FICHA TÉCNICA



Título obra Agonía de una rosa

Autoría William Inge

Dirección Xavier Rojas

Elenco María Teresa Rivas, Carlos Navarro, Elda Peralta, Felipe Santander, Julia Baker, Jaime Cortés, Arturo Rossen

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia María Luisa Mendoza, “Come Back Little Inge and Taylor”, en El Gallo Ilustrado, no 122, supl. de El Día, 25 octubre 1964, p. 4.




Título obra Bibí

Autoría Samuel Taylor

Notas de autoría Horacio Basáñez / traducción

Dirección Jorge Landeta

Elenco Begoña Palacios, Gloria Marín, Víctor Alcocer, Guillermo Murray, Tito Junco, Rodolfo Magaña, Fernando Luján

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Insurgentes

Referencia María Luisa Mendoza, “Come Back Little Inge and Taylor”, en El Gallo Ilustrado, no 122, supl. de El Día, 25 octubre 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Come Back Little Inge and Taylor

María Luisa Mendoza

El Granero está tan “caliente”, tan visto, tan querido por el público de teatro, que es una gallinita ya de huevos de oro, bien cuidada y comida. Allí se lanzaron unos jóvenes a fincar teatro en cooperativa, presentando Agonía de una rosa que es original de William Inge (autor de Bus Stop y Come Back Little Sheva –para citar sólo sus dos mejores obras). Y si supieron ellos, los de la compañía, escoger buen lugar para presentarse, en cambio la comedia seleccionada es de tono menor, de hilos sin atar, descuidada en su dramatismo y reflejando muchas tendencias del teatro norteamericano, sin cuajarlas, hacerlas tan buenamente pesadas y tangibles como muchos otros que no viene al caso traer.

Agonía de una rosa gira alrededor de una linda muchacha pervertida por ignorancia, necesidad, soledad, medio ambiente. El contacto con la pureza, la bondad, la hace creer de nuevo en lo positivo, para quedarse más vacía que nunca después de la verdad. Esto planteado y resuelto en tres actos dirigidos por Xavier Rojas con buen ritmo, movimiento e imaginación, e interpretado por María Teresa Rivas, Carlos Navarro, Elda Peralta y Felipe Santander. La primera excelente, muy seguro el segundo: leal con el personaje; y por fin los dos últimos luchando con sus tipos que ni encajan exactamente porque ella tiene demasiada belleza, seguridad, para una ingenuidad que no plasma, y él también se excede en edad para hacer imposible una diferencia, una distancia de nacencias.

Así pues lo más importante en esta rosa es el funcionamiento de la cooperativa, la cual ha dado buenos frutos y siembra un precedente de respeto y dignidad entre la gente de teatro.

Julia Baker, Jaime Cortés y Arturo Rossen son también calificados actores y cooperativistas.

Bibi

Por allá por el cincuenta y tantos, triunfó en Broadway la comedia Happy Time que aquí se lleva a escena como Bibi, que es el nombre cariñoso que le dan al protagonista, un niño que toca ya la adolescencia y vive la bella edad blanca en donde florecen los primeros botones de amor, y esas cosas.

La obrita, de Samuel Taylor ya empieza a resquebrajarse un tanto y a quedar en la bobería de una ternura pasadona, no obstante, a un público de buena voluntad, familiar y con ánimo de divertirse sabatinamente sin pecado original, es aún efectiva y alegre.

Traducida con exactitud y bastante seguridad puesto que el uso del sí en francés habría podido ser un obstáculo, Horacio Basáñez lo vuelve motivo de risa, acento local de identificación y selectividad, es dirigida por Jorge Landeta con visibles faltas de cuidado sobre todo en el vestuario. Las damas, señoras y señoritas de la década de los Veintes, ninguna lleva la encantadora ropa propia de esos alegres tiempos, perdiendo con ello la oportunidad de lucir aún más y regalar al público la ironía de las viejas modas. Y es una lástima, el espectador se lamenta de ello continuamente al ver a Gloria Marín con un atuendo totalmente mexicano, una manera de vivir en Otawa, Canadá, con chales y blusitas de Querétaro. A lo anacrónico del dibujo de su personaje, se une el abrigo y el vestido de Begoña Palacios, comprado hace un mes en Macy's, sin duda. Son los señores quienes están mejor, a pesar de que Víctor Alcocer parece también personaje de un drama de Sergio Magaña.

Gloria Marín –haciendo caso omiso de la ropa– es una actriz dignísima, severa, gentil y dulce. Aquí se encuentra de brazos abiertos con la tibieza de una casera esposa apenas sacudida por algunas mortificaciones. Begoña Palacios reaparece y está deliciosa, segura de sí misma, linda en toda la extensión de la palabra, tanto como jovencita, como actriz naturalísima. Por su lado el niño Rodolfo Magaña se echa a la bolsa al público (público de estreno invitado por las Damas Israelitas, y que se apresuró a ganar localidad en maratón, olvidando a críticos e interesados en el asunto). Muy bien Guillermo Murray y hasta Tito Junco.

Quien se lleva las palmas merecidísimas es Fernando Luján, gracias a su comicidad de buena sepa, de honorable herencia, a su estupendo modo de actuar, este joven es ya necesario en cualquier papel de responsabilidad hilarante.

Landeta dirige atingentemente aunque con ritmo desigual, y Toño López Mancera realiza la escenografía muy bonita aunque tal vez demasiado colorida.