FICHA TÉCNICA



Notas La autora hace una semblanza del poeta y dramaturgo T. S. Eliot, a propósito de su muerte el 4 de enero de 1965

Referencia María Luisa Mendoza, “Eliot bajo la parda niebla...”, en El Gallo Ilustrado, no 134, supl. de El Día, 17 enero 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Eliot bajo la parda niebla...

María Luisa Mendoza

“Una cosa tan sólo me importa: que el reloj no se pare en lo oscuro...” Reunión de Familia.
T.S. Eliot

El mundo de Thomas Stearns Eliot se detuvo con sus primos marqueses y archiduques, con Madame Sosostris, la famosa pitonisa curándose el mal catarro aun cuando se la consideraba la mujer más sabia de Europa; con sus jacintos y sus cortos suspiros desde la calle King William hasta Santa María Woolnoth y su novena campanada. El mundo de cupidos dorados y candelabros de siete brazos, de joyas brillosas y redomadas de marfil y cristal polícromo. Su mundo de chimeneas y ese aire shakesperiano tan elegante y tan inteligente que a veces traía a las Euménides cargado a Esquilo y a Eurípides.

Nueve años hace –nueve campanadas– que un ataque cardiaco le avisó, a bordo del Queen Mary, que ya se iba a morir. Primera llamada entre el té y las pastas que le asaba Pamela. "Dense prisa por favor ya es hora", se dijo él mismo y escribió Una partida de ajedrez que es poema capital. Nacido en San Louis Missouri, entre la luz del quinqué de 1888. Estudiante en Harvard. Viajero en Alemania. Maestro de francés, latín, matemáticas, dibujo, natación, geografía, historia y baseball en la Highgate School de Londres. Banquero. Dando la espalda a su país natal se naturalizó naturalmente inglés y dirigió la revista The egoist que vivió y murió con él. Con La tierra baldía inició la vanguardia la poesía contemporánea. "Anglocatólico en religión, monárquico en política y clásico en literatura". Premio Nobel en 1949.

En el teatro sobresalió como ninguno y no sólo en las minorías. Su búsqueda del verso dramático, de lenguaje rítmico que arribara al auditorio sin obligar a éste a poseerlo por el ropaje ajeno y el ambiente lejano, le trajo consigo la fama porque revivió la poesía dramática en Inglaterra. Eliot y Christophe Fry son los grandes en el género escénico de la palabra rimada en inglés.

Eliot se inició en el teatro desde siempre: gran escritor de ensayos sobre el mismo nunca lo dejó de lado aunque aparentemente estuviera dedicado sólo a la poesía. En 1930 escribió su primer drama poético o poema dramático titulado Sweeney agonistes y lo dio a conocer en la revista que él dirigía también: Criterion. Harvard, Oxford y la Sorbona, sus tres fuentes culturales lo convirtieron en un hombre absoluto de mundo. Alto, flaco, hacia la distinguida línea encorvada, director de la editorial Faber y Faber, eran sus puntos descriptivos cada vez que de él se reponía su obra magistral Asesinato en la catedral, sobre la muerte de Thomas Becket.

En 1934 escribió para la Diócesis de Londres una obra titulada La roca: un desfile histórico en forma dramática, que al ser escenificada con coros enmascarados produjo conmoción y la seguridad de ser el origen del drama nuevo. Por eso, al año siguiente, Asesinato en la catedral, escrito para el festival anual de la Catedral Metropolitana de Inglaterra vino a refrendar los frutos que de tan gran poeta y dramaturgo se esperaban. Fue estrenada en Londres en 1935 y duró en escena un año entero para pasar a otro teatro que resistió de pie y con público la abdicación del rey Eduardo VIII. Eliot, poeta cubierto y nacido en la sensibilidad, supo percibir el drama del arzobispo de Canterbury en 1170, su entrega y sacrificio, su absolutismo en la fe y la convicción, su martirio, y lo dio entero en Asesinato, que es ya a la fecha obra clásica y maestra, conocida universalmente.

Reunión de familia y Cocktail Party muestra todavía en el deslumbramiento la habilidad dramática de Eliot y su preciosa influencia clásica volcada en las tramas de ambas piezas, la una alrededor de la familia de campo que ve derrumbarse sus ambiciones y esperanzas de continuidad en el primogénito, y la otra girando a su vez ante un invitado misterioso, un Alcestes moderno que toma cocktailes y resuelve problemas humanos.

Eliot es ya "un cadáver plantado el año pasado en el jardín, ¿ha empezado a germinar? ¿florecerá este año? ¿no turba su lecho la súbita escarcha?"... Ha muerto "bajo la parda niebla del amanecer invernal".

El teatro del mundo está de luto.