FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre y su máscara

Autoría Margarita Urueta

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Carlos Ancira, María Teresa Rivas, Xavier Marc, Mercedes Carreño

Referencia María Luisa Mendoza, “Peer Gynt y las mortificaciones de un payaso”, en El Gallo Ilustrado, no 130, supl. de El Día, 20 diciembre 1964, p. 4.




Título obra Peer Gynt

Autoría Henrik Ibsen

Dirección José Solé

Elenco José Gálvez, Alicia Montoya

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia María Luisa Mendoza, “Peer Gynt y las mortificaciones de un payaso”, en El Gallo Ilustrado, no 130, supl. de El Día, 20 diciembre 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Peer Gynt y las mortificaciones de un payaso

María Luisa Mendoza

Peer Gynt cerró un ciclo de varios años teatrales del Seguro Social. Peer Gynt una de las obras más terribles en dificultad y fantasía, más largas y alucinantes, más cargadas de magia y responsabilidad. Drama que exige una maquinaria escénica de primera línea, un alud de imaginación y el entrelazamiento de lo blanco y lo negro, de lo obscuro y lo brillante para dar el resultado requerido. Estrenada en el Teatro de Cristianía, en la Noruega helada donde naciera su autor, una noche de febrero de 1876, bajo la modalidad de ópera con música de Edvard Grieg. Su éxito fue de apoteosis y también sus fracasos en otros lugares en donde no fue perfectamente entendida la obra, como es el caso en el Teatro del Estado de Oslo, hace catorce años, con una partitura del compositor Sdevernd, muy discutido.

Cinco actos tiene Peer Gynt y aquí fueron reducido a un par de respetables extensiones en tiempo y parrafadas, en cambios de decorado –rapidísimas las mutaciones, magníficos momentos escenográficos, como la boda y el paso de Gynt por un manicomio. Lo que ocurrió en el escenario del teatro Hidalgo, si hemos de darle crédito a Rafael Solana, que vio Peer Gynt en Londres con la compañía Old Vic, es superior, en el primer acto a lo que él atestiguó. Si nos reducimos a nuestros escasos conocimientos del teatro extranjero; limitados éstos a las compañías que el INBA ha traído, cosa nunca agradecida a su tamaño natural, Peer Gynt, aquí fue mortalmente aburrido.

Ibsen se propuso mostrar el camino duro y egoísta que un hombre puede escoger en cierto momento por ambición y su final de gran soledad, sin frutos, agobiado por las responsabilidades creadas ya que no hay un acto humano que se cometa impunemente. José Solé, el director, nos ofreció un protagonista alegre, simpatiquísimo y que nos arrastra a darle la razón en todos sus actos aunque lo veamos morir con las manos vacías y sin un solo verdadero amor. Peer Gynt lo vivió José Gálvez poniendo mil voluntades de su parte y luchando con una afonía malhechora que le sobrevino intempestivamente. La angustia suya nos la devolvió en mucho, y su actuación se vio mermada por esta molestímo impedimento. Con él brilló Alicia Montoya. Y el resto del elenco, trabajando en felicitable equipo, cumplió ese cometido ibseniano que lleva al espectador a la costa de Marruecos, al Sahara, a El Cairo, a un naufragio y por fin a las montañosas atmósferas que dejara al principio el inquieto Peer picado por la mosca del turismo y la aventura. Es una especie de Marco Polo, aquel personaje que abriera el telón del teatro Xola y del que es mejor no acordarse en bien de O’Neill. Curiosamente las actividades dramáticas del Seguro Social se cierran con dos extremos parecidos, y fallidos, a pesar de la escenografía de Julio Prieto, de la buena voluntad de José Solé y de una labor digna y ejemplar de cuantos tomaron parte.

El hombre y su máscara

Margarita Urueta retorna a las tablas como autora, después de aquel su Señor Perro, encantador por cierto. Ahora con una pieza en tres actos en la que intenta atrapar el subconsciente de varios personajes familiares a la vida de un payaso triste –como todo payaso que se respete– Muy interesante es el planteamiento de la señora Urueta, su estructura novedosa que permite en cierto momento jugar con la realidad y la imaginación, con la verdad y la loca de la casa recordando o proyectando.

Alejandro tomó la obra en sus manos y le dio el ritmo rápido requerido, el vuelo pues, lo intangible, sin lograr por ello salvar las obviedades de algunas escenas y la carencia de curiosidad que la vida del niño consentido, castrado por su madre y sin voluntad propia, puedan tener. En sí, Margarita contó algo que es común y Alexandro lo hizo palpitar. Algo común igual a muchas otras existencias comunes que casi se vacían en el sentimetalismo fácil victimas de lo que se llama “destino” y que no es otra cosa que la falta de energía, valor, para hacerlo como se desea, propio y bello, grande y sin esa melancólica tristeza obvia del “clown” para chiquillos. Llega un momento en que lo que esté detrás del payaso ya no importa, ni siquiera si se llama Garrik.

Carlos Ancira se queda en el intento de darle grandeza a rasgos desabridos de su Alain. Preciosa María Tereza Rivas sobresale en su profesionalismo y ternura. Bien Xavier Marc y Mercedes Carreño.