante, algunas observaciones: Orea proviene del teatro absolutamente. Es un inteligente y estudioso actor de carácter. Muchos les molesta una cierta repetición en sus actuaciones que aun así todavía mantienen la frescura del talento intocado, la derrochadora ironía del que sabe hacer reír porque está sacando la carcajada con la cabeza y con el corazón. Pero Orea no debe desperdiciarse en obviedades como la presente pieza porque entonces sí, ese insistir en "gags" todavía de buena ley, esa bonhomía, ese chiste desde el físico tan propio para la burla, se vendrán abajo. Hubo escenas enteras en que sólo el talento de Orea salvó la situación de frases tontas y dirección lenta.

Luis de Llano tiene a su cargo la marcha directriz, y es casi ilógico que no fuera él el encargado de esto ya que la televisión en lleno estaba entre el público. Luis de Llano que se concretó a dejar caer aquí y allá algunas migas de originalidad y a desperdiciar en su total amplitud el tiempo –que tampoco podía usar mejor con obra de tal valor milimétrico. Para sus propósitos de pura diversión y obviedad, uno se pregunta por qué diablos no escoge Luis de Llano una obra de autor mexicano. Que sobran. Obras menores, mediocres y para puro hacer reír hay de más donde sea. ¿Por qué si él vive en México y ha hecho su carrera en México no lleva a escena una obra escrita por autor mexicano? La dramaturgia mexicana tiene obras que nos honran como perfectas. Pero también tiene una buena tirada de bobas y sanas colecciones de escenas dialogadas que ni mandadas hacer para las intenciones de De Llano. Pero por lo visto todo es inútil con los españoles de origen: siguen viviendo en España.

La escenografía de David Antón es graciosa también y sin tacha para el efecto.